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Historia de Štrbské Pleso

Un lago nacido del hielo, una tierra de pastores

Mucho antes de que existieran hoteles, trampolines de salto o trenes cremallera, hubo un glaciar. El lago que da nombre a Štrbské Pleso es un pleso de origen glaciar: se formó al final de la última glaciación, hace unos diez o doce mil años, cuando los grandes ríos de hielo que bajaban de los Altos Tatras se retiraron y dejaron una cubeta excavada en la roca y cerrada por una morrena, la acumulación de rocas y sedimentos que el glaciar empujó ladera abajo. El agua de deshielo llenó esa cubeta y creó el lago que hoy refleja los picos, a unos 1.346 metros de altitud, el mayor y más famoso de los plesá de la vertiente sur de los Tatras.

Durante siglos, la zona no tuvo asentamiento permanente. Pertenecía al término de la aldea de Štrba, en el valle, cuyos habitantes —campesinos y pastores de las regiones de Liptov y del Spiš, en el reino de Hungría— subían en verano a los prados de altura con sus rebaños de ovejas. De esa vida pastoril, común a todos los Tatras, proviene la cocina de la región, con la bryndza (queso fresco de oveja) como emblema. La alta montaña que rodeaba el lago era, en cambio, dominio de cazadores, recolectores de hierbas medicinales y de los legendarios buscadores de tesoros que se internaban en los valles soñando con vetas de oro y plata.

El lago y su entorno eran, en suma, un lugar apartado y silvestre, conocido por los lugareños pero ajeno al resto del mundo. Todo cambiaría en el siglo XIX, cuando una nueva sensibilidad hacia la montaña y una revolución en los transportes pusieran a Štrbské Pleso en el mapa.

El nacimiento del balneario de montaña (siglo XIX)

El siglo XIX trajo a los Tatras el Romanticismo, que convirtió la montaña de lugar temido en paisaje sublime y deseable, y el descubrimiento médico de que el aire puro y seco de la altura ayudaba a los enfermos pulmonares, sobre todo a los tuberculosos. Así, a lo largo de la centuria, al pie de los Altos Tatras fueron surgiendo balnearios y estaciones climáticas. Štrbské Pleso, con su lago espectacular y su altitud, era un emplazamiento ideal.

La fecha clave suele situarse en 1872, cuando se levantó junto al lago el primer establecimiento hotelero y de reposo, impulsado por iniciativas privadas y por el interés de la aristocracia y la burguesía del imperio austrohúngaro por los aires de montaña. En las décadas siguientes se sumaron más hoteles, villas, un sanatorio para enfermedades respiratorias y jardines, y el conjunto adquirió el aire de balneario elegante de la belle époque que todavía se percibe en algunos edificios. Štrbské Pleso se consolidó como estación climática de prestigio, frecuentada por veraneantes que buscaban salud, paisaje y distinción.

El desarrollo turístico habría sido imposible sin el tren. En 1871 la línea de Košice a Bohumín, que pasaba por Štrba, acercó los Tatras al resto del imperio. Y a comienzos del siglo XX se construyó el tren cremallera que unía la estación de Štrba, en el valle, con Štrbské Pleso, salvando la fuerte pendiente entre bosques; junto con el ferrocarril eléctrico de los Tatras, que enlazó los pueblos-base, hizo del lago un destino cómodo de alcanzar. La montaña apartada de los pastores se había vuelto accesible para miles de visitantes.

Del imperio a Checoslovaquia: guerras y cambios (1918-1945)

Tras la Primera Guerra Mundial y la disolución del imperio austrohúngaro en 1918, la región de los Tatras pasó a integrarse en la nueva Checoslovaquia, junto con el resto de Eslovaquia. Štrbské Pleso continuó su vida de estación climática y de deportes de invierno, ahora dentro de un Estado que promovía el turismo de montaña para sus ciudadanos. En el período de entreguerras se ampliaron los servicios y se afianzó su fama como lugar de salud y esquí.

