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Historia de San Sebastián

Donostia: una villa fronteriza al abrigo del monte

La historia de San Sebastián empieza al pie del monte Urgull, en una lengua de tierra entre el mar y el río Urumea que ofrecía un puerto natural resguardado. Hacia el año 1180, el rey Sancho VI de Navarra 'el Sabio' concedió a Donostia su carta de villa, integrándola en el reino de Navarra, que buscaba con ello una salida al mar Cantábrico. Poco después, a comienzos del siglo XIII, la villa y toda Gipuzkoa pasaron a la Corona de Castilla, a la que quedarían ligadas.

Durante la Edad Media y la Edad Moderna, San Sebastián creció como puerto pesquero y comercial y, sobre todo, como plaza militar. Su posición, a un paso de la frontera con Francia, la convirtió en un enclave estratégico de primer orden: una ciudad amurallada, con un castillo en lo alto del Urgull, que fue una y otra vez objetivo de guerras entre las coronas de España y Francia. Los donostiarras se hicieron a la mar como balleneros y pescadores de bacalao, llegando hasta Terranova, y comerciaron con hierro, lana y productos coloniales.

Aquella condición de plaza fuerte fronteriza marcó el destino de la ciudad durante siglos: crecía encerrada en sus murallas, sometida a asedios y bombardeos, sin poder expandirse. Esa tensión permanente entre su vocación de ciudad abierta al mar y su realidad de fortaleza militar acabaría estallando en la mayor tragedia de su historia, a comienzos del siglo XIX.

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31 de agosto de 1813: el saqueo y el incendio

El episodio más trágico de la historia de San Sebastián ocurrió durante la Guerra de la Independencia española contra la ocupación napoleónica. En 1813, la ciudad estaba en manos de una guarnición francesa al mando del general Louis Emmanuel Rey, y fue sitiada por las tropas aliadas anglo-portuguesas bajo el mando general de Arthur Wellesley, duque de Wellington, en su avance para expulsar a los franceses de la península.

Tras semanas de asedio y varios asaltos, el 31 de agosto de 1813 las tropas aliadas anglo-portuguesas —las mismas que, en teoría, venían a liberar la ciudad de los franceses— tomaron San Sebastián por la fuerza y se entregaron a un saqueo brutal. Los soldados asaltantes robaron, violaron, asesinaron a civiles y prendieron fuego a la ciudad. El incendio se prolongó durante días y arrasó prácticamente toda la villa: de la antigua San Sebastián solo quedó en pie una calle, la que hoy lleva por nombre 31 de Agosto, en memoria de aquella catástrofe. De los aproximadamente 7.000 habitantes, buena parte quedó sin hogar, y muchos murieron o huyeron.

El hecho fue, y sigue siendo, motivo de controversia histórica. El duque de Wellington negó después la responsabilidad de las tropas británicas y atribuyó la destrucción a los franceses, pero los testimonios y la investigación posterior señalan a los asaltantes aliados como responsables del saqueo y el incendio. Cada 31 de agosto, San Sebastián recuerda la tragedia con una ceremonia a la luz de las velas, la 'Danbolada' y actos conmemorativos. De aquellas cenizas, sin embargo, nacería una ciudad nueva: la reconstrucción se planificó con un trazado ordenado que dio origen a la San Sebastián moderna.

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La corte de verano y la 'belle époque'

La gran transformación de San Sebastián llegó en la segunda mitad del siglo XIX. En 1863 se autorizó por fin el derribo de las murallas que asfixiaban a la ciudad, y Donostia pudo por primera vez expandirse libremente más allá del casco antiguo. Se trazó el Ensanche, un barrio nuevo de calles amplias y edificios elegantes (el 'Área Romántica'), y la ciudad empezó a mirarse en las capitales europeas del momento.

El salto definitivo lo dio la monarquía. La reina regente María Cristina de Habsburgo-Lorena eligió San Sebastián como residencia de verano de la corte, y a partir de la década de 1880 la ciudad se convirtió en el balneario de moda de la aristocracia y la alta burguesía españolas. Para la reina se construyó el Palacio Miramar (1893), de aire inglés, sobre la bahía. La ciudad se llenó de hoteles de lujo, casinos, balnearios, teatros y villas señoriales: era la 'belle époque' donostiarra. De aquella época dorada son símbolos como el Hotel María Cristina (1912), el Teatro Victoria Eugenia, el puente María Cristina, el Kursaal original y la característica barandilla blanca del paseo de la Concha, que dieron a San Sebastián su inconfundible aire elegante y cosmopolita.

La presencia de la corte y de la buena sociedad convirtió a la ciudad en un escaparate de la moda, el ocio y la modernidad. Se popularizaron los baños de mar, las carreras de caballos, el tenis y el turismo de veraneo. San Sebastián se ganó entonces la fama de ciudad refinada y placentera que, en buena medida, conserva hasta hoy.

