Mucho antes de que existiera Sacramento, el valle donde se unen los ríos Sacramento y American estaba habitado desde hacía miles de años por los nisenan (un grupo del pueblo maidu) y otros pueblos originarios. Vivían en aldeas a orillas de los ríos, aprovechando la pesca de salmón, la caza, las bellotas de los robles y un entorno fértil. Su mundo cambiaría drásticamente con la llegada de los europeos y, sobre todo, de los colonos estadounidenses.
El primer asentamiento de tipo europeo lo fundó en 1839 el suizo Johann (John) Sutter, un emprendedor que obtuvo del gobierno mexicano —California era entonces parte de México— una enorme concesión de tierras. Allí estableció la colonia de Nueva Helvecia (New Helvetia, 'Nueva Suiza') y levantó el Sutter's Fort, un fuerte de adobe que se convirtió en un activo centro de comercio, agricultura y ganadería, además de punto de llegada de los pioneros que cruzaban el continente por la ruta de California.
Sutter's Fort fue durante años el corazón de la región y un refugio para los colonos que arribaban exhaustos tras travesías terribles, como la célebre y trágica expedición Donner. Pero el destino de aquel pequeño imperio agrícola estaba a punto de dar un giro de 180 grados por un hallazgo que ocurriría muy cerca, sobre el río American.
El 24 de enero de 1848, James W. Marshall, mientras construía un aserradero para Sutter en Coloma, sobre el río American, encontró pepitas de oro. El intento de mantener el hallazgo en secreto fracasó: la noticia se extendió como reguero de pólvora y desató la fiebre del oro de California, uno de los mayores movimientos migratorios de la historia de Estados Unidos. Irónicamente, el descubrimiento arruinó a Sutter, cuyas tierras y trabajadores fueron arrasados por la avalancha de buscadores.
En 1849 llegaron decenas de miles de personas de todo el país y del mundo —los famosos 'forty-niners', por el año 1849— en busca de fortuna. Sacramento, gracias a su ubicación en la confluencia de los ríos y como puerto fluvial navegable desde la bahía de San Francisco, se transformó casi de la noche a la mañana en la gran ciudad de abastecimiento y entrada a las zonas mineras de la Sierra Nevada. Comerciantes, transportistas y proveedores hicieron tanta o más fortuna que muchos mineros.
La ciudad creció a una velocidad caótica, con calles improvisadas, tiendas, hoteles y saloons. Su población se disparó y, junto con el dinamismo, llegaron también los problemas: incendios devastadores y, sobre todo, las inundaciones de los ríos, que obligarían a tomar decisiones de ingeniería extraordinarias en los años siguientes.
El vertiginoso crecimiento convirtió a Sacramento en una pieza clave del nuevo estado de California, que se incorporó a Estados Unidos en 1850. Tras pasar por varias sedes provisionales, la capital estatal quedó fijada en Sacramento en 1854, y años después se construyó el imponente Capitolio neoclásico que hoy domina el centro (terminado en la década de 1870).
Pero la ciudad pagaba un precio por su ubicación junto a los ríos: las inundaciones eran recurrentes y a veces catastróficas. Las grandes riadas de 1861-1862, que llegaron a dejar buena parte de la ciudad bajo el agua, llevaron a una decisión de ingeniería notable: elevar el nivel de calles y edificios enteros del centro varios metros, además de reforzar los diques. Las antiguas plantas bajas quedaron convertidas en sótanos y pasajes subterráneos, que hoy se pueden recorrer en los célebres 'Underground Tours' de Old Sacramento.
Esta etapa consolidó a Sacramento como un centro político, comercial y de transporte, con una identidad propia forjada entre el oro, los ríos y la lucha constante contra las aguas. La ciudad se preparaba, además, para protagonizar otro capítulo decisivo de la historia estadounidense: la llegada del ferrocarril.
Sacramento fue protagonista de una de las mayores hazañas de ingeniería del siglo XIX: el Primer Ferrocarril Transcontinental. La Central Pacific Railroad, con sede en la ciudad, fue la encargada de construir el tramo occidental, que debía cruzar la imponente barrera de la Sierra Nevada. La obra arrancó en Sacramento en 1863 y avanzó hacia el este hasta unirse con la Union Pacific en Promontory Summit (Utah) en mayo de 1869, completando la conexión por tren entre las costas atlántica y pacífica.
Detrás del proyecto estaban los llamados 'Cuatro Grandes' (The Big Four): Leland Stanford, Collis Huntington, Charles Crocker y Mark Hopkins, comerciantes de Sacramento que se volvieron inmensamente ricos y poderosos. Stanford llegó a ser gobernador de California y fundó la Universidad de Stanford. Su mansión restaurada en el centro y el California State Railroad Museum mantienen viva esta historia.
La construcción del tramo de la Sierra fue durísima y se apoyó en gran medida en el trabajo de miles de obreros chinos, cuyo esfuerzo y sacrificio resultaron decisivos y durante mucho tiempo fueron poco reconocidos. El ferrocarril transformó la economía del oeste y afianzó a Sacramento como nudo de transporte. Antes, la ciudad ya había sido terminal occidental del Pony Express, el legendario servicio de correo a caballo de 1860-1861.
A lo largo del siglo XX, Sacramento creció como capital administrativa de un estado cada vez más poderoso y poblado. El gobierno estatal, junto con bases militares y, más tarde, el sector tecnológico y de servicios, diversificaron su economía. El Valle Central que la rodea se consolidó como una de las regiones agrícolas más productivas del planeta, y la ciudad se convirtió en su mercado y centro logístico.
En las últimas décadas, Sacramento revitalizó su centro y su ribera. Old Sacramento fue restaurada y declarada Hito Histórico Nacional, preservando su atmósfera de la fiebre del oro. Barrios como Midtown florecieron con galerías, bares y restaurantes, y la apertura del estadio Golden 1 Center (sede del equipo de la NBA Sacramento Kings) y del distrito DOCO impulsó la vida del downtown.
Apoyándose en la riqueza agrícola de su entorno, la ciudad se reinventó como capital estadounidense del movimiento 'farm-to-fork' (de la granja a la mesa), con una vibrante escena gastronómica que celebra cada septiembre con un gran festival. Hoy Sacramento combina su peso institucional, su historia pionera y ferroviaria, y una identidad culinaria que la pusieron de nuevo en el mapa del turismo californiano.