En 1965, medio mundo cantaba con la película 'La novicia rebelde' sin saber que el final feliz de la familia Von Trapp había ocurrido, de verdad, en este pequeño pueblo de Vermont. Pero la historia de Stowe empieza mucho antes de los Alpes de celuloide: con un pueblo indígena, unos colonos madereros y un noruego que se atrevió a tirarse montaña abajo con dos tablas en los pies. Vamos al principio.
Mucho antes de la llegada de los colonos europeos, la región de las Montañas Verdes (Green Mountains) del actual Vermont era territorio de los abenaki, un pueblo de lengua algonquina perteneciente a la confederación wabanaki, cuyo nombre suele asociarse a la idea de 'pueblo del amanecer' por su ubicación en el nororiente del continente. Los abenaki habitaban y recorrían los valles, ríos y bosques de Vermont, viviendo de la caza, la pesca, la recolección y algo de agricultura, en armonía con el ritmo de las estaciones.
La zona del valle al pie del Mount Mansfield, donde hoy se asienta Stowe, formaba parte de ese paisaje habitado y conocido. Las montañas, los bosques de arces y coníferas y los cursos de agua que hoy atraen a senderistas y esquiadores eran territorio de caza y de paso para los abenaki, que conocían bien sus recursos. El propio nombre del estado, 'Vermont', deriva del francés 'verts monts' ('montes verdes'), aludiendo a esas montañas boscosas.
La colonización europea, primero con la presencia francesa y luego con el avance de los colonos ingleses de Nueva Inglaterra, trajo enfermedades, conflictos y la pérdida progresiva de las tierras abenaki. Pese a ello, el pueblo abenaki no desapareció: conserva su identidad y su presencia en Vermont y la región. Reconocer esta historia previa es parte de entender que la relación humana con las Montañas Verdes y con el valle de Stowe empezó mucho antes de que llegaran los primeros colonos con sus hachas y sus granjas.
La colonización europea del valle de Stowe se enmarca en la expansión de los colonos de Nueva Inglaterra hacia el interior montañoso de Vermont a mediados y fines del siglo XVIII. La localidad de Stowe fue constituida (chartered) hacia 1763, en la época en que el territorio que luego sería Vermont era objeto de disputa entre las colonias vecinas. Los primeros pobladores llegaron algo después y comenzaron la dura tarea de desmontar el bosque, abrir granjas y construir un asentamiento en aquel entorno de montaña.
Durante el siglo XIX, Stowe fue un tranquilo pueblo rural de Vermont, dedicado sobre todo a la agricultura (con la ganadería, los cultivos y la producción de jarabe de arce a partir de la savia de los arces, una actividad tradicional de la región) y al aprovechamiento de la madera de sus bosques. Como tantos pueblos de Nueva Inglaterra, fue desarrollando su centro en torno a una iglesia de campanario blanco —la actual Stowe Community Church se convertiría en su símbolo— y un puñado de comercios y casas, en una vida pausada marcada por las estaciones y el clima riguroso de la montaña.
El Mount Mansfield, la montaña más alta de Vermont que domina el valle, era ya entonces un punto de referencia y de cierta atracción. Pero la vocación turística del pueblo aún no había nacido del todo. Stowe era, ante todo, una comunidad agrícola y maderera, con la belleza de su entorno como telón de fondo de una vida de trabajo. Esa identidad de pueblo tradicional de Vermont, con su iglesia blanca, sus granjas y su jarabe de arce, sigue siendo parte esencial del carácter de Stowe, incluso después de su transformación en destino turístico.
Hacia fines del siglo XIX, Stowe empezó a transformarse lentamente de pueblo agrícola en lugar de atracción turística, siguiendo una tendencia que vivían otras zonas montañosas de Nueva Inglaterra. El aire puro de la montaña, las vistas y la imponente presencia del Mount Mansfield comenzaron a atraer a veraneantes que buscaban escapar del calor y el bullicio de las ciudades y disfrutar de la naturaleza. La montaña más alta de Vermont se convirtió en un objetivo para excursionistas y curiosos.
Para dar servicio a estos primeros visitantes, se construyeron hoteles y se mejoró el acceso a la montaña. Llegó a haber un hotel en lo alto del Mount Mansfield y un camino (la 'Toll Road') que permitía subir hacia la cumbre para contemplar las vistas, en una época en que la ascensión a las montañas como actividad recreativa estaba de moda entre las clases acomodadas. Stowe empezó así a sumar a su economía agrícola una incipiente actividad turística de verano.
Este turismo de montaña de fines del siglo XIX y comienzos del XX sentó las bases de lo que vendría después. Aunque todavía era una actividad estacional y limitada, mostró el enorme potencial de Stowe y su entorno como destino de naturaleza. La verdadera revolución, sin embargo, llegaría con un deporte que cambiaría para siempre el destino del pueblo y de tantas localidades de montaña: el esquí, que en las décadas siguientes convertiría a Stowe en un nombre célebre.
