Los Apalaches del sur, donde se asientan las Great Smoky Mountains, son una de las cordilleras más antiguas de la Tierra. Sus rocas más viejas se formaron hace más de mil millones de años, y las grandes orogenias que levantaron la cadena ocurrieron hace entre 480 y 250 millones de años, cuando las placas que hoy forman América del Norte, África y Europa colisionaron en la formación del supercontinente Pangea. Aquellos choques plegaron y apilaron rocas que originalmente fueron sedimentos de antiguos mares.
A diferencia de cordilleras jóvenes y dentadas como las Rocosas, las Smokies tienen siluetas redondeadas y suaves: el resultado de cientos de millones de años de erosión que fueron limando picos que alguna vez pudieron rivalizar en altura con el Himalaya. El punto más alto actual, el Clingmans Dome o Kuwohi, alcanza 2.025 metros.
La famosa neblina que da nombre al parque —el 'humo' de las Smoky Mountains— no es humo real: es vapor de agua y compuestos orgánicos volátiles que la densa vegetación libera a la atmósfera, formando una bruma azulada que envuelve las laderas. Esa humedad constante, sumada a una topografía variada, convirtió al parque en uno de los lugares de mayor biodiversidad templada del mundo, con más de 19.000 especies documentadas y muchas miles más por catalogar.
Mucho antes de la llegada de los europeos, estas montañas eran el corazón del territorio del pueblo cherokee, una de las naciones indígenas más poderosas del sureste de Norteamérica. Los cherokee tenían aquí aldeas a orillas de los ríos, redes de senderos comerciales que cruzaban los pasos de montaña y lugares sagrados, entre ellos la montaña Kuwohi (hoy Clingmans Dome), asociada a relatos espirituales. Vivían de la agricultura (maíz, frijol y calabaza, las 'tres hermanas'), la caza y la recolección.
El contacto con colonos europeos a partir del siglo XVIII trajo comercio, pero también guerras, enfermedades y una presión creciente por sus tierras. Tras el descubrimiento de oro en Georgia y el avance de los colonos, el gobierno de Estados Unidos impulsó la Indian Removal Act de 1830.
Entre 1838 y 1839, miles de cherokee fueron forzados a marchar hacia el actual Oklahoma en el desplazamiento conocido como el 'Sendero de las Lágrimas' (Trail of Tears), en el que murieron miles de personas por el frío, el hambre y la enfermedad. Sin embargo, un grupo logró permanecer escondido en las montañas o regresó después, y con el tiempo formó la actual Eastern Band of Cherokee Indians, cuyo territorio (la Qualla Boundary) limita hoy con el parque, junto al pueblo de Cherokee, Carolina del Norte. En 2024, la montaña Clingmans Dome recuperó oficialmente su nombre cherokee, Kuwohi, como reconocimiento de esa herencia.
A partir de fines del siglo XVIII y durante el XIX, colonos europeos —en gran parte escoceses-irlandeses, además de ingleses y alemanes— se establecieron en los valles de las Smokies, como Cades Cove, Cataloochee y Greenbrier. Levantaron granjas de subsistencia, cabañas de troncos, molinos harineros, iglesias y escuelas, y desarrollaron una cultura montañesa con su música, sus oficios y su autosuficiencia. Muchas de esas estructuras —cabañas, graneros, el molino de Mingus Mill (1886), iglesias de madera— se conservan hoy dentro del parque y permiten imaginar aquella vida rural.
A comienzos del siglo XX, la llegada de las grandes compañías madereras transformó la región de manera brutal. Con ferrocarriles madereros y campamentos como Elkmont, las empresas talaron a tasa industrial enormes extensiones de bosque virgen, dejando laderas peladas, erosión y arroyos dañados. Pueblos enteros giraban en torno al aserradero.
Esa devastación encendió las alarmas. Conservacionistas, periodistas y vecinos empezaron a alertar sobre la pérdida de uno de los bosques más ricos del este de Estados Unidos, y comenzó a tomar forma la idea de proteger lo que quedaba creando un parque nacional, algo inédito en los Apalaches del sur, donde la tierra estaba en manos privadas y de las madereras.
Crear un parque nacional en el este del país fue mucho más difícil que en el oeste: aquí no había grandes extensiones de tierra federal disponibles, sino miles de propiedades privadas, granjas y concesiones madereras que había que comprar una por una. La campaña, liderada por organizaciones de Tennessee y Carolina del Norte y por figuras locales, combinó donaciones de particulares, escolares que juntaron monedas, aportes de los dos estados y una donación decisiva de cinco millones de dólares de la familia Rockefeller a través del Laura Spelman Rockefeller Memorial.
En 1926, el Congreso autorizó la creación del parque, condicionado a que se reunieran las tierras. La compra de propiedades implicó realojar a muchas familias que vivían en los valles, un proceso doloroso para esas comunidades, algunas de las cuales obtuvieron permisos vitalicios para seguir residiendo allí.
El Parque Nacional Great Smoky Mountains se estableció formalmente en 1934, y en septiembre de 1940 el presidente Franklin D. Roosevelt lo dedicó oficialmente en una ceremonia en el paso de Newfound Gap, donde hoy un monumento recuerda el acto. Durante la Gran Depresión, cuadrillas del Civilian Conservation Corps (CCC) construyeron caminos, senderos, miradores y refugios, muchos todavía en uso. Una de las condiciones de las donaciones, en especial de Tennessee y Carolina del Norte, fue que el parque nunca cobrara entrada: por eso, hasta hoy, sigue siendo gratuito.
Desde su creación, el Parque Nacional Great Smoky Mountains se convirtió en el más visitado de Estados Unidos, con más de 12 millones de visitantes al año, muy por encima de íconos como el Gran Cañón o Yellowstone. En 1976 fue declarado Reserva de la Biosfera y en 1983 Patrimonio Mundial de la Unesco, en reconocimiento a su excepcional biodiversidad: es uno de los mayores reservorios de bosque templado caducifolio del planeta, con récords mundiales en especies de salamandras y una enorme variedad de árboles, hongos, insectos y plantas.
El parque enfrenta desafíos contemporáneos: la contaminación del aire que reducía la visibilidad de las famosas vistas (hoy en mejora gracias a regulaciones), especies invasoras como el insecto que ataca a los abetos, los incendios (como el devastador de Gatlinburg en 2016) y la presión de un turismo masivo sobre infraestructuras limitadas.
Para financiar el mantenimiento sin traicionar la histórica gratuidad de la entrada, en marzo de 2023 el parque lanzó el programa 'Park It Forward', que introdujo por primera vez una tarifa de estacionamiento (parking tag): US$ 5 por día, US$ 15 por semana o US$ 40 anuales por vehículo. La entrada al parque sigue siendo gratis, pero estacionar más de 15 minutos requiere el tag. Los fondos se destinan a mantener senderos, baños y servicios. Así, las Smokies siguen siendo un raro caso de parque nacional sin entrada, sostenido en parte por la voluntad de quienes lo visitan.