La Segunda Guerra Mundial y los años del Estado eslovaco satélite de la Alemania nazi, y luego el Levantamiento Nacional Eslovaco de 1944, trajeron a los Tatras la violencia de la época: combates, operaciones partisanas en las montañas y la dureza de la ocupación. Los grandes hoteles y sanatorios de la región vivieron años difíciles, requisados o afectados por la guerra.

Acabada la contienda y con la llegada del régimen comunista a Checoslovaquia en 1948, Štrbské Pleso, como toda la zona, entró en una nueva etapa. La montaña se democratizó: el turismo dejó de ser privilegio de la aristocracia y se abrió a las masas de trabajadores, con complejos hoteleros, casas de reposo sindicales y sanatorios estatales. Y en 1949 se creó el Parque Nacional de los Tatras (TANAP), que puso bajo protección todo el macizo y estableció las bases de la conservación que todavía rige la zona.

1970: el Campeonato Mundial de Esquí Nórdico

El acontecimiento que transformó definitivamente Štrbské Pleso fue la designación del pueblo como sede del Campeonato Mundial de Esquí Nórdico de la FIS en 1970. Fue la primera vez que Checoslovaquia organizaba un mundial de esta disciplina, y Štrbské Pleso, con su altitud y su nieve segura, fue elegido como escenario. Para el evento se acometió una enorme obra de modernización: se construyeron las grandes trampolines de salto de esquí que todavía dominan el perfil del pueblo, un estadio de saltos, pistas de esquí de fondo, hoteles como el emblemático Hotel FIS y el Hotel Patria, y buena parte de la infraestructura deportiva y turística que define el lugar.

El Mundial de 1970 puso a Štrbské Pleso en el mapa deportivo internacional y consolidó su vocación como capital del esquí nórdico y el biatlón de Eslovaquia. Desde entonces, sus pistas de fondo y su estadio de saltos han acogido numerosas competencias, y el pueblo se convirtió en centro de entrenamiento y en referencia del deporte invernal del país. Las trampolines, visibles desde el paseo del lago, son hoy uno de los símbolos visuales del lugar.

Este impulso deportivo se sumó al carácter de estación climática y de destino de senderismo que ya tenía Štrbské Pleso, haciendo de él un lugar de todo el año: senderismo y paseos en verano, esquí de fondo, alpino y biatlón en invierno. La construcción, eso sí, dejó también un pueblo-estación de aire funcional junto a los edificios históricos, fruto de la arquitectura de la época socialista.

Štrbské Pleso hoy: entre el turismo y la conservación

En noviembre de 2004, el gran vendaval que asoló los Altos Tatras derribó millones de árboles en la vertiente sur, y el sector de Štrbské Pleso y su entorno sufrió también la pérdida de buena parte del bosque de pícea que rodeaba el pie de monte. La recuperación forestal ha sido lenta pero visible, y hoy el bosque joven vuelve a cubrir muchas laderas. El episodio dejó clara la fragilidad del ecosistema de alta montaña y alimentó el debate, siempre presente, entre el desarrollo turístico y la conservación.

Hoy Štrbské Pleso es uno de los destinos más visitados de los Altos Tatras y de Eslovaquia. Combina el atractivo fácil del paseo alrededor del lago —accesible para todos— con la puerta a la alta montaña que suponen sus valles y lagos glaciares, y con la oferta invernal de esquí de fondo, alpino y biatlón. Grandes hoteles renovados, como el Kempinski a orillas del lago, conviven con pensiones y refugios, y el tren cremallera y el eléctrico de los Tatras siguen llevando visitantes como hace más de un siglo.

El reto del presente es el mismo que el de toda la montaña: gestionar la enorme afluencia de visitantes sin dañar el parque nacional. Los estacionamientos se saturan en temporada, los senderos altos se cierran cada invierno por seguridad y por protección de la fauna, y las autoridades del TANAP buscan el equilibrio entre abrir la montaña al público y preservar su naturaleza. Así, el lago glaciar que nació del hielo hace milenios y que fue durante siglos territorio de pastores sigue siendo, transformado en estación de montaña de fama internacional, uno de los rincones más queridos y fotografiados de los Cárpatos.

📚 Bibliografía

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