La Teton Range es, geológicamente, una de las cordilleras más jóvenes de las Montañas Rocosas, y precisamente por ello una de las más espectaculares. Su formación comenzó hace unos 6 a 10 millones de años, cuando una gran falla (la Teton Fault) empezó a fracturar la corteza: el bloque occidental se elevó formando las montañas, mientras el oriental se hundió creando el valle de Jackson Hole. Este movimiento aún continúa, lo que hace de la falla una de las más activas de la región.
A diferencia de otras cordilleras, los Tetons carecen casi por completo de estribaciones o cerros menores que suavicen la transición entre el valle y los picos: las montañas se alzan de forma brusca y vertical más de 2.000 metros sobre la llanura, lo que les da su silueta inconfundible y su aspecto sobrecogedor. Paradójicamente, las rocas que las componen, de granito y gneis, son antiquísimas, de unos 2.700 millones de años, entre las más antiguas de Norteamérica.
Los glaciares completaron la obra: durante las glaciaciones, las masas de hielo esculpieron los cañones, pulieron los picos y excavaron las cuencas que hoy ocupan los lagos al pie de la montaña, como Jenny Lake y Jackson Lake. Aún quedan pequeños glaciares activos en las cumbres. El resultado es uno de los paisajes alpinos más perfectos y fotogénicos del planeta.
El valle a los pies de los Tetons fue frecuentado durante miles de años por pueblos indígenas, que acudían en los meses cálidos a cazar y recolectar, aunque la dureza del invierno desaconsejaba el asentamiento permanente a tanta altitud. Tribus como los shoshón dejaron su huella en la zona.
El nombre de la cordillera procede de los tramperos de pieles de habla francesa que recorrieron las Rocosas a comienzos del siglo XIX en busca de castores. Impresionados —o divertidos— por la forma de los tres picos principales, los bautizaron 'les trois tétons' ('los tres pechos'), nombre que, castellanizado e inglesado, acabó dando 'Grand Teton' al pico más alto y 'Teton Range' a toda la cadena. El propio valle, Jackson Hole, recuerda a David Jackson, otro de aquellos comerciantes de pieles.
Tras la época de los tramperos, el valle vio llegar a finales del siglo XIX a los primeros colonos y ganaderos, que se establecieron pese al clima extremo. Entre ellos, los colonos mormones que se asentaron en la zona conocida hoy como Mormon Row, donde levantaron los ranchos y graneros que se han convertido en una de las imágenes icónicas del parque.
La protección de los Tetons y su valle fue un proceso largo y polémico. En 1929 se creó el Parque Nacional Grand Teton, pero inicialmente abarcaba solo la cadena montañosa y los lagos al pie, dejando fuera el valle de Jackson Hole, amenazado por el desarrollo, las parcelaciones y los carteles publicitarios que empezaban a proliferar.
El conservacionismo encontró un aliado decisivo en el filántropo John D. Rockefeller Jr., que, tras visitar la zona y horrorizarse ante su posible degradación, ideó un plan discreto: a través de una sociedad pantalla, la Snake River Land Company, compró durante años miles de hectáreas del valle a los ganaderos, con la intención de donarlas para ampliar el parque. La operación, cuando se conoció, desató una áspera disputa con buena parte de la población local, que veía con recelo la expansión del control federal.
Tras décadas de tensión y de soluciones intermedias —como la creación en 1943 del Jackson Hole National Monument por decreto presidencial—, en 1950 las tierras donadas por Rockefeller se incorporaron al parque, que alcanzó así su extensión actual, abarcando montañas y valle. La carretera que une Grand Teton con Yellowstone lleva hoy el nombre del filántropo (John D. Rockefeller Jr. Memorial Parkway), en reconocimiento a un esfuerzo que salvó para siempre uno de los paisajes más bellos de Estados Unidos.
Grand Teton ocupa un lugar especial en la historia del montañismo estadounidense. La primera ascensión documentada y ampliamente aceptada al Grand Teton (4.199 m) se atribuye a William Owen, Franklin Spalding, Frank Petersen y John Shive en 1898, aunque un grupo liderado por Nathaniel Langford había reclamado haber llegado a la cumbre tres décadas antes, en 1872, en una afirmación que generó controversia académica durante más de un siglo. A partir de los años 1930, el valle se convirtió en un polo de atracción para escaladores deélite, y en 1931 Glenn Exum abrió una nueva ruta al Grand Teton en solitario, hazaña que dio origen a Exum Mountain Guides, hoy una de las escuelas de guías de montaña más antiguas y prestigiosas de Estados Unidos, con concesión oficial del Servicio de Parques Nacionales.
El valle de Jackson Hole y el propio parque también fueron decisivos en la historia del esquí y del turismo de naturaleza del oeste americano: el desarrollo de Jackson como pueblo turístico, impulsado en parte por las mismas familias y capitales que apoyaron la ampliación del parque, transformó una región ganadera remota en uno de los destinos de montaña más codiciados del país, con el consiguiente aumento del valor de la tierra y la presión inmobiliaria sobre las zonas linderas al parque.
Hoy, Grand Teton recibe más de tres millones de visitantes al año, cifra comparable a la de Yellowstone, y enfrenta desafíos similares de masificación en temporada alta, sobre todo en Jenny Lake y Mormon Row al amanecer. El Servicio de Parques Nacionales gestiona conjuntamente Grand Teton y el John D. Rockefeller Jr. Memorial Parkway que lo une a Yellowstone, reforzando programas de manejo de fauna —en especial de los corredores migratorios de alces y berrendos, entre los más largos de Norteamérica— y de prevención de conflictos entre osos y visitantes, que se han vuelto más frecuentes a medida que crece la afluencia de público.
A comienzos del siglo XX, un grupo de colonos mormones provenientes de Idaho se asentó en una franja de tierra al este del valle, agrupando sus granjas para compartir agua, trabajo y vida comunitaria. Aquella hilera de ranchos pasó a llamarse Mormon Row. Los colonos cavaron acequias para regar campos en un valle árido y de inviernos brutales, plantaron árboles y levantaron casas, corrales y graneros. Dos de esos graneros, los Moulton Barn (el de T.A. Moulton y el de John Moulton), construidos por dos hermanos de aquella comunidad, se convirtieron con el tiempo en los edificios rurales más fotografiados de Estados Unidos: su madera envejecida recortada contra la muralla dentada de los Tetons es hoy una postal universal del Oeste americano.
La vida en Mormon Row fue dura y, a medida que el parque se expandía y la agricultura de montaña dejaba de ser rentable, la mayoría de las familias vendió o abandonó sus tierras a lo largo del siglo XX. El Servicio de Parques Nacionales conservó los graneros y varias estructuras como distrito histórico, de modo que el visitante puede recorrer hoy los restos de aquel experimento de colonización y entender el enorme esfuerzo humano que suponía sobrevivir a los pies de los Tetons.
Otro capítulo singular de la historia del valle es el National Elk Refuge, creado en 1912 al norte del pueblo de Jackson. Cada invierno, miles de wapitíes (elk) descienden de las montañas nevadas hacia el valle en una de las migraciones de fauna más visibles de Norteamérica, y el refugio se estableció justamente para protegerlos del hambre y del avance humano. Hoy, en invierno, se pueden hacer paseos en trineo tirado por caballos entre las manadas, y en verano el mismo territorio forma parte del gran ecosistema que hace de Jackson Hole un santuario de vida salvaje. La historia de Grand Teton es, en el fondo, la de un puñado de personas —colonos, tramperos, filántropos y conservacionistas— que, cada una a su modo, moldearon y salvaron uno de los rincones más hermosos del planeta.