El monumento más patriótico de Estados Unidos está tallado en una montaña robada. Esa paradoja es la clave para entender el Monte Rushmore: los cuatro rostros presidenciales que millones de personas fotografían cada año miran hacia un territorio que un tribunal de su propio país declaró tomado ilegalmente a sus dueños originarios. Las Black Hills (Paha Sapa, 'colinas negras', en lengua lakota) son una región montañosa boscosa que se eleva sobre las Grandes Llanuras de Dakota del Sur, y constituyen un territorio profundamente sagrado para el pueblo lakota y otras naciones indígenas. Por el tratado de Fort Laramie de 1868, Estados Unidos había reconocido las Black Hills como parte de la Gran Reserva Sioux. Sin embargo, el descubrimiento de oro en la zona en la década de 1870 desató una fiebre que llevó al gobierno a apropiarse de las tierras, en violación del tratado, en un episodio que sigue siendo objeto de reclamos hasta hoy.
La idea de tallar un gran monumento en las montañas surgió en los años 20, impulsada por el historiador estatal Doane Robinson, que buscaba una atracción que llevara turismo a Dakota del Sur. Su propuesta original era esculpir figuras del Oeste americano en las agujas de granito de la zona. Para llevarla a cabo se contrató al escultor Gutzon Borglum, quien reorientó el proyecto hacia algo de alcance nacional: los rostros de cuatro grandes presidentes estadounidenses.
Borglum eligió la pared de granito del entonces llamado Mount Rushmore (nombrado así por un abogado de Nueva York) por su orientación al sureste (buena luz) y la calidad de su roca. La elección de los presidentes (Washington, Jefferson, Lincoln y Roosevelt) buscaba representar los primeros 150 años de historia del país: su fundación, expansión, preservación y desarrollo.
La talla del Monte Rushmore se llevó a cabo entre 1927 y 1941, en un proceso largo y técnicamente complejo. Bajo la dirección de Gutzon Borglum, y tras su muerte en 1941 de su hijo Lincoln Borglum, cientos de trabajadores (muchos de ellos antiguos mineros de la región) tallaron los rostros en el granito. La técnica principal fue sorprendentemente el uso de dinamita: se calcula que la mayor parte de la roca, miles de toneladas, fue retirada con explosivos cuidadosamente calculados, antes del trabajo de detalle con perforadoras y cinceles.
Los obreros trabajaban suspendidos de cables por la cara de la montaña, en condiciones difíciles y peligrosas, aunque, notablemente, no hubo muertes durante la construcción. Cada rostro mide cerca de 18 metros de altura. El proyecto avanzó de forma intermitente, condicionado por la financiación (en parte federal) y por las dificultades de la Gran Depresión. El plan original contemplaba esculpir a los presidentes hasta la cintura, pero la falta de fondos y de roca adecuada hizo que la obra se limitara a las cabezas.
El monumento se dio por terminado en 1941, coincidiendo con la muerte de Gutzon Borglum y la entrada de Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial. Desde entonces, el Monte Rushmore se convirtió en un símbolo nacional y en una de las atracciones turísticas más visitadas del país, gestionada por el Servicio de Parques Nacionales. Detrás de la montaña existe además una pequeña cámara, la 'Hall of Records', concebida por Borglum para guardar documentos sobre la historia del país.
El Monte Rushmore se ha consolidado como uno de los grandes iconos de Estados Unidos, símbolo de su historia y de su sistema político, reproducido innumerables veces en la cultura popular, el cine y la publicidad. Recibe millones de visitantes al año y es considerado por muchos estadounidenses un lugar de orgullo patriótico, un homenaje en piedra a los líderes que dieron forma a la nación.
Sin embargo, el monumento es también objeto de una profunda controversia, sobre todo desde la perspectiva de los pueblos indígenas. Las Black Hills son tierra sagrada lakota que les fue arrebatada en violación del tratado de 1868. Para muchos nativos americanos, tallar los rostros de presidentes estadounidenses (algunos de ellos vinculados a políticas que afectaron duramente a los pueblos indígenas) en su montaña sagrada es una afrenta. La disputa por las Black Hills llegó incluso a la Corte Suprema, que en 1980 reconoció que la tierra había sido tomada ilegalmente y ordenó una compensación económica, que las naciones lakota han rechazado, exigiendo en cambio la devolución de la tierra.
En parte como respuesta a esta tensión, en 1948 comenzó a construirse cerca de allí el Crazy Horse Memorial, un colosal monumento dedicado al líder lakota Caballo Loco, impulsado por líderes nativos para honrar a sus propios héroes. Así, las Black Hills albergan hoy dos monumentos que reflejan las distintas memorias y heridas de la historia estadounidense, en un debate que sigue abierto sobre el significado del lugar.
El artífice de Rushmore, Gutzon Borglum (1867-1941), fue un escultor estadounidense de origen danés, ambicioso y de fuerte carácter, que ya tenía experiencia en obras monumentales: antes de Rushmore había trabajado en el gigantesco relieve confederado de Stone Mountain, en Georgia, proyecto del que se retiró tras agrias disputas. Borglum concebía la escultura a escala colosal como una forma de arte cívico capaz de durar miles de años, y aplicó a Rushmore técnicas pioneras, como el uso de un sistema de plomadas y puntos de referencia para trasladar al granito, a gran escala, los modelos a escala 1:12 que esculpía en su estudio al pie de la montaña, hoy convertido en el Sculptor's Studio.
La figura de Borglum también arrastra sombras: tuvo vínculos con organizaciones nacionalistas de su época, un aspecto que la historiografía reciente examina al revisar el contexto del monumento. Su hijo, Lincoln Borglum, supervisó la fase final de la obra y fue el primer superintendente del lugar. Detrás de los rostros, Borglum había proyectado una gran 'Hall of Records' (Sala de los Registros), una cámara excavada en la roca destinada a guardar los grandes documentos y la historia de Estados Unidos; el proyecto quedó inconcluso, pero en 1998 se depositó allí una bóveda con paneles que narran la creación del monumento y textos fundacionales del país.
Desde su finalización en 1941, el Monte Rushmore se transformó en uno de los símbolos visuales más reconocibles del mundo, omnipresente en el cine, la publicidad y la cultura popular, y en una de las unidades del Servicio de Parques Nacionales más visitadas, con alrededor de dos a tres millones de visitantes anuales. A lo largo de las décadas se sumaron mejoras (centro de visitantes, Avenue of Flags, anfiteatro para la ceremonia de iluminación) que ordenaron la experiencia turística. Hoy el monumento se presenta no solo como una proeza de ingeniería y arte, sino también como un lugar para reflexionar sobre la compleja historia de la nación y de las naciones indígenas que habitan las Black Hills.