Cuesta imaginarlo mirando hoy a los surfistas descalzos que llenan El Tunco, pero estas montañas verdes que caen al Pacífico dieron uno de los productos más codiciados de la América colonial: el bálsamo. La franja costera donde se encuentra el pueblo se conoce como Costa del Bálsamo, y el nombre no es casual: viene de la cordillera del Bálsamo, las montañas que bordean el litoral de La Libertad y Sonsonate, donde crece el árbol del bálsamo (Myroxylon balsamum), del que se extrae una resina aromática de usos medicinales.
Esa resina tiene una historia curiosa de identidad equivocada. Ya en 1493, el médico y botánico español Nicolás Monardes documentó sus propiedades, y durante la colonia el bálsamo salvadoreño se volvió tan valioso que se exportaba a Europa. Como salía por el puerto de Acajutla y viajaba en los circuitos comerciales que pasaban por el virreinato del Perú, terminó conociéndose en el mundo como 'bálsamo del Perú', pese a que provenía de estas laderas centroamericanas. El bálsamo fue tan importante para la región que en 1939 se lo declaró árbol nacional de El Salvador, junto al maquilíshuat.
El punto de referencia histórico de esta costa es la ciudad de La Libertad, muy cercana a El Tunco. La Libertad funcionó durante el siglo XIX y buena parte del XX como uno de los principales puertos de El Salvador, especialmente para la exportación del café, el gran producto de la economía salvadoreña. Su muelle, desde el cual se cargaban y descargaban mercancías y se desarrollaba la actividad pesquera, es un hito histórico de la región y sigue siendo hoy un lugar emblemático, con su mercado de mariscos.
En ese contexto de bálsamo, café, puerto y pesca, las playas de la zona —entre ellas El Tunco— eran pequeñas aldeas de pescadores, ajenas todavía a la fama turística que llegaría mucho después. La vida giraba en torno al mar como fuente de sustento, no como atractivo de visitantes.
Antes de convertirse en la capital del surf de El Salvador, El Tunco era una pequeña aldea de pescadores en la Costa del Bálsamo, una más de las playas de este litoral dedicado tradicionalmente a la pesca. La vida cotidiana giraba en torno al mar, con familias que vivían de la pesca artesanal y de las actividades del entorno costero.
El nombre del lugar tiene un origen pintoresco, ligado a la geografía. Según la tradición local, 'El Tunco' deriva de una formación rocosa que emerge del mar frente a la playa y que, vista desde cierto ángulo, recuerda la silueta de un 'tunco' echado —'tunco' es la palabra salvadoreña (y de otras zonas de Centroamérica) para cerdo o cochino—. Esa roca con forma de cerdo dio nombre al pueblo y se convirtió, con el tiempo, en su símbolo más reconocible, presente en todas las fotografías del atardecer.
Durante mucho tiempo, El Tunco fue un lugar tranquilo y poco conocido fuera de la región. La transformación que lo llevaría a la fama internacional como destino de surf llegaría recién en las últimas décadas, impulsada por la calidad de sus olas y por el crecimiento del turismo en la costa salvadoreña.
La gran transformación de El Tunco llegó con el surf. Fue sobre todo en la década de 1990 cuando surfistas viajeros empezaron a correr la voz sobre esta costa: rompientes consistentes, de largo recorrido, que quiebran sobre fondos de roca —el famoso point break de La Bocana, frente a El Tunco, y la ola larga y más amable de la vecina El Sunzal—. Esas olas, a menudo comparadas con las de destinos de primer nivel, pusieron a El Salvador en el mapa surfero mundial y ganaron rápidamente fama entre la comunidad internacional.
El boca a boca entre surfistas, sumado a la cercanía de la zona con San Salvador y con el aeropuerto internacional (a menos de una hora), hizo que cada vez más visitantes llegaran a El Tunco en busca de olas. El antiguo pueblo de pescadores se fue llenando de hostales, surfcamps, escuelas de surf, restaurantes y bares, desarrollando un ambiente mochilero, joven e internacional que se convirtió en parte de su atractivo. El atardecer junto a la roca de El Tunco, la vida nocturna y la cultura del surf forjaron la identidad del lugar, donde hoy los surfistas son la enorme mayoría de los visitantes.
Así, El Tunco pasó de ser una aldea desconocida a convertirse en el destino de playa más famoso de El Salvador y en una referencia del surf en Centroamérica, atrayendo a viajeros de todo el mundo. Junto con playas vecinas como El Sunzal y El Zonte, consolidó a la costa de La Libertad como un polo turístico de primer orden.
En años recientes, El Salvador hizo una apuesta decidida por el turismo de surf en toda su costa del Pacífico bajo la marca 'Surf City', una estrategia de promoción e inversión en infraestructura (carretera del litoral, malecón de La Libertad, servicios) que buscó posicionar al país como destino mundial del surf. Esta franja costera de La Libertad —con El Tunco, El Sunzal y El Zonte como puntos estrella— quedó en el centro de esa apuesta.
La jugada más visible fue traer competencias de máximo nivel. En mayo-junio de 2021, las playas de El Sunzal y La Bocana, en El Tunco, albergaron los ISA World Surfing Games, con cientos de surfistas de más de 50 naciones, un evento que sirvió además como clasificatorio olímpico. El Salvador repitió como sede en 2023, de nuevo con etapa clasificatoria rumbo a los Juegos de París 2024, y siguió organizando campeonatos mundiales de la ISA en los años siguientes. Toda esa exposición mediática reforzó la imagen del país como paraíso del surf, y El Tunco, por su fama previa y su ambiente, se consolidó como uno de los corazones de ese movimiento.
Paralelamente, la cercana playa de El Zonte ganó renombre global como 'Bitcoin Beach', por una pionera experiencia comunitaria de uso del bitcoin como medio de pago, anterior a la adopción nacional del bitcoin como moneda de curso legal en 2021. Esa adopción, sin embargo, se revirtió en enero de 2025: por acuerdo con el FMI, El Salvador reformó su Ley Bitcoin y la criptomoneda dejó de ser moneda de curso legal obligatorio, quedando su uso como voluntario y el dólar como moneda de referencia. Aun así, el sobrenombre y parte de la dinámica cripto sobreviven en El Zonte. Todo ello hizo de esta costa un punto de atención internacional, combinando surf, turismo e innovación. Hoy, El Tunco encarna esa nueva cara turística del país: un antiguo pueblo de pescadores convertido en escaparate del Pacífico salvadoreño.