Hay una sola gran cascada en todo el curso del río Mississippi, y sobre ella se construyó una ciudad. Esa cascada —las cataratas de Saint Anthony— es la razón de que Minneapolis exista donde existe: sin ese salto de agua no habría habido molinos, ni harina, ni la 'Mill City' que llegó a alimentar al mundo. Antes de todo eso, la región fue durante siglos territorio del pueblo dakota (sioux), para quienes el área del río y, en particular, la isla de Spirit Island frente a las cataratas, tenía un profundo significado espiritual. Las Saint Anthony Falls son el único gran salto natural del Mississippi, un accidente geográfico que resultaría decisivo en la historia de la ciudad.
Los primeros europeos en describir las cataratas fueron exploradores y misioneros franceses en el siglo XVII; el padre Louis Hennepin, franciscano, las bautizó en 1680 en honor a San Antonio de Padua. A comienzos del siglo XIX, el ejército estadounidense estableció Fort Snelling en la confluencia de los ríos Mississippi y Minnesota, asegurando el control de la zona. En torno al fuerte y a las cataratas comenzaron a asentarse colonos.
La ciudad de Minneapolis se desarrolló a mediados del siglo XIX en la orilla oeste de las cataratas, mientras que en la orilla este crecía el pueblo de Saint Anthony, que terminaría fusionándose con Minneapolis. El propio nombre 'Minneapolis' combina la palabra dakota 'mni' (agua) con el griego 'polis' (ciudad), es decir, 'la ciudad del agua', en clara alusión a su entorno de ríos y lagos.
La energía hidráulica de las cataratas de Saint Anthony fue el motor del extraordinario crecimiento de Minneapolis en la segunda mitad del siglo XIX. Primero impulsó los aserraderos, que procesaban la madera de los bosques del norte; luego, sobre todo, los molinos harineros. Aprovechando el trigo de las vastas llanuras de Minnesota y las Dakotas, y con innovaciones tecnológicas en la molienda, Minneapolis se convirtió en la capital mundial de la producción de harina entre las décadas de 1880 y 1930, ganándose el apodo de 'Mill City' (Ciudad de los Molinos).
Grandes empresas harineras como Washburn-Crosby (origen de la actual General Mills) y Pillsbury levantaron enormes molinos a orillas del río, y la harina de Minneapolis se exportaba a todo el mundo. Esta industria atrajo a oleadas de inmigrantes, especialmente escandinavos (suecos y noruegos) y alemanes, que dejaron una profunda impronta cultural en la ciudad, visible aún hoy en su gastronomía, sus iglesias y sus tradiciones.
El auge de la harina enriqueció a la ciudad y financió la construcción de muchos de sus edificios, parques e instituciones. Aunque la industria molinera fue declinando en el siglo XX, su legado sigue muy presente: el distrito histórico del riverfront, el Mill City Museum (instalado en un antiguo molino) y el icónico cartel luminoso de 'Gold Medal Flour' que aún domina la orilla del río recuerdan la época en que Minneapolis alimentaba al mundo.
A lo largo del siglo XX, Minneapolis diversificó su economía más allá de la harina y la madera, desarrollando sectores como la banca, los seguros, la tecnología, el comercio minorista (es sede de empresas como Target y General Mills) y la salud. Junto con la vecina Saint Paul, capital del estado, formó las 'Twin Cities', un próspero conglomerado urbano que es el centro económico y cultural de la región del Alto Medio Oeste.
La ciudad se ganó fama por su alta calidad de vida, su planificación urbana, su extraordinario sistema de parques y lagos (uno de los mejores del país) y su preparación para el clima: el invierno gélido de Minnesota impulsó la construcción del sistema de 'skyways', pasarelas cubiertas y climatizadas que conectan los edificios del centro, permitiendo desplazarse sin salir al frío.
Minneapolis también floreció culturalmente. Es la cuna de Prince, que creó aquí el influyente 'Minneapolis sound', y una ciudad clave en la trayectoria temprana de Bob Dylan; su escena de música en vivo, teatro y artes visuales (con instituciones como el Walker Art Center y el Guthrie Theater) es de las más reconocidas del país. En las últimas décadas ha recibido además importantes comunidades de inmigrantes, como la somalí y la hmong, que han enriquecido su diversidad cultural y gastronómica, consolidándola como una de las ciudades más dinámicas y habitables del Medio Oeste.
Pese a su reputación de calidad de vida, Minneapolis arrastra, como muchas ciudades estadounidenses, profundas desigualdades raciales en vivienda, ingresos y trato policial. Esas tensiones estallaron a escala mundial el 25 de mayo de 2020, cuando George Floyd, un hombre afroamericano, murió en el barrio de Powderhorn mientras un agente de la policía de Minneapolis lo mantenía inmovilizado con la rodilla sobre el cuello durante más de nueve minutos. El hecho, grabado en video por una transeúnte, desató protestas masivas en la ciudad y luego en todo el país y el mundo, dando un impulso histórico al movimiento Black Lives Matter.
Las protestas en Minneapolis incluyeron días de manifestaciones, incendios y disturbios, en especial alrededor de la comisaría del Tercer Precinto, que fue incendiada. El cruce donde murió Floyd, en la esquina de la 38th Street y Chicago Avenue, se transformó en un memorial espontáneo conocido como 'George Floyd Square', que se convirtió en lugar de duelo, protesta y arte comunitario. En 2021, el exagente Derek Chauvin fue declarado culpable de asesinato y condenado a prisión, en un fallo seguido en todo el planeta.
A partir de entonces, Minneapolis quedó marcada como epicentro de un debate nacional sobre justicia racial y reforma policial, y emprendió un lento proceso de reconstrucción de las zonas dañadas y de reflexión sobre su modelo de seguridad y convivencia. La ciudad sigue siendo, al mismo tiempo, un polo de prosperidad, cultura y vida al aire libre, lo que refleja la complejidad de su presente: una urbe admirada por su habitabilidad y, a la vez, obligada a enfrentar sus desigualdades históricas.