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Historia de Córdoba

Corduba: la capital romana de la Bética

La historia de Córdoba como gran ciudad empieza con Roma. Hacia el año 169-152 a.C., el general Claudio Marcelo fundó (o refundó sobre un asentamiento turdetano anterior) la ciudad de Corduba a orillas del Guadalquivir, el gran río navegable del sur de Hispania. La ubicación era inmejorable: en el punto más interior al que llegaban los barcos por el río, en una tierra rica en trigo, aceite, vino y, sobre todo, en las minas de plata y cobre de Sierra Morena.

Corduba prosperó deprisa. Se convirtió en capital de la provincia de Hispania Ulterior y, tras la reorganización de Augusto, en capital de la Bética, una de las provincias más ricas y romanizadas del Imperio. La ciudad tuvo foro, templos, teatro, murallas, un puente de piedra sobre el Guadalquivir —origen del actual Puente Romano— y todos los signos de una urbe próspera. Por sus calles pasaba la Vía Augusta, la gran calzada que unía los Pirineos con Cádiz.

Córdoba dio además al mundo romano algunas de sus mentes más brillantes. Aquí nació hacia el año 4 a.C. Lucio Anneo Séneca, el gran filósofo estoico, dramaturgo y consejero (y luego víctima) del emperador Nerón, una de las figuras intelectuales más influyentes de toda la Antigüedad. También era cordobés su sobrino Lucano, autor del poema épico 'Farsalia'. De aquella Corduba romana quedan restos como el templo de la calle Claudio Marcelo, el mausoleo romano junto al Alcázar, mosaicos y, sobre todo, la traza del puente. Tras la crisis del Imperio, la ciudad pasó a manos de los visigodos, que la mantuvieron como sede episcopal, aunque perdió parte de su antiguo brillo.

https://es.wikipedia.org/wiki/C%C3%B3rdoba_(Espa%C3%B1a)https://es.wikipedia.org/wiki/Cordubahttps://es.wikipedia.org/wiki/S%C3%A9neca

Abderramán I y el emirato independiente

En el año 711, los ejércitos musulmanes procedentes del norte de África cruzaron el estrecho y en pocos años conquistaron casi toda la península ibérica, que pasó a llamarse al-Ándalus. En un primer momento, la capital estuvo en Sevilla, pero pronto se trasladó a Córdoba, que se convirtió en la sede del gobernador (walí) dependiente del califato de Damasco.

El giro decisivo llegó a mediados del siglo VIII. En el año 750, la dinastía omeya, que gobernaba el enorme imperio islámico desde Damasco, fue derrocada y masacrada por los abasíes. Uno de los pocos príncipes omeyas que logró escapar de la matanza, Abd al-Rahman (Abderramán), huyó a través del norte de África y llegó a al-Ándalus, donde en el año 756 se hizo con el poder y se proclamó emir independiente en Córdoba, rompiendo con los abasíes de Bagdad en lo político aunque no en lo religioso. Nacía así el Emirato de Córdoba, un Estado soberano gobernado por la dinastía omeya en el extremo occidental del mundo islámico.

Abderramán I no solo estabilizó su reino frente a rebeliones y presiones; también quiso dotar a su capital de un gran símbolo. En el año 785 ordenó comenzar la construcción de la gran mezquita de Córdoba, sobre el solar de una iglesia visigoda, sentando las bases del que sería uno de los edificios más grandiosos del islam. Sus sucesores emires (Hisham I, Abderramán II y otros) ampliaron la mezquita, embellecieron la ciudad, atrajeron a sabios y músicos de Oriente y convirtieron a Córdoba en una capital cada vez más rica y cosmopolita a lo largo de los siglos VIII y IX.

https://es.wikipedia.org/wiki/Emirato_de_C%C3%B3rdobahttps://es.wikipedia.org/wiki/Abderram%C3%A1n_Ihttps://es.wikipedia.org/wiki/Mezquita-catedral_de_C%C3%B3rd

El Califato de Córdoba (929) y Medina Azahara

El momento de máximo esplendor llegó en el siglo X con Abderramán III (891-961), uno de los grandes gobernantes de la historia de España. Al subir al poder en 912, el emirato estaba fragmentado por rebeliones internas. Abderramán III pasó décadas reunificando al-Ándalus por las armas y la diplomacia, y cuando se sintió lo bastante fuerte dio un paso trascendental: en el año 929 se proclamó califa, es decir, jefe supremo político y religioso, rompiendo por completo con Bagdad y elevando a Córdoba a la categoría de capital de un califato propio, el Califato de Córdoba.

Bajo Abderramán III y su hijo Alhakén II (961-976), Córdoba se convirtió en la ciudad más grande, rica y culta de Europa occidental. Se calcula que llegó a tener varios centenares de miles de habitantes, calles pavimentadas e iluminadas, agua corriente, cientos de mezquitas y baños, mercados, y una de las mayores bibliotecas del mundo, la de Alhakén II, con decenas de miles de volúmenes. Fue un faro del saber al que acudían estudiosos de toda Europa y del mundo islámico.

