Medido de la base a la cumbre, el Denali es más alto que el Everest. Suena imposible, pero es cierto: mientras el Everest arranca desde un altiplano tibetano ya elevado, el Denali se dispara unos 5.500 metros desde las tierras bajas que lo rodean, una de las mayores diferencias verticales base-cumbre del planeta. Con sus 6.190 metros de altitud absoluta es, además, la montaña más alta de Norteamérica, y su historia —geológica, humana y hasta política— es tan monumental como su silueta.
La montaña forma parte de la cordillera de Alaska, una cadena curva que se levantó (y sigue levantándose) por la presión tectónica entre la placa del Pacífico y la placa norteamericana, asociada a la gran falla de Denali. El Denali está formado en buena parte por un enorme batolito de granito, una masa de roca ígnea que se solidificó en profundidad y que, al ser más resistente a la erosión, quedó destacando a medida que el terreno se elevaba y los glaciares excavaban el entorno. La región sigue siendo sísmicamente activa.
Los glaciares modelan continuamente el paisaje: del macizo descienden enormes ríos de hielo, como el glaciar Kahiltna (el más largo de la cordillera de Alaska, ruta habitual de los andinistas) y el Muldrow. La combinación de altitud extrema y latitud subártica hace que el Denali tenga uno de los climas de montaña más severos del mundo, con temperaturas y vientos brutales en su cumbre.
El Denali y las tierras que hoy forman el parque son parte del territorio ancestral de pueblos atabascanos del interior de Alaska, en particular los Koyukon y otros grupos dene. Durante miles de años vivieron en estas tierras siguiendo las migraciones del caribú, cazando alce y aprovechando los recursos de los ríos y bosques, en un modo de vida seminómada adaptado al duro clima subártico.
Fueron ellos quienes dieron a la montaña su nombre original. En lengua koyukon, 'Deenaalee' (Denali) significa algo así como 'el alto' o 'el grande', un nombre cargado de respeto hacia la montaña dominante de su paisaje. Para los atabascanos, el Denali ocupa un lugar central en su geografía cultural y espiritual.
Ese nombre indígena, vivo durante siglos, fue desplazado por el de 'McKinley' a fines del siglo XIX, lo que dio lugar a una larga disputa que recién se resolvió en el siglo XXI con la restitución oficial de 'Denali'. Hoy el parque trabaja en estrecha relación con las comunidades nativas para reconocer y preservar su herencia y sus conocimientos sobre estas tierras.
En 1896, un buscador de oro llamado William Dickey, al regresar de la zona, bautizó a la montaña 'Mount McKinley' en honor a William McKinley, entonces candidato (y luego presidente) de los Estados Unidos, que defendía el patrón oro. El nombre se popularizó y quedó oficializado, pese a que McKinley nunca tuvo relación alguna con Alaska ni llegó a ver la montaña.
Durante todo el siglo XX, el nombre fue motivo de controversia. Los habitantes de Alaska, y en especial los pueblos originarios, reivindicaban el nombre ancestral 'Denali'. En 1975, el estado de Alaska pidió formalmente al gobierno federal que restituyera el nombre indígena, pero la solicitud quedó bloqueada durante décadas por la oposición de legisladores del estado de Ohio (de donde era McKinley).
La controversia se resolvió finalmente en 2015, cuando el Departamento del Interior de los Estados Unidos anunció oficialmente que la montaña volvería a llamarse 'Denali', reconociendo el nombre que los atabascanos le habían dado durante miles de años. Cabe señalar que el parque ya se llamaba 'Denali' desde 1980; lo que cambió en 2015 fue el nombre oficial de la propia montaña.
A comienzos del siglo XX, el naturalista y cazador deportivo Charles Sheldon pasó largas temporadas en la región estudiando la oveja de Dall y, alarmado por la caza comercial que amenazaba a la fauna, encabezó una campaña para proteger el área. Sus esfuerzos rindieron fruto en 1917, cuando se creó el Parque Nacional Mount McKinley, concebido en buena medida como un refugio de vida silvestre, más que como un santuario de la montaña en sí (que en sus inicios quedaba parcialmente fuera de los límites del parque).
La montaña también atrajo a los montañistas. La primera ascensión a la cumbre principal del Denali se logró en 1913, encabezada por Hudson Stuck y Walter Harper —este último, de ascendencia atabascana, fue el primero en pisar la cima—. Desde entonces, el Denali se consolidó como uno de los grandes desafíos del alpinismo mundial: cada año, cientos de escaladores intentan su cumbre, la mayoría por la ruta del glaciar Kahiltna, partiendo desde Talkeetna. Su clima extremo lo hace una montaña seria y peligrosa pese a su 'modesta' altitud comparada con las del Himalaya.
En 1980, la histórica Alaska National Interest Lands Conservation Act (ANILCA) amplió enormemente el parque, incorporando la montaña por completo y vastas extensiones de terreno, y lo rebautizó como Parque Nacional y Reserva Denali.
Hoy el Parque Nacional y Reserva Denali recibe alrededor de medio millón de visitantes al año, atraídos por la combinación de la montaña más alta del continente y uno de los mejores lugares de Norteamérica para observar fauna salvaje. Su modelo de gestión es distintivo: una sola carretera se interna en el parque, y el acceso más allá del km 24 está reservado a los buses oficiales, un sistema diseñado para minimizar el impacto humano y preservar el comportamiento natural de los animales.
Gracias a ese enfoque, Denali protege un ecosistema subártico casi intacto, con poblaciones saludables de osos grizzly, lobos, caribúes, alces y ovejas de Dall, además de ser un parque pionero en la investigación de largo plazo sobre estas especies. Es también el único parque nacional de los EE.UU. que mantiene una jauría de perros de trineo de trabajo, usados para patrullar el parque en invierno.
Los desafíos actuales son significativos. El cambio climático afecta con fuerza al interior de Alaska: el deshielo del permafrost provocó, en años recientes, un gran deslizamiento de tierra en un punto llamado Pretty Rocks, que cortó la Park Road e impidió a los buses llegar hasta el final mientras se construye un puente de bypass. A eso se suman la gestión de la creciente afluencia turística y la conservación de la fauna. Denali sigue siendo un símbolo de la naturaleza salvaje de Alaska y un destino de aventura de primer orden mundial.