Los lakota las llamaron 'mako sica' —tierra mala— y los exploradores franceses, 'les mauvaises terres à traverser', las malas tierras para cruzar. Ambos coincidían: este laberinto de pináculos rayados de colores, sin agua ni sombra, era uno de los lugares más inhóspitos de las Grandes Llanuras. Y sin embargo, esa misma dureza esconde un tesoro doble: un archivo de 75 millones de años de historia de la Tierra escrito en sus capas de roca, y uno de los yacimientos de fósiles de mamíferos más ricos del planeta. Lo más asombroso es que todo este paisaje es efímero: se erosiona tan rápido que, en tiempo geológico, está condenado a desaparecer.
El espectacular paisaje del Parque Nacional Badlands es el resultado de un largo proceso geológico de dos etapas: una larga fase de sedimentación seguida de una rápida erosión. Durante decenas de millones de años, la región estuvo cubierta primero por mares interiores y luego por llanuras y bosques, donde se fueron depositando, capa sobre capa, sedimentos de distintos colores y composición: arcillas, cenizas volcánicas, arenas y restos orgánicos. Estas capas, que hoy se ven como las características bandas horizontales de colores en las rocas, registran millones de años de historia ambiental.
La segunda etapa, mucho más reciente, comenzó hace alrededor de medio millón de años, cuando los ríos y arroyos empezaron a cortar y erosionar esas capas blandas de sedimento. El agua, el hielo y el viento esculpieron rápidamente el terreno, creando el laberinto de pináculos, agujas, cañones y mesetas que define las Badlands. Se trata de una erosión geológicamente veloz: el paisaje sigue cambiando hoy en día, y se estima que estas formaciones podrían desaparecer, erosionadas por completo, en un futuro geológico relativamente cercano.
La combinación de roca blanda, escasa vegetación y clima semiárido con lluvias intensas y esporádicas hace que la erosión continúe activamente. Por eso, cada tormenta sigue modelando las Badlands, en un proceso vivo que convierte al parque en un libro abierto de geología, donde se pueden leer a simple vista millones de años de la historia de la Tierra.
Las capas de sedimento de las Badlands no solo registran cambios ambientales, sino que han preservado uno de los yacimientos de fósiles de mamíferos más ricos del mundo, correspondientes sobre todo al periodo conocido como Oligoceno, hace decenas de millones de años. En esta región vivieron y quedaron fosilizados animales hoy extintos, como antiguos parientes del caballo y del rinoceronte, tortugas gigantes, carnívoros prehistóricos y muchos otros. Desde el siglo XIX, las Badlands han sido un terreno fundamental para la paleontología, y aún hoy se siguen hallando fósiles que se estudian en el parque.
Mucho antes de la llegada de los europeos, la región fue habitada y recorrida durante miles de años por pueblos indígenas. En tiempos más recientes, el área formaba parte del territorio del pueblo lakota (sioux). Fueron los lakota quienes acuñaron el nombre que describe el lugar: 'mako sica', que suele traducirse como 'tierra mala' o 'tierra difícil', en referencia a lo accidentado del terreno, la escasez de agua y las altas temperaturas, que lo hacían un lugar arduo para transitar. Los exploradores franceses lo llamaron de forma similar ('les mauvaises terres à traverser'), de donde proviene el nombre 'Badlands'.
La zona tiene además un significado histórico profundo para los lakota: el sector sur del actual parque, dentro de la reserva de Pine Ridge, está ligado a episodios trágicos de la resistencia indígena de finales del siglo XIX, cerca del lugar de la masacre de Wounded Knee. Este sector se administra hoy en colaboración con la nación oglala lakota.
El reconocimiento del extraordinario valor escénico, geológico y paleontológico de las Badlands llevó a su protección oficial en el siglo XX. En 1939, el presidente Franklin D. Roosevelt estableció el Badlands National Monument, dando los primeros pasos para preservar el área y abrirla a los visitantes, con la construcción de carreteras escénicas y servicios que facilitaron el turismo en esta remota región de Dakota del Sur.
En 1978, el área fue redesignada como Parque Nacional Badlands (Badlands National Park), elevando su nivel de protección y reconocimiento. El parque protege hoy no solo las formaciones erosionadas, sino también una de las mayores extensiones de pradera mixta protegida de Estados Unidos, un ecosistema que en su día cubría gran parte del centro del país y que hoy es escaso. Esta pradera alberga bisontes, perros de las praderas, borregos cimarrones y otras especies, y ha sido escenario de exitosos programas de conservación, como la reintroducción del bisonte y del amenazado hurón de patas negras.
El parque se gestiona en dos sectores: el norte, más accesible y visitado, con la carretera escénica y el centro de visitantes; y el sur, dentro de la reserva de Pine Ridge, administrado en cooperación con la nación oglala lakota. Hoy, las Badlands combinan la conservación de un paisaje único, un patrimonio fósil de talla mundial, un ecosistema de pradera y la memoria de los pueblos originarios de las Grandes Llanuras.
La transformación de las Badlands en destino turístico está íntimamente ligada a la historia de las carreteras del oeste americano y al auge del viaje en automóvil. A comienzos del siglo XX, cuando la zona aún era prácticamente inaccesible, la construcción de la carretera estatal y la futura ruta panorámica (la actual Badlands Loop Road) abrió por primera vez el corazón de las formaciones a los visitantes. En los años 30, durante la Gran Depresión, el Cuerpo Civil de Conservación (Civilian Conservation Corps, CCC) —el programa de empleo del New Deal de Franklin D. Roosevelt— trabajó en el área construyendo infraestructura, caminos y servicios, sentando las bases del futuro parque, que sería declarado monumento nacional en 1939.
Ningún relato del turismo en las Badlands está completo sin Wall Drug. En 1931, Ted y Dorothy Hustead compraron una pequeña farmacia (drug store) en el polvoriento pueblo de Wall, junto a la entrada norte. El negocio languidecía hasta que, en 1936, Dorothy tuvo la idea de colocar carteles en la ruta ofreciendo 'agua helada gratis' a los viajeros sedientos que cruzaban las llanuras rumbo al recién inaugurado Monte Rushmore. El truco fue un éxito rotundo: los autos empezaron a parar en masa, y Wall Drug creció hasta convertirse en una enorme y extravagante tienda-atracción de carretera, anunciada por miles de carteles repartidos por rutas de todo el país (e incluso del mundo). Hoy sigue ofreciendo café a cinco centavos y es una parada icónica y kitsch del viaje.
A lo largo del siglo XX, la combinación de la ruta panorámica, la cercanía al Monte Rushmore y las Black Hills, y fenómenos como Wall Drug consolidaron a las Badlands como una parada imprescindible del gran viaje por carretera del oeste de Estados Unidos. La redesignación como parque nacional en 1978 reforzó esa proyección, y hoy el parque recibe alrededor de un millón de visitantes al año, que llegan sobre todo en auto, fieles a la tradición del road trip que dio origen a su fama.