Como símbolo de ese poder, Abderramán III mandó construir a partir del año 936, a unos 8 km de la ciudad, una nueva capital administrativa y palaciega: Madinat al-Zahra (Medina Azahara), una fastuosa ciudad escalonada en terrazas, con alcázares, jardines, estanques, una mezquita y una decoración de mármoles y yeserías que dejaba boquiabiertos a los embajadores extranjeros. También se amplió por última y más espectacular vez la mezquita de Córdoba. Fue la cúspide de al-Ándalus, un momento en que la civilización cordobesa brillaba muy por encima de la Europa cristiana de la época.

https://es.wikipedia.org/wiki/Califato_de_C%C3%B3rdobahttps://ilc.csic.es/es/article/abderraman-iii-califato-omeyahttps://es.wikipedia.org/wiki/Medina_Azahara

Averroes, Maimónides y las tres culturas

Córdoba no fue solo poder y monumentos: fue, sobre todo, una capital del pensamiento. En sus calles convivieron —con jerarquías y tensiones, pero también con un intercambio intelectual extraordinario— musulmanes, judíos y cristianos (mozárabes), en lo que muchos historiadores han llamado, quizá idealizándolo, la ciudad de las tres culturas. Esa efervescencia dio dos de las mentes más influyentes de toda la Edad Media, ambas nacidas en la Córdoba del siglo XII.

Averroes (Ibn Rushd), nacido en 1126, fue filósofo, médico, jurista y astrónomo, el más grande comentarista de la obra de Aristóteles. Sus comentarios, traducidos al latín, fueron decisivos para el renacimiento del pensamiento filosófico en las universidades cristianas de Europa; sin Averroes no se entienden ni la escolástica ni buena parte de la filosofía occidental posterior. Su influencia fue tan grande que en la Europa medieval se le conocía simplemente como 'el Comentador'.

Maimónides (Moshé ben Maimón), nacido en Córdoba en 1138, fue el mayor filósofo y teólogo judío de la Edad Media, además de médico eminente. Autor de la 'Guía de perplejos' y de una monumental sistematización de la ley judía, su pensamiento influyó no solo en el judaísmo sino también en la teología cristiana e islámica. La intolerancia de los almohades, la dinastía norteafricana que dominó al-Ándalus en su época, lo obligó a emigrar; acabó sus días en Egipto, como médico de la corte. Hoy una estatua suya, sentado y con el pie brillante de tanto tocarlo, preside una plaza de la Judería cordobesa. Estos dos hijos de Córdoba resumen mejor que nada lo que la ciudad aportó a la civilización universal.

https://es.wikipedia.org/wiki/Averroeshttps://es.wikipedia.org/wiki/Maim%C3%B3nideshttps://es.wikipedia.org/wiki/C%C3%B3rdoba_(Espa%C3%B1a)

La caída del califato, la conquista de 1236 y el redescubrimiento

Todo esplendor tiene su ocaso, y el de Córdoba fue tan brusco como su ascenso. A finales del siglo X, el poder real quedó en manos del caudillo Almanzor, que gobernó de hecho en nombre de un califa títere y lanzó devastadoras campañas militares contra los reinos cristianos. Pero tras su muerte (1002), el califato se hundió en una sangrienta guerra civil, la fitna, que estalló en 1009. En ese caos, la joya de Medina Azahara fue saqueada e incendiada hacia 1010 y quedó abandonada, sepultada bajo la tierra durante casi mil años. En 1031, el último califa fue depuesto y el Califato de Córdoba se abolió: al-Ándalus se fragmentó en los pequeños reinos de taifas, y Córdoba perdió para siempre su hegemonía, primero ante Sevilla y luego ante las dinastías norteafricanas de almorávides y almohades.

El fin de la Córdoba musulmana llegó en el siglo XIII. En el marco del gran avance de la Reconquista cristiana, el rey Fernando III de Castilla, llamado 'el Santo', conquistó la ciudad el 29 de junio de 1236. La gran mezquita fue consagrada como catedral cristiana, y las campanas que Almanzor se había llevado a Córdoba como botín fueron devueltas a Santiago de Compostela. Comenzaba la Córdoba cristiana, con la construcción de iglesias 'fernandinas', el Alcázar de los Reyes Cristianos (siglo XIV) y, ya en el siglo XVI, la polémica inserción de una nave catedralicia en el centro mismo de la mezquita.

Tras siglos de esplendor, Córdoba entró en un largo período de modestia y despoblación, una ciudad provinciana que vivía a la sombra de su glorioso pasado. Ese pasado, sin embargo, acabó siendo su mayor tesoro. Las excavaciones de Medina Azahara en el siglo XX, la restauración de sus monumentos y el reconocimiento internacional devolvieron a Córdoba su lugar. Hoy la ciudad acumula reconocimientos de la Unesco —la Mezquita-Catedral, el casco histórico, la Fiesta de los Patios y Medina Azahara son todos Patrimonio de la Humanidad— y recibe a millones de viajeros que vienen a tocar, entre columnas y patios, uno de los cruces de civilizaciones más fascinantes de la historia de Europa.

https://es.wikipedia.org/wiki/Califato_de_C%C3%B3rdobahttps://es.wikipedia.org/wiki/Medina_Azaharahttps://es.wikipedia.org/wiki/Fernando_III_de_Castillahttps://whc.unesco.org/en/list/313/

📚 Bibliografía

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