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Historia de Castillo de Spiš (Spišský hrad)

De la colina prehistórica al castillo románico (siglos XI-XII)

La colina de travertino sobre la que hoy se alza el Castillo de Spiš estuvo habitada y fortificada mucho antes de que existiera el castillo medieval. Los arqueólogos han hallado en su cima restos de un asentamiento fortificado de la Edad del Bronce y de la cultura de Púchov, y más tarde de la época de la Gran Moravia, el primer gran estado eslavo de la región, entre los siglos IX y X. La posición era inmejorable: una loma blanca y aislada que dominaba toda la llanura del Spiš y controlaba las rutas comerciales que unían el norte del reino de Hungría con Polonia.

El castillo de piedra propiamente dicho comenzó a levantarse en el siglo XII. La primera mención escrita conocida data de 1120, aunque la construcción de la fortaleza románica —con la característica torre circular del homenaje y el palacio— se desarrolló sobre todo a lo largo de ese siglo y del siguiente. Desde el principio, el Spišský hrad fue una fortaleza real y administrativa, sede del comitatus del Spiš, la unidad territorial del reino húngaro que gobernaba la región.

La combinación de un emplazamiento naturalmente defendible y de su valor estratégico sobre las rutas del norte hizo del castillo, ya en sus orígenes, uno de los puntos fuertes del reino de Hungría en los Cárpatos. Esa importancia no haría más que crecer tras el gran cataclismo que se avecinaba a mediados del siglo XIII.

La invasión mongola y la gran ampliación (siglo XIII)

En 1241, las hordas mongolas de Batú Kan irrumpieron en el reino de Hungría y lo devastaron tras la desastrosa derrota húngara en la batalla de Mohi. La invasión mongola fue un trauma que cambió la manera de defender el país: el rey Béla IV comprendió que las fortificaciones de madera y tierra eran inútiles y ordenó levantar y reforzar castillos de piedra en las alturas por todo el reino. El Castillo de Spiš fue uno de los grandes beneficiarios de esa política.

Según la tradición, el castillo resistió el embate mongol gracias a su posición y a sus muros de piedra, y en las décadas siguientes fue ampliado y reforzado de manera considerable. Se agrandó el recinto, se reforzaron las murallas y se sumaron nuevas construcciones, convirtiéndolo en una de las mayores fortalezas del reino. A lo largo de los siglos XIII y XIV, el patio inferior fue creciendo hasta abarcar más de cuatro hectáreas, un tamaño excepcional que permitía refugiar a la población de la comarca en tiempos de guerra.

Durante este período, el castillo consolidó su papel como centro del poder en el Spiš. Fue residencia de los condes provinciales y punto de apoyo de la colonización alemana de la región (los llamados sajones del Spiš), que fundaron ciudades prósperas como Levoča y trajeron privilegios, comercio y una notable cultura urbana. El castillo y las ciudades del Spiš formaban un sistema de poder y riqueza que haría de la región una de las más desarrolladas del reino húngaro medieval.

Zápolya, Thurzó y Csáky: las grandes familias (siglos XV-XVIII)

A lo largo de la Baja Edad Media y la Edad Moderna, el Castillo de Spiš pasó por las manos de algunas de las familias más poderosas del reino de Hungría, que lo transformaron de fortaleza militar en residencia señorial y símbolo de estatus. La primera de ellas fue la de los Zápolya (Szapolyai), que obtuvo el castillo a finales del siglo XV y lo convirtió en una de sus sedes principales. En sus muros nació, en 1487, Juan Zápolya, que llegaría a ser Juan I, rey de Hungría, una de las figuras clave de la turbulenta política húngara del siglo XVI, tras la catástrofe de la batalla de Mohács de 1526.

Los Zápolya remodelaron el castillo en estilo gótico tardío, ampliaron el palacio y añadieron una capilla. Más tarde, en el siglo XVI, el dominio pasó a la familia Thurzó, ricos comerciantes y financieros de origen eslovaco-alemán ligados a la minería y al gran capital centroeuropeo (asociados con los Fugger de Augsburgo). Los Thurzó introdujeron elementos renacentistas y mejoraron las condiciones de habitabilidad de la fortaleza.

