En julio de 1847, un líder religioso enfermo de fiebre, asomado desde una carreta a un valle árido y polvoriento que nadie más quería, habría dicho apenas cuatro palabras: 'This is the right place' ('Este es el lugar indicado'). De esa frase, y de la testarudez de miles de pioneros que la siguieron, nació una de las ciudades más singulares de Estados Unidos. Pero mucho antes de esa carreta, el valle ya tenía una larga historia. Durante miles de años, el valle del Gran Lago Salado y las montañas Wasatch que lo rodean fueron territorio de pueblos indígenas. Los shoshone, los ute (que dan nombre al estado de Utah), los goshute y los paiute habitaban la región, adaptados a un entorno duro y árido, viviendo de la caza, la pesca y la recolección de semillas y plantas en torno a los recursos de agua.
El Gran Lago Salado es el remanente del antiguo lago Bonneville, un enorme lago de la era glaciar que cubría buena parte del oeste de Utah hace miles de años. Al retirarse y evaporarse, dejó este lago salado terminal —sin salida al mar— cuyas aguas concentran la sal, y los extensos salares planos del oeste del estado.
Los primeros exploradores y tramperos europeos y estadounidenses llegaron a comienzos del siglo XIX, pero la región seguía siendo remota y poco poblada por colonos cuando, a mediados de siglo, se convirtió en el destino de uno de los movimientos migratorios religiosos más notables de la historia de Estados Unidos.
La historia de Salt Lake City está indisolublemente ligada a la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días (mormones). Fundada en 1830 en el este de Estados Unidos, la Iglesia y sus seguidores sufrieron una intensa persecución religiosa que los empujó cada vez más al oeste, hasta el asesinato de su fundador, Joseph Smith, en Illinois en 1844.
Bajo el liderazgo de Brigham Young, los mormones decidieron emigrar masivamente a un lugar remoto y entonces fuera de Estados Unidos (era territorio mexicano), donde pudieran practicar su fe en paz. Tras un largo y penoso viaje en carretas a través de las llanuras, el primer grupo llegó al valle del Gran Lago Salado en julio de 1847. Según la tradición, al contemplar el valle árido y aislado, Brigham Young pronunció la célebre frase: 'This is the right place' ('Este es el lugar indicado').
Los pioneros se pusieron a trabajar de inmediato. Trazaron la ciudad con una cuadrícula amplia y ordenada, con manzanas grandes y calles numeradas a partir del templo, que sería el centro espiritual y geográfico. Desarrollaron sistemas de riego para cultivar en un suelo seco, una hazaña que permitió la agricultura. En las décadas siguientes, decenas de miles de conversos mormones de Estados Unidos y Europa emigraron a Utah, fundando además cientos de asentamientos por todo el territorio bajo la dirección de la Iglesia.
Tras la guerra entre Estados Unidos y México (1846-1848), el territorio de Utah pasó a manos estadounidenses, lo que puso a la comunidad mormona bajo la autoridad federal y generó fricciones. Hubo tensiones e incluso un breve conflicto, la 'Guerra de Utah' (1857-1858), entre la comunidad y el gobierno de EE.UU.
Un hito decisivo fue el ferrocarril. En 1869, las dos líneas del primer ferrocarril transcontinental se unieron en Promontory Summit, al norte del Gran Lago Salado, en una ceremonia histórica con el clavo de oro ('Golden Spike'). La conexión ferroviaria sacó a Utah de su aislamiento, impulsó la minería y el comercio, y atrajo a población no mormona ('gentiles'), diversificando la sociedad.
El mayor obstáculo para que Utah se convirtiera en estado fue la práctica de la poligamia (matrimonio plural) por parte de la Iglesia mormona, que el gobierno federal combatió con leyes severas. Tras años de presión, la Iglesia abandonó oficialmente la poligamia en 1890 mediante un manifiesto. Eso allanó el camino y, en 1896, Utah fue finalmente admitida como el estado número 45 de la Unión, con Salt Lake City como capital.
A lo largo del siglo XX, Salt Lake City fue diversificando su economía más allá de la agricultura y la Iglesia. La minería (cobre, en la gigantesca mina de Bingham Canyon, una de las mayores excavaciones humanas del mundo), la industria, el comercio, las bases militares durante las guerras mundiales y, más tarde, el sector financiero y tecnológico, transformaron a la ciudad y su entorno, el llamado Wasatch Front, en un área metropolitana próspera.
La Iglesia mormona siguió siendo central en la identidad de la ciudad —con Temple Square, la sede mundial de la Iglesia y la mayor biblioteca de genealogía del planeta—, pero la sociedad de SLC se volvió cada vez más diversa, con comunidades de inmigrantes, una creciente población no religiosa y una vida cultural y gastronómica en expansión.
El momento que proyectó a Salt Lake City al mundo fueron los Juegos Olímpicos de Invierno de 2002. La ciudad y las montañas Wasatch vecinas mostraron al planeta su excepcional infraestructura de esquí y su famosa nieve seca, consolidando a Utah como uno de los grandes destinos de deportes de invierno. Hoy, Salt Lake City combina su singular herencia pionera con un presente dinámico como capital del aire libre, base de los parques nacionales de Utah y ciudad en pleno crecimiento, que volverá a ser sede olímpica invernal en 2034.
Dos fenómenos terminaron de definir la Salt Lake City del siglo XXI, y ninguno de los dos tiene que ver directamente con la religión. El primero es la nieve. Las montañas Wasatch, que se elevan justo al este de la ciudad, reciben cada invierno enormes cantidades de nieve extraordinariamente seca y ligera: cuando las tormentas del Pacífico cruzan el Gran Lago Salado, se cargan de humedad y descargan sobre las montañas una nieve polvo (powder) tan famosa que el estado la registró legalmente como marca en sus matrículas: 'The Greatest Snow on Earth' ('La mejor nieve de la Tierra'). Esa nieve, sumada a que las estaciones están a media hora del centro y del aeropuerto, convirtió a la zona en uno de los grandes destinos de esquí del mundo, algo que los Juegos Olímpicos de Invierno de 2002 mostraron al planeta entero. Salt Lake City volverá a ser sede olímpica invernal en 2034.
El segundo fenómeno es económico. Desde comienzos del siglo XXI, el corredor del Wasatch Front, entre Salt Lake City y Provo, se transformó en uno de los polos tecnológicos de más rápido crecimiento de Estados Unidos, apodado 'Silicon Slopes' (las 'laderas de silicio', un juego de palabras con Silicon Valley). Empresas de software, finanzas y tecnología se instalaron atraídas por la mano de obra calificada, los impuestos bajos y la calidad de vida, y la ciudad recibió una fuerte ola migratoria que la volvió más joven, más diversa y más cara.
Ese crecimiento convive con desafíos serios: la calidad del aire, que empeora en invierno por las inversiones térmicas que atrapan el esmog en el valle, y sobre todo la crisis del Gran Lago Salado, cuyo nivel cayó a mínimos históricos por la sequía y el consumo de agua, exponiendo un lecho seco cargado de polvo tóxico que preocupa a científicos y autoridades. La Salt Lake City de hoy es, así, una ciudad de contrastes: profundamente marcada por su herencia pionera y mormona, pero también moderna, tecnológica y volcada a la montaña, y consciente de que su futuro depende de cómo maneje el agua y el aire de su propio valle.