Antes de la llegada de los europeos, la región de la bahía de Massachusetts estaba habitada por pueblos de lengua algonquina, entre ellos los massachusett, que dieron nombre al futuro estado (el topónimo suele asociarse a la idea de 'junto a la gran colina'). Vivían de la pesca, la caza y el cultivo, en aldeas repartidas por la costa. Las epidemias traídas por los primeros contactos europeos, a comienzos del siglo XVII, diezmaron trágicamente a esta población antes incluso de la colonización masiva.
La fundación de Boston está ligada al movimiento puritano. Los puritanos eran protestantes ingleses que buscaban 'purificar' la Iglesia anglicana y que, perseguidos en Inglaterra, decidieron emigrar a América para construir una sociedad según sus ideales religiosos. En 1630, una gran expedición liderada por John Winthrop, al frente de la Compañía de la Bahía de Massachusetts, llegó a la región. Tras un primer asentamiento, el grupo se instaló en una península llamada por los nativos Shawmut, atraído por sus buenas fuentes de agua, y fundó allí la ciudad, a la que llamaron Boston en recuerdo de la localidad inglesa del mismo nombre, de donde provenían varios colonos.
Winthrop expresó la ambición espiritual de aquel proyecto en una célebre imagen: la nueva comunidad debía ser 'una ciudad sobre una colina' ('a city upon a hill'), un ejemplo moral observado por el mundo entero. Boston se convirtió así en el centro de la colonia puritana de la Bahía de Massachusetts, una sociedad profundamente religiosa, austera y teocrática, que sin embargo sentó tempranamente bases de gran trascendencia, como la valoración de la educación.
A lo largo del siglo XVII, Boston creció rápidamente hasta convertirse en el principal puerto y centro comercial de las colonias inglesas de Nueva Inglaterra. Su excelente puerto natural la conectó con un activo comercio atlántico —incluido, como en tantas economías de la época, el tráfico de esclavos y el comercio de ron, azúcar y melaza—, y la ciudad se llenó de comerciantes, artesanos y marinos. El mar definió su carácter durante siglos.
Pero el rasgo más singular de la Boston puritana fue su temprana y profunda valoración de la educación y la cultura escrita, vinculada a la importancia que el protestantismo daba a la lectura de la Biblia. En 1635 se fundó la Boston Latin School, la escuela pública más antigua de Estados Unidos, y en 1636 se creó, en la vecina Cambridge, el Harvard College, la primera institución de educación superior del país, destinada en principio a formar ministros religiosos. Pocos años después, en 1638, llegó a la zona la primera imprenta de las colonias inglesas de Norteamérica.
Esta apuesta fundacional por la educación marcaría para siempre la identidad de Boston y de su región, sembrando la semilla de lo que con los siglos se convertiría en una de las mayores concentraciones de universidades y centros de investigación del planeta. La ciudad fue también escenario de las tensiones y rigideces de la sociedad puritana, como los conflictos religiosos y, ya a fines de siglo, la histeria que desembocó en los célebres juicios de brujas de la cercana Salem (1692).
En la segunda mitad del siglo XVIII, Boston se convirtió en el epicentro de la creciente tensión entre las Trece Colonias y la metrópoli británica. Tras las costosas guerras imperiales, el Parlamento británico empezó a imponer a las colonias una serie de impuestos (sobre el papel sellado, el té, el azúcar y otros productos) sin que los colonos tuvieran representación en Londres. De ahí surgió el célebre grito de protesta: 'No taxation without representation' ('Ningún impuesto sin representación'). Boston, ciudad comerciante y combativa, lideró la resistencia.
La tensión estalló en violencia el 5 de marzo de 1770, en la llamada Masacre de Boston: una multitud que hostigaba a un grupo de soldados británicos fue tiroteada, dejando cinco muertos. El episodio, hábilmente difundido por patriotas como Paul Revere a través de un famoso grabado, se convirtió en un poderoso símbolo de propaganda contra la opresión británica. Pero el acto más célebre llegó el 16 de diciembre de 1773: en protesta por el impuesto al té y el monopolio de la Compañía de las Indias Orientales, un grupo de colonos —algunos disfrazados de indígenas mohawk— abordó tres barcos en el puerto y arrojó al mar todo su cargamento de té. Aquel desafío audaz pasó a la historia como el Motín del Té (Boston Tea Party).
La respuesta británica fue dura: una serie de leyes punitivas (las 'Leyes Intolerables') que cerraron el puerto de Boston y recortaron el autogobierno de Massachusetts. Lejos de aplacar la rebeldía, estas medidas unieron a las colonias en su apoyo a Boston y precipitaron la marcha hacia la guerra. La ciudad se había ganado para siempre su lugar como 'cuna de la libertad' estadounidense.
