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Historia de Ptuj

Poetovio: la gran ciudad romana del Drava

Ptuj presume, con razón, de ser la ciudad documentada más antigua de Eslovenia, y su historia se hunde en la prehistoria: hay huellas de asentamiento humano en la zona desde la Edad de Piedra, y en la Edad del Hierro existió aquí una comunidad ligada a las culturas centroeuropeas. Pero el gran salto llegó con Roma. En el vado del río Drava, punto clave de las rutas que unían Italia con la Panonia y el Danubio, los romanos establecieron un campamento militar que pronto se convirtió en ciudad: Poetovio.

En el siglo I d.C., bajo el emperador Trajano, Poetovio recibió el rango de colonia, y llegó a ser uno de los centros más importantes de la provincia de Panonia. Se calcula que en su apogeo albergó decenas de miles de habitantes, con legiones acuarteladas, foros, templos, termas, talleres y barrios a ambas orillas del Drava. Era una ciudad cosmopolita, cruce de soldados, comerciantes y funcionarios de todo el imperio.

De aquella Poetovio quedan testimonios extraordinarios. El más famoso es el monumento de Orfeo (Orfejev spomenik), una gran estela funeraria de mármol del siglo II, de más de cinco metros de altura, que se conserva en su lugar original en la plaza principal. Y quizá lo más singular sean los mitreos: santuarios subterráneos dedicados al dios Mitra, una divinidad de origen oriental cuyo culto mistérico era muy popular entre los soldados romanos. Ptuj conserva varios de los mitreos mejor preservados de esta parte de Europa, con sus altares y relieves, testigos de una religiosidad que compitió con el cristianismo naciente.

El castillo, los arzobispos de Salzburgo y la ciudad medieval

El fin del mundo romano llegó con las grandes migraciones. Entre los siglos IV y VI, Poetovio sufrió el paso de pueblos como los godos, los hunos y otros, y la vida urbana se contrajo. Después, entre los siglos VI y VII, llegaron los eslavos, antepasados de los eslovenos, que repoblaron la región y le dieron su lengua. El nombre romano Poetovio evolucionó, a través del eslavo, hasta la forma Ptuj.

En la Alta Edad Media, la zona entró en la órbita del poderoso arzobispado de Salzburgo, una de las grandes instituciones eclesiásticas del Sacro Imperio. Los arzobispos convirtieron Ptuj en un bastión de su poder en estas tierras fronterizas: sobre la colina que domina el río levantaron, ya en el siglo XII, el castillo que todavía preside la ciudad, y fomentaron el crecimiento del núcleo urbano a sus pies. Ptuj recibió derechos de ciudad en el siglo XIII (hacia 1257 se la menciona ya como ciudad), lo que la convirtió en una de las urbes con fuero más antiguas de Eslovenia.

La Ptuj medieval prosperó gracias a su puente sobre el Drava, su mercado, sus ferias y su posición en las rutas comerciales. Se instalaron órdenes religiosas —dominicos y minoritas (franciscanos)— que levantaron monasterios que aún se conservan, y la ciudad se llenó de iglesias, casas nobles y murallas. En 1479 la ciudad fue tomada brevemente por el rey Matías Corvino de Hungría, en el marco de sus guerras con los Habsburgo, muestra de lo disputada que era esta frontera.

Bajo los Habsburgo: turcos, vino y comercio

Desde finales de la Edad Media y durante siglos, Ptuj y toda la Baja Estiria quedaron firmemente bajo el dominio de los Habsburgo de Austria, que gobernaban desde Viena y Graz. Fueron tiempos de luces y sombras. Por un lado, la ciudad vivió del comercio fluvial por el Drava, de las ferias y, muy especialmente, del vino: las colinas cercanas de Haloze y Slovenske Gorice, de suelos y clima ideales, produjeron desde antiguo unos blancos apreciados, y la bodega de la ciudad —la Ptujska klet— tiene una tradición documentada de más de siete siglos, lo que la convierte en una de las bodegas en activo más antiguas del país.