La gran transformación de Stowe llegó con el esquí, en las décadas de 1930 y 1940. El esquí alpino, que ganaba popularidad en Estados Unidos, encontró en el Mount Mansfield y en el entorno de Stowe condiciones ideales: buena nieve, terreno variado y la cercanía relativa a las ciudades del noreste. En esos años se abrieron las primeras pistas y se instalaron los primeros remontes mecánicos del país en la zona, en el marco del entusiasmo pionero por el nuevo deporte.
Stowe se convirtió rápidamente en uno de los grandes pioneros y capitales del esquí del este de Estados Unidos, ganándose el apodo de 'Ski Capital of the East' (la Capital del Esquí del Este). La construcción de infraestructura —telesillas, pistas, escuelas de esquí, posadas para los esquiadores— y la fama creciente atrajeron a multitudes de aficionados, transformando la economía y la vida del antiguo pueblo agrícola. El terreno desafiante del Mount Mansfield, con sus pistas empinadas, sumó prestigio entre los esquiadores más exigentes.
Aquel impulso fundacional convirtió al esquí en el corazón de la identidad turística de Stowe, una condición que mantiene hasta hoy con el moderno Stowe Mountain Resort. El pueblo combinó su encanto tradicional de Nueva Inglaterra —la iglesia blanca, las posadas, las granjas— con la energía del deporte de montaña, creando esa mezcla particular que sigue atrayendo a los visitantes. Stowe fue, en buena medida, una de las cunas del esquí estadounidense en el este, y esa historia pionera forma parte de su orgullo.
Uno de los capítulos más célebres y entrañables de la historia de Stowe es la llegada de la familia Von Trapp. Se trata de la familia austríaca de cantantes cuya historia —su vida musical y su huida de la Austria anexada por la Alemania nazi en 1938— inspiró el famoso musical y la posterior película 'La novicia rebelde' ('The Sound of Music'), una de las más queridas de la historia del cine. Tras emigrar a Estados Unidos y recorrer el país dando conciertos, la familia buscaba un lugar donde establecerse.
En 1942, los Von Trapp eligieron Stowe. El motivo, según la tradición, fue que el paisaje de montaña del valle, con el Mount Mansfield y las Green Mountains, les recordaba a su Austria natal y a los Alpes que habían dejado atrás. Compraron una propiedad en una colina con magníficas vistas sobre el valle y, con el tiempo, abrieron un alojamiento de montaña de estilo alpino-austríaco que sería el origen de la actual Trapp Family Lodge, un lugar que combina la hospitalidad de montaña con la historia de la familia.
La presencia de los Von Trapp dio a Stowe un atractivo y una fama añadidos, ligando el pueblo a una de las historias más conocidas del mundo. La Trapp Family Lodge se convirtió en una institución de Stowe: pionera también del esquí de fondo (esquí nórdico) en Estados Unidos, hoy es un resort con senderos, vistas y hasta una cervecería de estilo austríaco. La historia de la familia que escapó de los nazis y encontró en las montañas de Vermont un nuevo hogar es parte inseparable del relato de Stowe.
A lo largo de la segunda mitad del siglo XX y comienzos del XXI, Stowe consolidó y diversificó su condición de destino turístico, evolucionando desde la fama puramente invernal del esquí hacia un atractivo de las cuatro estaciones. El esquí sigue siendo el corazón de su temporada alta de invierno, con el moderno Stowe Mountain Resort —que con los años renovó su infraestructura y desarrolló la zona base de Spruce Peak como un animado pueblo-resort—, pero el pueblo aprendió a brillar también el resto del año.
El otoño se convirtió en una de las grandes temporadas de Stowe gracias al espectáculo del follaje de Vermont, considerado de los más bellos de Estados Unidos, que atrae a multitudes de 'leaf peepers' (admiradores de las hojas otoñales) a recorrer las montañas y los caminos. El verano sumó el senderismo, el ciclismo (con el Stowe Recreation Path), las cascadas y las actividades al aire libre en un clima fresco y verde. Y todo el año, el pueblo ofrece su encanto tradicional, sus posadas, sus spas y la creciente fama gastronómica y artesanal de Vermont —el jarabe de arce, los quesos, las sidras, las cervezas artesanales y el helado—.
Hoy, Stowe es uno de los destinos de montaña más queridos del este de Estados Unidos, capaz de combinar su identidad de pueblo tradicional de Vermont (la iglesia blanca, las granjas, la hospitalidad) con la de centro turístico moderno. La historia de Stowe —de los abenaki al pueblo agrícola, del auge pionero del esquí a la familia Von Trapp, y de allí al destino de las cuatro estaciones— se refleja en ese paisaje de montañas verdes que cambia de color con cada estación y que sigue enamorando a quienes lo visitan.