La chispa que encendió la Guerra de Independencia estadounidense saltó en los alrededores de Boston, en la primavera de 1775. Las tropas británicas, que ocupaban la ciudad, planearon una expedición para confiscar las armas que las milicias coloniales (los 'minutemen', listos para combatir en un minuto) habían almacenado en la localidad de Concord. Los patriotas, alertados, organizaron un sistema de avisos para advertir a tiempo de cualquier movimiento de los 'casacas rojas'.
En la noche del 18 al 19 de abril de 1775, al confirmarse que los británicos salían por mar, se hizo la famosa señal desde la torre de la Old North Church de Boston: dos faroles encendidos ('one if by land, two if by sea'). Paul Revere y otros jinetes salieron entonces a galope para alertar a las milicias del campo. Al amanecer del 19 de abril, en Lexington, se produjo el primer enfrentamiento; horas después, en Concord, las milicias hicieron retroceder a los británicos en el puente conocido como North Bridge. Aquellos primeros disparos fueron bautizados por el poeta Emerson como 'el disparo que se oyó en todo el mundo' ('the shot heard round the world').
La guerra había comenzado. En junio de 1775, a las afueras de Boston, se libró la sangrienta batalla de Bunker Hill, en la que las milicias, aunque finalmente desalojadas de sus posiciones, infligieron numerosas bajas a los británicos y demostraron que estaban dispuestas a plantar cara. Tras un largo asedio, las fuerzas patriotas al mando de George Washington lograron en marzo de 1776 que los británicos evacuaran la ciudad. Boston quedó libre y consagrada como el lugar donde había nacido la lucha por la independencia.
El siglo XIX transformó profundamente a Boston. La ciudad creció físicamente de manera notable: grandes obras de relleno ganaron tierra al mar, creando barrios enteros como Back Bay y el South End sobre antiguas marismas y bahías. Boston pasó de ser una península a una ciudad mucho más extensa, y se fue dotando de los parques, bibliotecas e instituciones culturales que aún hoy la caracterizan.
A mediados de siglo, Boston recibió una inmigración masiva, sobre todo de irlandeses que huían de la Gran Hambruna de la patata (década de 1840). Aquella oleada, junto a otras posteriores (italianos en el North End, judíos, y más tarde otras comunidades), cambió para siempre la composición de la ciudad, dándole su fuerte identidad católica e irlandesa. Aunque al principio sufrieron discriminación, los irlandeses-bostonianos terminaron alcanzando un enorme peso político y social, encarnado más tarde en familias como los Kennedy.
Boston fue también un faro intelectual y moral del país. Fue uno de los grandes centros del movimiento abolicionista contra la esclavitud, con figuras y publicaciones influyentes, y un punto del 'ferrocarril subterráneo' que ayudaba a los esclavizados a alcanzar la libertad. Floreció además un notable movimiento cultural —el trascendentalismo, con autores como Emerson y Thoreau— y la ciudad se ganó el apodo, medio en serio medio en broma, de 'el Hub' o incluso 'la Atenas de América', por su efervescencia literaria, educativa y reformista.
Tras un período de relativa decadencia industrial a comienzos del siglo XX, Boston supo reinventarse apoyándose precisamente en aquella semilla fundacional: la educación y el conocimiento. La extraordinaria concentración de universidades y centros de investigación de la zona —con Harvard y el MIT a la cabeza, pero también decenas de otras instituciones— convirtió a Boston y su región metropolitana en una de las capitales mundiales de la educación superior, la ciencia, la medicina y la tecnología.
Esa base académica impulsó el desarrollo de industrias de alta tecnología, biotecnología y servicios financieros. El corredor de la Ruta 128, alrededor de la ciudad, fue uno de los primeros polos tecnológicos del país, y hoy Cambridge y el área de Boston albergan algunos de los mayores centros de investigación biomédica y de empresas innovadoras del planeta. Los hospitales universitarios de Boston están entre los más prestigiosos del mundo. La ciudad pasó así de su pasado portuario y manufacturero a una economía basada en el saber.
Boston conserva al mismo tiempo un orgulloso apego a su historia y a sus tradiciones. Cuida y celebra su patrimonio revolucionario a través del Freedom Trail y de los parques históricos; mantiene viva su identidad de barrios (el irlandés, el italiano, el aristocrático Beacon Hill); y vive con pasión su deporte, encarnado en equipos legendarios como los Red Sox del béisbol o los Celtics del básquet. En las últimas décadas, grandes proyectos urbanos —como el soterramiento de la autopista central, el 'Big Dig'— han renovado su rostro. Hoy Boston combina como pocas ciudades el peso de la historia más antigua del país con la energía de una de las metrópolis más innovadoras y universitarias del mundo.