Por otro lado, los siglos XV y XVI trajeron el terror de las incursiones otomanas. Los ejércitos y las partidas de saqueo del Imperio otomano, que había conquistado los Balcanes y asediaba Viena, penetraban por estas tierras eslovenas devastando el campo, quemando aldeas y llevándose cautivos. Ptuj, amurallada y con su castillo, reforzó sus defensas y sirvió de refugio a la población de la comarca. La amenaza turca marcó durante generaciones la vida y el imaginario de la región.

A la sombra de esas tensiones, la ciudad conservó su carácter y su cultura. La Reforma protestante tuvo cierto eco en la Estiria eslovena antes de que la Contrarreforma católica, impulsada por los Habsburgo, la revirtiera, dejando el paisaje barroco de iglesias y monasterios que hoy se admira. Ptuj era una ciudad pequeña pero orgullosa de su antigüedad, con una identidad forjada entre lo esloveno, lo alemán y lo panónico.

Los Kurent: un rito de invierno más antiguo que la memoria

Entre todas las tradiciones de Ptuj, ninguna es tan singular ni tan famosa como la de los Kurent (o Korant), protagonistas del carnaval que hoy se celebra bajo el nombre de Kurentovanje. Sus raíces se pierden en el mundo precristiano de los pueblos eslavos y en ritos agrarios de fertilidad y cambio de estación, aunque la tradición tal como la conocemos se fijó en los pueblos de la región de Ptuj (el Ptujsko polje y las colinas vecinas) a lo largo de los siglos.

El Kurent es una figura inconfundible: un hombre cubierto de piel de oveja, con una máscara de cuernos, ojos rodeados de rojo, una larga lengua roja de cuero y grandes cencerros (zvonci) colgados a la cintura. En los días de carnaval, los grupos de Kurent recorren pueblos y calles saltando, moviendo las caderas para hacer sonar los cencerros con estruendo, con la misión simbólica de ahuyentar el invierno y despertar la primavera. Se les unen otras máscaras tradicionales —arados, osos, brujas, novios— en un rico teatro popular.

Esta tradición viva, transmitida de generación en generación en las comunidades rurales, fue reconocida en 2017 por la UNESCO como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, dentro de las 'puertas de primavera' de los Kurent. En el siglo XX, la ciudad de Ptuj organizó el Kurentovanje como un gran festival de carnaval que reúne estos grupos y otros de todo el país y del extranjero; hoy dura unos diez días y es uno de los eventos más importantes de Eslovenia, situado por publicaciones internacionales entre los carnavales más originales del mundo.

Del ferrocarril a la Eslovenia independiente

El siglo XIX trajo la modernización. La llegada del ferrocarril conectó Ptuj con Viena, Graz, Zagreb y Budapest, integrándola en las redes del Imperio austrohúngaro y dando salida a su vino y sus productos. En paralelo, el despertar nacional esloveno también prendió aquí, en una ciudad donde convivían la mayoría eslovena y una minoría de habla alemana, con las tensiones nacionales típicas de la frontera lingüística del imperio.

El siglo XX fue convulso. Tras el hundimiento de Austria-Hungría en 1918, Ptuj pasó a formar parte del nuevo Estado de los eslovenos, croatas y serbios, luego Yugoslavia. La Segunda Guerra Mundial trajo la ocupación de la Alemania nazi, que anexionó la Baja Estiria al Reich e impuso una brutal política de germanización, con deportaciones, represión y persecución de la población eslovena; la resistencia partisana fue activa en la región. Terminada la guerra, Ptuj se integró en la Yugoslavia socialista de Tito, dentro de la República de Eslovenia, y vivió décadas de industrialización y cambios sociales, sin perder su casco histórico.

Con la independencia de Eslovenia en 1991 y la entrada del país en la Unión Europea en 2004, Ptuj se reinventó como destino cultural y turístico. Restauró su castillo y su casco medieval, potenció su herencia romana y su tradición vinícola, desarrolló sus termas y proyectó internacionalmente el carnaval de los Kurent. Hoy, esta pequeña ciudad a orillas del Drava ofrece al visitante casi dos mil años de historia continua: la Poetovio de los legionarios y los santuarios de Mitra, la Ptuj de los arzobispos de Salzburgo y las murallas antiturcas, las bodegas centenarias y las máscaras de invierno que siguen saltando cada febrero para llamar a la primavera.

📚 Bibliografía

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