Antes de la llegada de los buscadores de oro, las llanuras al pie de las Montañas Rocosas donde hoy está Denver eran territorio de pueblos indígenas como los arapahoe y los cheyenne, que vivían de la caza del bisonte y se desplazaban por la región. Para ellos, la confluencia de Cherry Creek y el río South Platte era un lugar de paso y campamento.
Todo cambió en 1858, cuando se encontró oro en esa misma confluencia. La noticia desató una nueva fiebre del oro, la de Pikes Peak, que atrajo a decenas de miles de buscadores con el grito de 'Pikes Peak or Bust!' ('¡Pikes Peak o nada!'). En noviembre de 1858, un grupo de especuladores fundó un campamento al que llamaron Denver City, en honor a James W. Denver, gobernador del territorio de Kansas (al que entonces pertenecía la zona), con la esperanza de ganarse su favor.
Denver compitió al principio con otros campamentos rivales en la misma zona, como Auraria, hasta que las comunidades se fusionaron. La ciudad no surgió por su oro propio —que pronto se agotó— sino por su ubicación estratégica como punto de abastecimiento y comercio para los mineros que subían a las montañas en busca de filones. Esa función de 'ciudad de servicios' sería la clave de su supervivencia.
La supervivencia de Denver estuvo en duda en sus primeros años. Inundaciones, incendios, conflictos con los pueblos indígenas y la inestabilidad de la minería amenazaron al joven asentamiento. Pero el golpe más serio llegó a fines de la década de 1860, cuando el ferrocarril transcontinental, que unía el este y el oeste del país, decidió pasar por Cheyenne (Wyoming), al norte, dejando a Denver fuera de la ruta principal.
Lejos de resignarse, los líderes de Denver reaccionaron con energía: organizaron y financiaron la construcción de un ramal ferroviario, la Denver Pacific Railroad, que en 1870 conectó la ciudad con la línea transcontinental en Cheyenne. Esa conexión salvó a Denver y aseguró su futuro como centro comercial y de transporte de la región.
Con el ferrocarril llegaron el crecimiento y la prosperidad. La minería de plata en las montañas cercanas (en lugares como Leadville) generó grandes fortunas que se invirtieron en Denver, levantando mansiones, hoteles como el Brown Palace (1892), teatros y edificios comerciales en lo que hoy es LoDo. Cuando Colorado se convirtió en estado en 1876 —el año del centenario de la independencia de EE.UU., de ahí su apodo 'Centennial State'—, Denver fue elegida su capital.
El auge de la plata terminó abruptamente con el pánico financiero de 1893, cuando el gobierno dejó de comprar plata y los precios se derrumbaron, golpeando duramente a Colorado y a Denver. La ciudad tuvo que reinventarse y diversificar su economía más allá de la minería.
A lo largo del siglo XX, Denver se apoyó en varios pilares: la agricultura y la ganadería de las llanuras (con su famoso National Western Stock Show, una gran feria ganadera anual), la industria, y un papel creciente como centro administrativo. El gobierno federal instaló numerosas agencias y oficinas en Denver, convirtiéndola en uno de los mayores centros de empleo federal fuera de Washington. La cercanía de instalaciones militares y, más tarde, la industria de la energía (petróleo y gas) y la aeroespacial reforzaron su economía.
Denver también vivió episodios oscuros y de lucha. La masacre de Sand Creek (1864), en la que tropas atacaron un campamento pacífico de cheyennes y arapahoes, marcó la trágica historia de los pueblos originarios de Colorado. En el siglo XX, la ciudad fue escenario de importantes movimientos por los derechos civiles, en particular del activismo chicano liderado por figuras como Rodolfo 'Corky' Gonzales, reflejo de su importante comunidad mexicano-americana.
El Denver moderno se transformó a un ritmo acelerado a partir de fines del siglo XX. Un hito fue la inauguración, en 1995, del nuevo Aeropuerto Internacional de Denver (DEN), uno de los más grandes del mundo por superficie, que consolidó a la ciudad como gran hub aéreo del interior del país y motor de su economía.
En paralelo, el centro de la ciudad vivió una notable revitalización. El barrio histórico de LoDo (Lower Downtown), antaño deteriorado, se recuperó con la construcción del estadio de béisbol Coors Field (1995) y la restauración de la estación Union Station, que reabrió en 2014 convertida en un vibrante centro gastronómico y social. Barrios como RiNo (River North) pasaron de zonas industriales a distritos artísticos llenos de murales, cervecerías y restaurantes.
Dos fenómenos marcaron especialmente al Denver contemporáneo. Por un lado, la cerveza artesanal: Colorado se convirtió en uno de los grandes centros craft beer de Estados Unidos, y Denver alberga el Great American Beer Festival. Por otro, la legalización del cannabis recreativo en Colorado en 2014, pionera en el país. Sumado a su clima soleado, su cercanía a las Montañas Rocosas y su cultura de vida al aire libre, todo eso convirtió a Denver en una de las ciudades de mayor crecimiento y atractivo de Estados Unidos en el siglo XXI, aunque con desafíos como el alza del costo de vida y la presión sobre la vivienda.
Dos revoluciones muy distintas ayudaron a definir la identidad del Denver contemporáneo, y las dos tienen fecha y protagonistas concretos. La primera es la de la cerveza artesanal. En 1988, un joven geólogo llamado John Hickenlooper, que se había quedado sin trabajo por la crisis del petróleo, abrió en un edificio abandonado de la entonces deprimida zona de LoDo la Wynkoop Brewing Company, uno de los primeros brewpubs del oeste del país. El local no solo prosperó: ayudó a revitalizar todo el barrio y encendió la mecha de una escena cervecera que hoy hace de Colorado uno de los grandes polos craft de Estados Unidos. Hickenlooper, además, terminó siendo alcalde de Denver, gobernador de Colorado y senador. Desde 1982, la ciudad es sede del Great American Beer Festival, el mayor concurso y festival cervecero del país.
La segunda revolución llegó en las urnas. En noviembre de 2012, los votantes de Colorado aprobaron la Enmienda 64, que legalizó el consumo recreativo de cannabis para mayores de 21 años; las primeras tiendas legales del mundo para uso recreativo abrieron el 1 de enero de 2014 en Colorado, con Denver como epicentro. La medida, pionera a nivel global, transformó la economía y la imagen de la ciudad, atrajo turismo y generó cientos de millones de dólares en impuestos, aunque también abrió debates sobre regulación y salud pública que siguen vigentes.