El 13 de junio de 1691, día de San Antonio de Padua, una expedición española sedienta cruzó el sur de Texas y se topó con algo que cambiaría el destino de la región: un río de agua clara y manantiales borboteando en medio del semiárido. Le pusieron el nombre del santo del día. De ese golpe de suerte cartográfico nació, con los años, una de las ciudades con más alma de Estados Unidos.
Pero mucho antes de esa expedición, la región del río San Antonio ya estaba habitada desde hacía miles de años por pueblos indígenas, en especial los coahuiltecos, grupos cazadores-recolectores que vivían a orillas del río y sus manantiales, una fuente de agua vital en aquella tierra reseca. Para ellos, esos ojos de agua eran sagrados.
Los españoles llegaron a la zona en sus expediciones desde el virreinato de Nueva España. Aquella expedición de 1691 —encabezada por Domingo Terán de los Ríos y el padre franciscano Damián Massanet— fue la que acampó junto al río el día de la festividad de San Antonio de Padua y le dio ese nombre tanto al río como, más tarde, a la villa que allí crecería.
Durante décadas la corona española consideró estratégico afianzar su presencia en Texas, en parte para frenar el avance francés desde Luisiana. El emplazamiento de San Antonio, con agua abundante y a mitad de camino entre el río Grande y las misiones del este de Texas, resultó ideal para fundar un asentamiento permanente que combinara misiones religiosas, un presidio militar y, después, una villa civil.
El año fundacional de San Antonio es 1718. Ese año, el fraile franciscano Antonio de San Buenaventura y Olivares fundó la Misión San Antonio de Valero —la que con el tiempo se conocería como el Álamo— y, casi simultáneamente, el gobernador Martín de Alarcón estableció el Presidio de San Antonio de Béxar, una guarnición militar. Misión y presidio fueron el núcleo de la futura ciudad.
En las décadas siguientes, los franciscanos levantaron a lo largo del río otras cuatro misiones: Concepción, San José (la más grande y mejor conservada), San Juan Capistrano y San Francisco de la Espada. Eran complejos autosuficientes donde los frailes buscaban convertir y 'reducir' a los pueblos indígenas, que aportaban la mano de obra para la agricultura, la ganadería y la construcción, mediante un sistema de acequias para regar los campos. Hoy esas misiones, junto al Álamo, son Patrimonio Mundial de la Unesco.
En 1731 llegó un grupo de colonos enviados desde las Islas Canarias, que fundaron la Villa de San Fernando de Béxar, el primer gobierno civil organizado de Texas, y comenzaron a construir la iglesia que sería la actual Catedral de San Fernando. Con misión, presidio y villa, San Antonio se consolidó como el centro español más importante de la provincia de Texas durante el resto del período colonial.
Tras la independencia de México en 1821, San Antonio quedó dentro del nuevo país. Pronto, sin embargo, crecieron las tensiones entre el gobierno mexicano centralista de Antonio López de Santa Anna y los colonos de Texas (muchos angloamericanos, pero también tejanos), que reclamaban mayor autonomía. En 1835 estalló la Revolución de Texas.
En febrero-marzo de 1836, la antigua misión de San Antonio de Valero —el Álamo, ya entonces una fortificación— se convirtió en escenario de una de las batallas más legendarias de la historia de Estados Unidos. Una guarnición de unos 180 a 250 defensores texanos, entre ellos figuras célebres como William Travis, James Bowie y el famoso pionero Davy Crockett, resistió durante trece días el asedio de un ejército mexicano mucho más numeroso comandado por Santa Anna.
El 6 de marzo de 1836, las tropas mexicanas tomaron el Álamo por asalto y prácticamente todos los defensores murieron. Aunque fue una derrota militar, el sacrificio se convirtió en un poderoso símbolo. El grito '¡Recuerden el Álamo!' (Remember the Alamo!) galvanizó a las fuerzas texanas, que pocas semanas después, el 21 de abril de 1836, derrotaron y capturaron a Santa Anna en la Batalla de San Jacinto, asegurando la independencia de Texas, que se convirtió en república. En 1845, Texas se incorporó a Estados Unidos.
Tras la anexión a Estados Unidos y la guerra entre EE.UU. y México (1846-1848), San Antonio creció como punto clave de la frontera y centro comercial y ganadero. La llegada del ferrocarril en 1877 aceleró su expansión y atrajo a inmigrantes alemanes —que dejaron una fuerte impronta en barrios como King William, con sus mansiones victorianas—, así como a más población mexicana y de otros orígenes, consolidando el carácter multicultural de la ciudad.
La vida militar marcó profundamente a San Antonio. Fort Sam Houston, y más tarde varias bases de la Fuerza Aérea (Lackland, Randolph, Kelly, Brooks), convirtieron a la ciudad en uno de los grandes centros militares del país, apodada 'Military City USA'. La economía giró durante décadas en torno a esas instalaciones, los hospitales y el comercio.
A comienzos del siglo XX, San Antonio era la ciudad más grande de Texas. Su población hispana mantuvo viva una cultura propia —la música, la comida tex-mex, las fiestas religiosas— que hoy es uno de sus mayores atractivos. El Market Square ('El Mercado') se consolidó como corazón de esa identidad latina.
El símbolo moderno de San Antonio, el River Walk (Paseo del Río), nació de una tragedia y una visión. Tras una devastadora inundación del río San Antonio en 1921, se debatió incluso entubar el río por seguridad. En cambio, en los años 1920 y 1930 prevaleció la idea del arquitecto Robert Hugman de transformar el cauce que cruza el centro en un paseo peatonal ajardinado un nivel por debajo de la calle. Buena parte de la obra se construyó durante la Gran Depresión con fondos federales del programa WPA.
Durante décadas el River Walk fue un rincón pintoresco pero secundario. El gran salto llegó con la Feria Mundial HemisFair de 1968, para la que se construyó la Tower of the Americas y se revitalizó el paseo, integrándolo a hoteles, restaurantes y el centro de convenciones. Desde entonces, el River Walk se convirtió en uno de los principales atractivos turísticos de Texas.
En las décadas siguientes, el paseo se extendió hacia el norte (Museum Reach, conectando con el Pearl) y hacia el sur (Mission Reach, un proyecto de restauración ecológica del río que enlaza con las misiones históricas). Hoy San Antonio combina ese eje turístico con una escena gastronómica reconocida —es Ciudad Creativa de la Gastronomía de la Unesco— y un casco histórico que, entre el Álamo, las misiones Patrimonio Mundial y la herencia latina, la hacen una de las ciudades con más identidad de Estados Unidos.