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Historia de Ibiza

Los fenicios y el nacimiento de Ebusus

Ibiza es mucho más antigua de lo que su fama festiva podría sugerir: fue una de las grandes ciudades del Mediterráneo antiguo. Aunque hubo pobladores prehistóricos en la isla, la historia propiamente dicha comienza con los fenicios, el pueblo de navegantes y comerciantes del actual Líbano que surcaba todo el Mediterráneo fundando factorías. Hacia finales del siglo VII a.C., los fenicios establecieron un asentamiento en Sa Caleta, en la costa sur de la isla, cuyos restos arqueológicos se conservan y forman parte del Patrimonio Mundial de la Unesco.

Poco después, la población se trasladó a la bahía donde hoy se levanta la ciudad de Ibiza, y allí nació Ebusus (o Ibossim), una ciudad-puerto que la tradición, siguiendo al historiador Diodoro de Sicilia, data hacia el 654 a.C. El nombre 'Ebusus' se ha relacionado con el dios fenicio Bes, una divinidad protectora, alegre y algo grotesca, muy venerada en la isla. La elección del emplazamiento no fue casual: Ibiza contaba con un puerto natural excelente, tierras fértiles y, sobre todo, salinas, es decir, sal, uno de los productos más valiosos de la Antigüedad, imprescindible para conservar los alimentos.

Ebusus prosperó rápidamente como enclave comercial estratégico en las rutas marítimas entre la península ibérica, el norte de África, Cerdeña y el resto del Mediterráneo. La isla exportaba sal, pescado en salazón, lana, plomo e higos, y comerciaba con todo el mundo conocido. Había nacido una de las ciudades más importantes del Mediterráneo occidental, y su época de mayor esplendor estaba por llegar.

https://es.wikipedia.org/wiki/Ibizahttps://en.wikipedia.org/wiki/Puig_des_Molins

La Ibiza púnica: Tanit, Puig des Molins y el esplendor cartaginés

El gran momento de la Ibiza antigua llegó cuando la isla entró en la órbita de Cartago, la poderosa metrópoli púnica del norte de África heredera de los fenicios. A partir del siglo VI a.C., Ebusus se convirtió en un floreciente enclave del mundo cartaginés y vivió su edad de oro. La ciudad acuñó su propia moneda, desarrolló una potente industria (sal, salazones, cerámica, tintes) y se llenó de templos, talleres y comercios. Su población y su riqueza crecieron enormemente.

De aquel esplendor púnico quedan dos testimonios excepcionales. El primero es la necrópolis de Puig des Molins, el cementerio de la antigua Ebusus, considerado la necrópolis púnica más grande y mejor conservada del mundo: en la ladera del cerro se excavaron a lo largo de los siglos unas 3.000 tumbas subterráneas (hipogeos), donde los ibicencos enterraban a sus muertos con ricos ajuares. Se creía que Ibiza era una isla sagrada, un lugar bendito para descansar eternamente, libre de animales venenosos, y muchos púnicos de otros lugares querían ser enterrados aquí.

El segundo es el culto a la diosa Tanit, la gran divinidad femenina cartaginesa, señora de la fertilidad, el amor y la muerte. En la cueva-santuario de Es Culleram, en el norte de la isla, se le rendía culto y se han hallado centenares de figuras y ofrendas. La imagen de Tanit se ha convertido, con el paso de los milenios, en un auténtico símbolo de Ibiza. Fenicios y cartagineses dejaron una huella tan profunda que Ibiza es hoy uno de los lugares clave para entender la civilización púnica en el Mediterráneo.

https://es.wikipedia.org/wiki/Ibizahttps://en.wikipedia.org/wiki/Puig_des_Molins

De Roma al islam: siglos de transición

Tras las Guerras Púnicas, en las que Roma derrotó a Cartago, Ibiza fue entrando poco a poco en la esfera romana, aunque conservó durante mucho tiempo un notable grado de autonomía y su carácter púnico. Con el tiempo, la isla se integró plenamente en el Imperio: recibió primero el estatuto de ciudad federada (civitas foederata) y más tarde, bajo la dinastía Flavia, se convirtió en municipio romano con el nombre de Municipium Flavium Ebusitanum. Roma siguió explotando el gran recurso de la isla, las salinas, y Ebusus continuó siendo un puerto activo en las rutas comerciales del Mediterráneo occidental.

La decadencia del Imperio romano de Occidente arrastró a Ibiza a los siglos oscuros de la Antigüedad tardía. En el siglo V, los vándalos, que habían fundado un reino en el norte de África, ocuparon las Baleares. En el siglo VI, el Imperio bizantino de Justiniano las recuperó para el mundo romano de Oriente, y la isla quedó vinculada, de forma cada vez más débil, a Bizancio. Fue una época de inseguridad, con la piratería acechando y la población replegándose.

