A las 12:30 del 22 de noviembre de 1963, tres disparos en una plaza del centro de Dallas cambiaron el curso de la historia de Estados Unidos y sellaron para siempre el nombre de esta ciudad en la memoria mundial. Pero mucho antes de ser 'la ciudad que mató a Kennedy', Dallas ya era una historia improbable: una gran metrópolis levantada en medio de una pradera seca, sin puerto, sin montañas, sin petróleo bajo sus pies, que se hizo rica simplemente por estar en el cruce de los caminos correctos.
Dallas fue fundada en 1841 por el abogado y comerciante John Neely Bryan, que estableció un puesto comercial en un vado del río Trinity, en las praderas del norte de Texas, entonces parte de la efímera República de Texas. El origen del nombre 'Dallas' no está del todo claro: la hipótesis más aceptada lo vincula a George Mifflin Dallas, vicepresidente de Estados Unidos en la época, aunque hay otras versiones que apuntan a distintos miembros de la familia Dallas.
Durante sus primeras décadas, Dallas fue un modesto centro agrícola y comercial. El gran salto llegó en la década de 1870 con la llegada del ferrocarril: el cruce de las líneas Houston and Texas Central (norte-sur) y Texas and Pacific (este-oeste) convirtió a Dallas en un nudo ferroviario estratégico. Esto la transformó en un importante mercado de algodón, granos y ganado, y atrajo comercio, bancos e industria.
A fines del siglo XIX, Dallas ya era una próspera ciudad comercial. Su ubicación, sin grandes recursos naturales propios, hizo que su riqueza se basara en el comercio, las finanzas y los servicios, un rasgo que ha marcado su carácter hasta hoy: una ciudad nacida del comercio y la conexión, más que de la industria pesada.
El siglo XX consolidó a Dallas como una potencia económica del suroeste. Aunque la ciudad misma no estaba sobre yacimientos petrolíferos, el descubrimiento de enormes campos de petróleo en el este de Texas en la década de 1930 (el East Texas Oil Field, uno de los mayores del mundo en su momento) convirtió a Dallas en el centro financiero y administrativo de la industria petrolera de la región. Los bancos y aseguradoras de Dallas financiaron la explotación, y la ciudad creció con fuerza.
Dallas se transformó en un importante centro bancario, de seguros y comercial. En 1936 acogió la Texas Centennial Exposition en el Fair Park, un conjunto de edificios art déco que aún se conserva y es Patrimonio Histórico Nacional. La ciudad fue desarrollando su característico skyline de rascacielos y se convirtió en sede de grandes corporaciones.
Tras la Segunda Guerra Mundial, Dallas siguió expandiéndose junto a la vecina Fort Worth, formando una de las mayores áreas metropolitanas del país. La apertura en 1974 del enorme aeropuerto Dallas/Fort Worth (DFW) reforzó su papel como gran centro de conexiones aéreas y logísticas. Hoy su economía es diversificada: tecnología, telecomunicaciones, banca, defensa y comercio, con numerosas sedes corporativas de la lista Fortune 500.
El acontecimiento que marcó para siempre la historia de Dallas y la proyectó al mundo entero fue el asesinato del presidente John Fitzgerald Kennedy, ocurrido el 22 de noviembre de 1963. Aquel mediodía, la caravana presidencial recorría el centro de Dallas en un coche descapotable cuando, al pasar por Dealey Plaza, frente al Texas School Book Depository, sonaron varios disparos. El presidente Kennedy fue alcanzado y falleció poco después en el hospital Parkland.
Las investigaciones oficiales, encabezadas por la Comisión Warren, concluyeron que el autor de los disparos fue Lee Harvey Oswald, quien habría disparado desde una ventana del sexto piso del Depository. Oswald fue detenido pocas horas después, pero dos días más tarde, mientras era trasladado, fue asesinado a su vez por Jack Ruby, ante las cámaras de televisión, lo que alimentó durante décadas innumerables teorías y dudas sobre lo ocurrido.
El magnicidio convirtió a Dallas, durante mucho tiempo, en 'la ciudad que mató a Kennedy', una sombra que tardó años en superar. La conmoción fue enorme: por primera vez, millones de personas siguieron por televisión el desarrollo de una tragedia nacional en directo, incluido el propio asesinato de Oswald a manos de Ruby dos días después, transmitido en vivo. Con el tiempo, la ciudad asumió esa memoria de forma reflexiva: en 1989 abrió el Sixth Floor Museum, en el propio edificio del Depository, y Dealey Plaza, con su cenotafio memorial diseñado por Philip Johnson y la X que marca el lugar del disparo, se convirtió en un sitio de peregrinación histórica.
El caso nunca dejó de generar debate. La desclasificación progresiva de los archivos federales sobre el asesinato —un proceso que se extendió durante décadas y siguió liberando documentos en años recientes— mantuvo viva la fascinación pública y alimentó las teorías de conspiración. Sea cual sea la interpretación, el asesinato de JFK sigue siendo uno de los episodios más estudiados, filmados y debatidos del siglo XX, y Dealey Plaza, uno de los pocos lugares del mundo donde un instante de pocos segundos quedó grabado, analizado y discutido fotograma por fotograma.
Tras la sombra del magnicidio, Dallas pasó por décadas de fuerte crecimiento y de reinvención de su imagen. En los años 70 y 80, la ciudad se volvió un símbolo de la prosperidad y la opulencia del sur petrolero gracias, en parte, a la popularísima serie de televisión 'Dallas' (1978-1991), cuya saga de la familia Ewing y su rancho Southfork llevó el nombre de la ciudad a todo el planeta y fijó en el imaginario la imagen del magnate texano del petróleo.
El deporte ocupa un lugar central en la identidad de la ciudad. Los Dallas Cowboys, el equipo de fútbol americano, son una de las franquicias más valiosas y seguidas del mundo, apodados 'America's Team', con varios títulos de Super Bowl y un estadio futurista (el AT&T Stadium, en Arlington). A ellos se suman los Dallas Mavericks de la NBA —campeones en 2011—, los Texas Rangers de béisbol y los Dallas Stars de hockey, que hacen de la metrópoli una potencia deportiva.
En las últimas décadas, Dallas ha apostado fuerte por la cultura y la regeneración urbana: el Arts District, el más grande del país, con museos y salas firmadas por arquitectos de prestigio; el Klyde Warren Park, construido sobre una autopista; y la revitalización de barrios como Deep Ellum. El conjunto metropolitano Dallas-Fort Worth es hoy uno de los de mayor crecimiento de Estados Unidos, una región dinámica que atrae empresas, tecnología y población, manteniendo a la vez ese inconfundible orgullo texano que define su carácter.