La Unión ocupa el extremo oriental de El Salvador, sobre el golfo de Fonseca, un gran entrante del Pacífico que el país comparte con Honduras y Nicaragua. Fue avistado desde el mar en 1522 por el piloto Andrés Niño, que lo bautizó en honor a Juan Rodríguez de Fonseca, obispo de Burgos y presidente del Consejo de Indias. Su geografía de bahías, islas, penínsulas y manglares la convirtió desde siempre en zona de frontera y de encuentro entre las tres naciones centroamericanas.
De raíces lencas, el territorio se organizó en la época colonial en torno a pueblos como Conchagua, cuyos habitantes procedían en parte de las islas del golfo. La cabecera, la ciudad de La Unión, fue históricamente un puerto importante del oriente salvadoreño, salida al mar de toda la región y punto de comercio con los países vecinos a través del golfo.
El golfo de Fonseca fue durante siglos escenario de disputas territoriales entre El Salvador, Honduras y Nicaragua. En 1992, la Corte Internacional de Justicia de La Haya emitió un fallo histórico sobre el conflicto de límites terrestres, insulares y marítimos: determinó que las aguas del golfo son de condominio compartido por los tres países, y adjudicó a El Salvador las islas de Meanguera y Meanguerita, mientras Honduras conservó la isla del Tigre y otras.
El departamento incluye así un rosario de islas volcánicas —Meanguera, Conchagüita, Zacatillo, Martín Pérez, Perico y otras—, algunas habitadas por comunidades pesqueras, otras deshabitadas. Estas islas, con sus playas, sus manglares y su tranquilidad, son uno de los grandes atractivos naturales de La Unión y un destino emergente de turismo isleño en el Pacífico salvadoreño.
El símbolo natural del departamento es el Volcán de Conchagua, un cono de casi 1.250 metros que se alza junto a la bahía, coronado por un mirador desde el que se despliega una de las vistas más espectaculares del país: el golfo de Fonseca entero, sus islas y, en la lejanía, las costas de Honduras y Nicaragua. La cima, de clima fresco, se ha vuelto un destino popular para acampar y contemplar el amanecer sobre el golfo.
A sus pies, el antiguo pueblo de Conchagua conserva una de las iglesias coloniales más queridas del oriente. Entre el volcán, el golfo, las islas y los manglares, La Unión ofrece un paisaje singular donde la tierra, el mar y las tres fronteras centroamericanas se encuentran en el rincón más oriental de El Salvador.
La Unión fue durante mucho tiempo un puerto clave del oriente, y a comienzos del siglo XXI se construyó allí el moderno Puerto de La Unión Centroamericana, en la zona de Cutuco, concebido como una gran terminal de carga que impulsara el desarrollo de toda la región oriental. Su puesta en marcha, sin embargo, ha sido lenta e irregular, y el gran despegue económico prometido tardó en llegar.
En los años recientes, La Unión ha vuelto a la actualidad por proyectos ambiciosos vinculados al gobierno de Nayib Bukele, como la anunciada 'Bitcoin City' que se planeó levantar a los pies del volcán de Conchagua, aprovechando la energía geotérmica. Entre su vocación portuaria, su potencial turístico y estos proyectos de futuro, el extremo oriental del país busca su lugar en el El Salvador del siglo XXI.
Más allá del golfo, La Unión se asoma también al océano abierto en playas del litoral oriental, de arena y aguas cálidas, y en esteros y manglares ricos en vida. La pesca artesanal, la extracción de moluscos como los curiles en los manglares, y el comercio con los países vecinos marcan el ritmo de vida de sus comunidades costeras e isleñas.
Es la cara más oriental, cálida y fronteriza de El Salvador: un territorio de mar y de islas, de amaneceres sobre el golfo de Fonseca, de pueblos pesqueros y de una historia ligada al comercio marítimo y al encuentro de tres naciones. La Unión cierra, en el extremo del país, el largo recorrido de la geografía y la historia salvadoreñas frente al Pacífico.