En el año 902, Ibiza fue incorporada al mundo musulmán, integrándose junto con el resto de las Baleares en el ámbito de Al-Ándalus. Los musulmanes la llamaron Yabisa, y durante más de tres siglos la isla vivió bajo el islam. Se mejoraron los sistemas de regadío y de aprovechamiento agrícola, se desarrolló la ciudad y buena parte de la población se convirtió a la nueva fe. La huella árabe sobrevive en la toponimia, en técnicas agrícolas y en el trazado del casco antiguo. Como el resto del archipiélago, Ibiza fue también, en ocasiones, base de la piratería que hostigaba las costas cristianas, lo que la puso en el punto de mira de los reinos del norte.

https://es.wikipedia.org/wiki/Ibizahttps://es.wikipedia.org/wiki/Municipium_Flavium_Ebusum

La conquista catalana de 1235 y los siglos de las salinas

El giro decisivo hacia la Ibiza actual se produjo en 1235. En el contexto de la expansión de la Corona de Aragón por el Mediterráneo iniciada por Jaime I con la conquista de Mallorca (1229), la toma de Ibiza se encomendó a Guillem de Montgrí, arzobispo electo de Tarragona, que dirigió la expedición junto con el infante Pedro de Portugal y el conde de Rosellón. Las tropas cristianas ocuparon el castillo de Ibiza, en lo alto de la actual Dalt Vila, el 8 de agosto de 1235. La conquista supuso el fin del dominio musulmán y el inicio de la etapa catalana: la población musulmana fue sustituida en buena medida por colonos cristianos llegados sobre todo de la zona de Gerona, que trajeron consigo la lengua catalana, todavía hoy propia de la isla en su variante ibicenca.

Durante los siglos siguientes, la gran riqueza de Ibiza siguió siendo la misma que en tiempos fenicios: las salinas. La sal se producía en las balsas de Ses Salines por evaporación del agua de mar, y su comercio, controlado y muy lucrativo, fue durante siglos el principal motor económico de la isla y una fuente de conflictos y privilegios. La 'sal de Ibiza' se exportaba por todo el Mediterráneo.

Pero la isla vivió también siglos de miedo. La amenaza constante de los piratas y corsarios berberiscos del norte de África obligó a fortificar Ibiza. En el siglo XVI, el rey Felipe II ordenó levantar la espectacular muralla renacentista que aún rodea Dalt Vila, una de las mejores conservadas del mundo, y por toda la isla se construyeron torres de vigilancia e iglesias-fortaleza donde la población rural se refugiaba durante los ataques. Aquella Ibiza amurallada y salinera, agrícola y marinera, con una vida dura y austera, se mantuvo casi inalterable hasta bien entrado el siglo XX.

https://es.wikipedia.org/wiki/Ibizahttps://es.wikipedia.org/wiki/Murallas_de_Ibiza

Los hippies y la Ibiza actual

La transformación de Ibiza en un icono mundial es un fenómeno reciente y fascinante. Durante siglos fue una isla pobre y aislada, al margen de las grandes corrientes. Todo empezó a cambiar a mediados del siglo XX. Ya en los años cuarenta y cincuenta llegaron algunos artistas e intelectuales atraídos por su luz, su tranquilidad y sus bajos precios. Pero el gran punto de inflexión llegó en los años sesenta y setenta, cuando Ibiza se convirtió en uno de los destinos favoritos del movimiento hippie internacional.

Miles de jóvenes de todo el mundo, en plena era de la contracultura, recalaron en la isla buscando libertad, naturaleza, sol y una forma de vida alternativa. Se instalaron en fincas del campo, llenaron las calas y crearon una cultura propia que dejó una huella imborrable: los mercadillos hippies (como el legendario Las Dalias), la característica moda 'Adlib' de ropa blanca y vaporosa, los atardeceres con música y una atmósfera de tolerancia y bohemia que sigue formando parte del alma de la isla. Ibiza se ganó una fama de paraíso libre y cosmopolita que la proyectó al mundo.

Sobre ese poso creció, a partir de los años ochenta y noventa, el fenómeno que hoy la hace mundialmente famosa: la industria de la música electrónica y los grandes clubes (Pacha, Amnesia, Space, luego Hï), que convirtieron a Ibiza en la capital global de la vida nocturna y en un imán para millones de visitantes cada verano. En 1999, la Unesco reconoció su valor patrimonial y natural inscribiendo en la lista de Patrimonio Mundial 'Ibiza, biodiversidad y cultura', que abarca Dalt Vila, la necrópolis de Puig des Molins, el yacimiento fenicio de Sa Caleta y las praderas de posidonia de sus aguas.

Hoy Ibiza vive una tensión permanente entre sus muchas caras: la isla de la fiesta y del lujo desbocado, con precios altísimos y una fuerte masificación estival que genera problemas de vivienda, agua y sostenibilidad; y la isla auténtica, la de los pueblos blancos, las salinas, las calas y el espíritu libre heredado de los hippies. Entre ambas, entre el ruido de los clubes y el silencio de Es Vedrà al atardecer, sigue latiendo una de las islas más antiguas y fascinantes del Mediterráneo.

📚 Bibliografía

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