En 1638, el castillo pasó a la familia Csáky, que lo poseería durante casi tres siglos, hasta el siglo XX. Para entonces, sin embargo, el Spišský hrad había perdido buena parte de su valor militar: las guerras habían cambiado, la artillería hacía obsoletas las viejas fortalezas de altura y las familias nobles preferían residir en cómodos palacios en el valle. El enorme castillo, caro de mantener y cada vez menos habitado, entró lentamente en decadencia.

El incendio de 1780 y el abandono como ruina

El golpe definitivo llegó en 1780, cuando un gran incendio arrasó el Castillo de Spiš. Las causas exactas nunca se establecieron con certeza —se habló de un rayo, de un descuido o incluso de un incendio provocado por soldados que destilaban alcohol en el recinto—, pero el resultado fue devastador: los tejados, los pisos de madera y buena parte de las estructuras interiores quedaron destruidos. La familia Csáky, que ya residía en palacios más confortables del valle, decidió no reconstruir la enorme fortaleza.

A partir de entonces, el castillo quedó abandonado a su suerte y comenzó su lenta transformación en ruina. Durante casi dos siglos, las murallas y torres se fueron deteriorando, expuestas al viento, la lluvia y la nieve de la meseta del Spiš. Paradójicamente, ese abandono preservó la planta medieval del conjunto: al no reconstruirse ni modernizarse, el castillo conservó su estructura de fortaleza gótico-renacentista, sin las intervenciones que desfiguraron otros monumentos.

Durante el siglo XIX, la silueta romántica de las ruinas sobre su colina blanca se convirtió en una imagen célebre, dibujada y pintada por viajeros y artistas. Pero fue recién en el siglo XX cuando se emprendieron los primeros trabajos serios de consolidación y estudio arqueológico, que rescataron el monumento del deterioro total y sentaron las bases para su musealización.

Consolidación, Unesco y presente (siglo XX-hoy)

A lo largo del siglo XX, y sobre todo desde las décadas de 1960 y 1970, el Estado emprendió campañas sistemáticas de investigación arqueológica y consolidación del Castillo de Spiš. No se trató de reconstruir la fortaleza tal como fue —lo que habría falseado el monumento— sino de estabilizar las murallas y torres para detener su ruina, recuperar algunas salas y abrir el conjunto a la visita pública. En las salas consolidadas del palacio superior se instaló una exposición del Museo del Spiš, parte del Museo Nacional Eslovaco (SNM).

El reconocimiento internacional llegó en 1993, cuando la Unesco inscribió en la lista del Patrimonio Mundial el sitio 'Levoča, Spišský hrad y los monumentos culturales asociados'. La inscripción no abarca solo el castillo, sino todo un conjunto excepcional de la región del Spiš: la fortaleza, el vecino recinto eclesiástico amurallado de Spišská Kapitula con su catedral de San Martín, la iglesia gótica del Espíritu Santo de Žehra con sus frescos medievales, y la ciudad medieval amurallada de Levoča, que fue añadida formalmente al sitio en 2009. En conjunto, representan un testimonio único de la evolución de la arquitectura militar, religiosa y urbana en Europa central entre los siglos XIII y XV.

Hoy, el Castillo de Spiš es uno de los monumentos más visitados y fotografiados de Eslovaquia, y una de las mayores ruinas castilleras de Europa central. Recibe cada año a miles de visitantes que suben a su colina de travertino para recorrer sus patios al aire libre, subir a la torre circular y contemplar, desde lo alto, el paisaje del Spiš con los Altos Tatras al fondo. Es, además, escenario ocasional de rodajes cinematográficos y de espectáculos históricos. Su silueta blanca sobre la loma verde se ha convertido en uno de los símbolos visuales del país.

📚 Bibliografía

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