El departamento de La Paz se extiende por el centro-sur de El Salvador, sobre la llanura costera del Pacífico, con la silueta del volcán Chichontepec asomando al norte. Su geografía combina tierras agrícolas fértiles —caña de azúcar, granos, ganado— con un litoral marcado por el estero de Jaltepeque, un extenso sistema de manglares que forma una de las áreas naturales más ricas de la costa central del país.
De raíces pipiles y nonualcas, la región fue habitada por comunidades mayas hasta el siglo XI, cuando llegaron las oleadas nahuas. Su cabecera, Zacatecoluca —cuyo nombre náhuat alude a 'lugar de zacate y búhos'—, recibió el título de ciudad en 1844 y se convirtió en capital departamental en 1852, cuando se creó el departamento de La Paz. Fue históricamente un importante centro de las 'ferias del añil' del período colonial.
La Paz es tierra de los nonualcos, un grupo pipil que fundó o repobló pueblos como San Juan Nonualco, Santiago Nonualco, San Pedro Nonualco y Zacatecoluca. En 1833, esta región fue el escenario de uno de los episodios más recordados de la historia salvadoreña del siglo XIX: la rebelión indígena encabezada por Anastasio Aquino, un jornalero de Santiago Nonualco que se alzó contra los abusos, los tributos y el reclutamiento forzoso impuestos por el gobierno.
Aquino llegó a dominar buena parte del centro del país y a proclamarse simbólicamente 'rey' o 'emperador de los nonualcos', antes de ser derrotado, capturado y ejecutado en 1833. Su figura se convirtió en símbolo perdurable de la resistencia indígena y campesina en El Salvador, y su memoria sigue viva en los pueblos de La Paz y de la vecina San Vicente.
Zacatecoluca fue cuna de una de las grandes figuras humanistas de Centroamérica: el presbítero y prócer José Simeón Cañas. En 1823 y 1824, en el seno de la Asamblea Constituyente de las Provincias Unidas del Centro de América, Cañas propuso y logró la abolición de la esclavitud en toda la región, uno de los primeros decretos abolicionistas del continente americano.
Por esa gesta se le conoce como 'el libertador de los esclavos de Centroamérica', y su nombre honra hoy a una de las principales universidades del país. La memoria de Cañas convierte a Zacatecoluca y al departamento de La Paz en un lugar clave de la historia de los derechos humanos y de la libertad en la región centroamericana.
El gran atractivo turístico de La Paz es la Costa del Sol, una larga y angosta península de arena situada entre el océano Pacífico, de un lado, y el tranquilo estero de Jaltepeque, del otro. Es una de las zonas de playa más desarrolladas y accesibles de El Salvador, famosa por su extensa franja de arena, sus resorts, hoteles, clubes y casas de veraneo, muy frecuentada por familias salvadoreñas y por visitantes.
Estar bañada por dos cuerpos de agua le da un encanto particular: el mar abierto para el baño y el deporte, y los manglares del estero para paseos en lancha, kayak, pesca y observación de aves. El estero de Jaltepeque es además una importante zona de anidación de tortugas marinas, protegida por proyectos de conservación.
La Paz tiene un papel estratégico en la conexión de El Salvador con el mundo: en su territorio, cerca de Comalapa, se ubica el Aeropuerto Internacional de El Salvador Monseñor Óscar Arnulfo Romero, la principal puerta aérea del país y uno de los hubs de conexión de Centroamérica. Su cercanía convierte a la Costa del Sol en una de las playas más rápidamente accesibles para quien llega en avión.
Alrededor del aeropuerto se ha desarrollado una zona franca con industria maquiladora y servicios, importante para la economía departamental. Entre la agricultura de sus llanuras, el turismo de sus playas, la memoria de sus héroes y su papel como puerta aérea del país, La Paz combina tradición y modernidad en la costa central salvadoreña.