El nombre lo dice todo: 'Omaha' significa, en la lengua de la nación que lo llevó primero, algo así como 'los que van contra la corriente'. Es una definición sorprendentemente exacta de la ciudad que crecería siglos después a orillas del río Misuri: un lugar que una y otra vez apostó a contramano y ganó. Pero mucho antes de que hubiera una sola calle, estas riberas fértiles de las Grandes Llanuras ya eran territorio de pueblos originarios. La nación omaha —de la que la ciudad toma el nombre— vivía aquí junto a los pawnee, los oto y otros pueblos: sociedades seminómadas que combinaban la agricultura del maíz, el frijol y la calabaza con la caza estacional del bisonte, y que organizaban su vida en torno al río y a las grandes cacerías de verano.
En julio y agosto de 1804, la expedición de Lewis y Clark remontó el Misuri y acampó cerca del actual emplazamiento de la ciudad, en un lugar que bautizaron Council Bluff, donde celebraron uno de sus primeros consejos formales con líderes oto y missouria: fue el primer encuentro oficial de la expedición con pueblos originarios, y de ahí viene el nombre de la vecina Council Bluffs, en Iowa. A lo largo de las décadas siguientes, comerciantes de pieles, misioneros, epidemias y una sucesión de tratados fueron erosionando el territorio de la nación omaha, que en 1854 cedió por tratado gran parte de sus tierras al gobierno estadounidense, abriendo el camino a la colonización que estaba a punto de estallar.
Omaha fue formalmente trazada en 1854, el mismo año en que la Ley Kansas-Nebraska creó el Territorio de Nebraska. Especuladores de la vecina Council Bluffs (Iowa) cruzaron el Misuri y fundaron la ciudad apostando a que se convertiría en la capital territorial y en un punto clave de la expansión hacia el oeste. La apuesta funcionó: Omaha fue capital del Territorio de Nebraska entre 1855 y 1867.
Desde sus inicios, la ciudad se vendió como 'la puerta al oeste'. Su posición sobre el Misuri la convirtió en punto de embarque y abastecimiento para los pioneros, mineros y colonos que se dirigían hacia las llanuras, las Montañas Rocosas y California. Cuando Nebraska alcanzó la categoría de estado en 1867, la capital se trasladó a Lincoln, pero Omaha ya tenía asegurado un destino industrial y comercial mucho mayor.
El acontecimiento que definió a Omaha fue la elección, en 1863, como punto de partida oriental del Union Pacific Railroad, la mitad este del primer ferrocarril transcontinental de Estados Unidos. El presidente Abraham Lincoln fijó el punto inicial cerca de Omaha, y desde allí los rieles avanzaron hacia el oeste hasta unirse con el Central Pacific en Promontory (Utah) en 1869. La sede del Union Pacific permanece en Omaha hasta hoy.
El ferrocarril transformó a la ciudad en un nudo de transporte, industria y procesamiento. A finales del siglo XIX y comienzos del XX, Omaha se convirtió en uno de los mayores centros de corrales de ganado y empacado de carne del país, rivalizando con Chicago. Los Union Stockyards de South Omaha atraían a miles de inmigrantes —irlandeses, alemanes, checos, polacos, italianos y, más tarde, mexicanos— que llegaban a trabajar en los frigoríficos y dieron a la ciudad su carácter multicultural y obrero.
Si el ferrocarril fue la chispa, los corrales de ganado fueron el motor que hizo de Omaha una gran ciudad. En 1883 se fundaron los Union Stockyards en South Omaha, y en pocas décadas se convirtieron en uno de los mayores mercados de ganado y centros de empaque de carne del mundo: durante buena parte del siglo XX, Omaha rivalizó con Chicago por el título de 'capital cárnica' de Estados Unidos, y en 1955 llegó a ser el mayor centro de procesamiento de carne del país. Alrededor de los frigoríficos de gigantes como Armour, Swift y Cudahy creció South Omaha, un mundo aparte de humo, corrales y trabajo durísimo.
Ese motor industrial atrajo oleadas de inmigrantes que llegaban con lo puesto a trabajar en las plantas: irlandeses, alemanes, checos y bohemios, polacos, italianos, lituanos, griegos y, más tarde, mexicanos y latinoamericanos. Cada comunidad dejó su huella —iglesias, sociedades de ayuda mutua, panaderías, restaurantes, barrios enteros— y le dio a Omaha un carácter obrero, católico y profundamente multicultural que todavía se siente en South Omaha, hoy corazón de la vibrante comunidad latina de la ciudad. La histórica colonia checa dejó incluso su marca en la gastronomía y en barrios como Little Bohemia.
Fue una época de enorme energía pero también de tensiones brutales: las condiciones en los frigoríficos eran peligrosas, las huelgas y la organización sindical marcaron el pulso de South Omaha, y los choques entre comunidades por el trabajo estallaron más de una vez en violencia. De esa mezcla de sudor, riel y diversidad nació buena parte de la identidad de la Omaha moderna.
El siglo XX trajo prosperidad y también tensiones. Omaha vivió episodios duros, como los disturbios raciales de 1919 y las luchas laborales en los frigoríficos. La Gran Depresión golpeó con fuerza, pero la Segunda Guerra Mundial reactivó la economía: cerca de la ciudad se fabricaron bombarderos B-29 y, en 1948, se instaló en las afueras la base aérea de Offutt, sede del Comando Aéreo Estratégico (SAC) durante la Guerra Fría, lo que dio a Omaha un peso militar y estratégico nacional.
En la segunda mitad del siglo, el declive de los corrales y la industria cárnica obligó a Omaha a reinventarse. La ciudad diversificó su economía hacia los seguros, las finanzas, las telecomunicaciones y la tecnología. Es la sede de Berkshire Hathaway, la compañía del inversor Warren Buffett, 'el oráculo de Omaha', cuya presencia convirtió a la ciudad en un nombre familiar del mundo financiero global.
La Omaha contemporánea es una ciudad próspera y en transformación. El antiguo distrito de almacenes del Old Market se rescató de la decadencia y hoy es un barrio vibrante de restaurantes, galerías y vida nocturna. La ribera del río Misuri, antaño industrial y degradada, se regeneró con parques, el Gene Leahy Mall renovado y el icónico Bob Kerrey Pedestrian Bridge, que une Nebraska con Iowa.
El Omaha's Henry Doorly Zoo and Aquarium, inaugurado en su forma moderna en la década de 1960 y famoso por sus hábitats récord, se convirtió en una atracción de talla mundial. La ciudad alberga además el College World Series de béisbol cada verano, una sólida escena artística y musical (cuna del sello Saddle Creek y de bandas indie), y una creciente comunidad latina e inmigrante que renueva su tradición de mestizaje. De puerta de los pioneros a centro financiero y cultural del Medio Oeste, Omaha sigue mirando, como su nombre, contra la corriente.