El departamento de Cuscatlán conserva, en su nombre, la memoria del señorío de Cuzcatlán, la gran confederación pipil que dominó el centro del actual El Salvador antes de la conquista. 'Cuzcatlán' significa en náhuat 'la tierra de las cosas preciosas' o 'lugar de collares y joyas', y fue el nombre con que los pipiles llamaron a su territorio; hoy es también un símbolo de la identidad nacional salvadoreña.
Ubicado en el centro geográfico del país, el departamento fue constituido en 1835 y organizado en los distritos de Cojutepeque y Suchitoto. Su ubicación central lo convirtió en cruce de caminos de la historia salvadoreña. Durante la colonia y buena parte del siglo XIX fue tierra de haciendas, de agricultura y, sobre todo, de producción de añil, uno de los grandes centros del tinte azul que enriqueció a la provincia.
La joya de Cuscatlán es Suchitoto, una pequeña ciudad colonial a orillas del lago Suchitlán, considerada la capital cultural de El Salvador y uno de los pueblos coloniales mejor conservados del país. Sus calles empedradas, sus casas de adobe con portales, su plaza y su iglesia blanca de Santa Lucía le dan un aire detenido en el tiempo. Su nombre, de origen náhuat, suele traducirse como 'lugar del pájaro-flor' o 'ciudad de los pájaros y las flores'.
Fue capital original del departamento y un importante centro de producción de añil desde el siglo XVII. Hoy alberga una intensa vida artística y cultural, con festivales de arte, teatro y música, galerías, talleres y una fuerte apuesta por el turismo, que la convirtieron en un imán para viajeros, artistas y bohemios de todo el país y del extranjero.
A los pies de Suchitoto se extiende el Lago de Suchitlán, el mayor cuerpo de agua dulce de El Salvador, formado en los años setenta por el embalse del Cerrón Grande sobre el río Lempa, una gran obra hidroeléctrica que transformó el paisaje y la vida de toda la región central. El embalse inundó tierras y pueblos, pero creó a la vez un vasto humedal de enorme valor ecológico.
Declarado sitio Ramsar de importancia internacional, el lago es un refugio de miles de aves migratorias y residentes —garzas, patos, cormoranes, halcones—, especialmente en la temporada seca. Los paseos en lancha, la observación de aves, la pesca y las visitas a islas y saltos de agua cercanos, como la cascada Los Tercios, hacen del lago un destino de naturaleza que complementa a la perfección el turismo cultural de Suchitoto.
Desde 1861, la cabecera del departamento es Cojutepeque, ciudad situada sobre una loma en el centro del país, famosa por sus embutidos —sus chorizos y longanizas son legendarios en El Salvador— y por el Cerro de las Pavas, coronado por un santuario a la Virgen de Fátima que atrae a peregrinos de toda la región. Cojutepeque fue incluso, brevemente, capital provisional del país en el siglo XIX.
En el vecino territorio de la tradición alfarera, pueblos como Ilobasco —hoy en el departamento de Cabañas pero histórica y culturalmente ligado a la cerámica del centro— y comunidades de Cuscatlán mantienen viva la artesanía de barro, con figuras, juguetes y las célebres 'sorpresas', diminutas escenas dentro de un huevo de cerámica. Esa tradición artesanal es una de las señas de identidad del centro salvadoreño.
Como buena parte del centro y el norte del país, Cuscatlán vivió de cerca la guerra civil de los años ochenta. Suchitoto, situada en una zona estratégica y disputada, sufrió intensamente el conflicto: su población se desplomó de decenas de miles a apenas unos miles de habitantes, muchos vecinos huyeron y el pueblo quedó semivacío y dañado durante años.
Con la paz de 1992 comenzó un notable renacer. Suchitoto reconstruyó sus calles empedradas y sus casas coloniales y apostó por el turismo cultural como eje de su recuperación, transformando el trauma de la guerra en un modelo de renovación. Hoy, esa historia de destrucción y renacimiento es parte del atractivo del departamento, que combina memoria histórica, patrimonio colonial y naturaleza en el corazón de El Salvador.