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La Guerra Civil y el franquismo

El siglo XX trajo a San Sebastián, como a toda España, la fractura de la Guerra Civil. Tras el golpe militar de julio de 1936 contra la República, la ciudad vivió unas primeras semanas de resistencia, pero cayó pronto en manos de las tropas sublevadas, en septiembre de 1936. La ocupación estuvo acompañada de una dura represión contra los partidarios de la República y del nacionalismo vasco.

Durante la larga dictadura de Franco (1939-1975), San Sebastián, como el resto del País Vasco, sufrió la supresión de las libertades, la prohibición del uso público del euskera y la persecución de cualquier expresión de identidad vasca o de disidencia política. Al mismo tiempo, y de forma paradójica, la ciudad mantuvo su papel de destino veraniego: el propio Franco pasaba temporadas de verano en el Palacio de Ayete de San Sebastián, y la ciudad siguió siendo un lugar de veraneo de la burguesía española.

Fue también en esta época, en 1953, cuando nació el Festival Internacional de Cine de San Sebastián, que con el tiempo se convertiría en uno de los grandes certámenes cinematográficos de Europa y en un símbolo cultural de la ciudad. Pero bajo la superficie de la ciudad-balneario latía un profundo malestar político que, en los años del tardofranquismo, desembocaría en una de las etapas más dolorosas de la historia reciente del País Vasco.

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El terrorismo de ETA y el fin de la violencia

Entre los últimos años del franquismo y las primeras décadas de la democracia, el País Vasco vivió una larga y dolorosa etapa marcada por el terrorismo de ETA (Euskadi Ta Askatasuna, 'País Vasco y Libertad'), una organización armada de ideología nacionalista e independentista fundada en 1959. A lo largo de varias décadas, ETA cometió más de 850 asesinatos, además de secuestros, extorsiones y atentados, con el objetivo declarado de lograr por la fuerza la independencia de un Estado vasco. La violencia golpeó a políticos, fuerzas de seguridad, empresarios, periodistas y ciudadanos, y condicionó durante años la vida social y política del País Vasco y de toda España.

Donostia y Gipuzkoa fueron uno de los escenarios de aquella etapa, que dejó una honda huella de sufrimiento en las víctimas y en la sociedad. La respuesta al terrorismo combinó la acción policial y judicial, la cooperación internacional y una creciente movilización social contra la violencia. Con el paso de los años, ETA se fue debilitando hasta quedar aislada.

El final llegó de forma escalonada. Tras un alto el fuego previo, el 20 de octubre de 2011 ETA anunció el 'cese definitivo de su actividad armada'. El anuncio se produjo tres días después de que se celebrara en la propia San Sebastián una Conferencia Internacional de Paz, con la participación de mediadores y personalidades internacionales, que reclamó el fin de la violencia. Años después, el 3 de mayo de 2018, la organización anunció su disolución definitiva. El fin de la violencia abrió una nueva etapa de convivencia y de memoria, en la que el reconocimiento a todas las víctimas sigue siendo un elemento central. Se trata de una historia reciente, compleja y sensible, que la sociedad vasca continúa elaborando.

https://es.wikipedia.org/wiki/Anuncio_del_cese_definitivo_dehttps://es.wikipedia.org/wiki/ETAhttps://es.wikipedia.org/wiki/Alto_el_fuego_de_ETA_de_2010

San Sebastián hoy: capital de la buena vida

La San Sebastián del siglo XXI es una ciudad en paz, próspera y reconocida internacionalmente por su calidad de vida. Ha sabido combinar su herencia 'belle époque' —el paseo de la Concha, los grandes hoteles, el aire elegante de la corte de verano— con una vitalidad cultural y gastronómica que la sitúan entre los destinos más deseados de Europa.

Su gran seña de identidad es la gastronomía. Cuna de la 'nueva cocina vasca', San Sebastián concentra, junto a sus alrededores, una de las mayores densidades de estrellas Michelin del mundo, con templos como Arzak, Akelarre, Martín Berasategui o Mugaritz, y una cultura del pintxo, en la Parte Vieja y en Gros, que ha convertido el simple hecho de comer de pie, de bar en bar, en una experiencia célebre en todo el planeta. A ello se suman las sociedades gastronómicas (los 'txokos'), tan típicas de la ciudad.

En el plano cultural, el Festival Internacional de Cine (Zinemaldia), que cada septiembre llena la ciudad de estrellas y proyecciones, es su gran cita, y en 2016 San Sebastián fue Capital Europea de la Cultura. La ciudad vive también del turismo, del surf en la playa de Zurriola, del arte de Chillida y Oteiza, y de un paisaje urbano que enamora: la bahía de la Concha, los montes Urgull e Igueldo, el Peine del Viento. Orgullosa de su identidad vasca y de su euskera cooficial, Donostia es hoy la mejor prueba de que una ciudad puede superar las tragedias de su historia y convertirse en sinónimo de belleza, buena mesa y calidad de vida.

https://es.wikipedia.org/wiki/San_Sebasti%C3%A1nhttps://www.sansebastianturismoa.eus/https://es.wikipedia.org/wiki/Festival_Internacional_de_Cine

📚 Bibliografía

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