Cuenta la leyenda que, en el siglo XII, cuando el volcán de Tecapa entró en erupción, los antiguos habitantes lencas eligieron a una joven llamada Xiri —'Estrella'— para ofrecerla en sacrificio y aplacar la furia de la montaña. Pero en el momento del ritual, el ave que Xiri llevaba consigo empezó a cantar, y el volcán, conmovido, dejó de rugir y rompió a llorar. De aquellas lágrimas nació, según el relato, la laguna que hoy corona el cráter: la Laguna de Alegría, de aguas verdes como esmeraldas. Y desde entonces, dicen los lugareños, Xiri habita el fondo convertida en sirena; si se enamora de algún bañista, lo arrastra a las profundidades, y a los pocos días el cuerpo vuelve a la superficie, ya sin vida. Cada joven que desaparece en la laguna alimenta la leyenda.
Más allá del mito, la laguna es real y su origen también es volcánico, aunque menos poético: se asienta en el cráter del volcán de Tecapa, en el departamento de Usulután, en el oriente de El Salvador. Es una laguna de aguas verdosas y sulfurosas —apodada 'la Esmeralda de América'—, con propiedades termales que delatan la actividad geotérmica de la montaña. A su alrededor creció Alegría, un pueblo encaramado en las faldas del volcán cuyo clima fresco, inusual en el cálido oriente, y cuyo entorno florido lo hicieron célebre como el 'jardín de El Salvador'.
Esa ubicación en altura es la clave de todo: el clima fresco que distingue a Alegría del calor predominante en el oriente, los suelos volcánicos fértiles que darían café y flores, y la laguna del cráter como joya y como fuente de leyendas. La región tiene raíces prehispánicas —fue territorio lenca y luego pipil— y quedó integrada al dominio colonial tras la llegada de los españoles. Pero la historia de cómo este pueblo pasó a llamarse 'Alegría' tiene un origen mucho más concreto, y bastante curioso.
El pueblo no siempre se llamó Alegría. Sus raíces se remontan a un asentamiento indígena conocido como Tecapa —del náhuat 'tec' (piedra, roca) y 'apa' (río o laguna), es decir 'laguna de piedras'—, poblado en tiempos prehispánicos por tribus de origen lenca y nonualco (los tecolucas) en las faldas del volcán del mismo nombre. Algunas versiones registran también el topónimo 'Guaymitique', interpretado como 'lugar donde silban los vientos', una descripción muy acorde con el clima fresco y ventoso de la montaña.
El cambio de nombre llegó en 1857, y responde a una historia peculiar: el pueblo fue rebautizado 'Alegría' en honor al presbítero José Miguel Alegría, un sacerdote que había llegado a la zona hacia 1837 y que dejó su huella fundando una escuela de filosofía y dinamizando la vida cultural del lugar. Así, el apacible caserío de la 'laguna de piedras' pasó a llevar un apellido que, por feliz coincidencia, describía a la perfección el espíritu luminoso y florido que el pueblo desarrollaría con los años.
Ese doble origen —el nombre indígena Tecapa, todavía vivo en el volcán, y el nombre republicano Alegría, en homenaje a un cura ilustrado— resume bien la mezcla cultural del oriente salvadoreño: lo lenca y lo pipil, lo colonial y lo republicano, superpuestos en un mismo lugar de montaña.
Como buena parte de las tierras altas de El Salvador, la zona de Alegría se vinculó al cultivo del café tras el gran auge de este grano a fines del siglo XIX. El café, que se convirtió en el motor de la economía salvadoreña, encontró en las laderas del volcán de Tecapa condiciones propicias: la altura, los suelos volcánicos y el clima fresco favorecen el café de altura, apreciado por su calidad.
La expansión cafetalera marcó la economía local de Alegría y de su entorno, integrando al pueblo en la dinámica agrícola que transformó las regiones montañosas del país. El café se sumó así a la identidad de la zona, y aún hoy forma parte del atractivo de Alegría, con su café local y las fincas de la región.
A diferencia del occidente, más asociado a los grandes paisajes cafetaleros y a la Ruta de las Flores, el oriente —donde se encuentra Alegría— es una región con su propia personalidad. Alegría representa, dentro del oriente, ese mundo de las tierras altas y el café, combinado con un rasgo distintivo que la haría especialmente famosa: su vocación florida.
Lo que dio a Alegría su identidad más reconocible y su fama fue la combinación de su clima fresco con una vocación florida que la convirtió en el 'jardín de El Salvador'. Aprovechando las condiciones de altura y el entorno volcánico fértil, el pueblo se especializó en el cultivo de flores y plantas ornamentales, desarrollando numerosos viveros y llenando sus calles, plazas y jardines de color.
Este carácter de 'pueblo jardín' es hoy uno de los grandes atractivos de Alegría y la razón de su apodo. El cultivo de flores —incluidas orquídeas y otras especies— se convirtió en una actividad económica y en una seña de identidad, que el pueblo celebra incluso con festivales dedicados a las flores. Pasear por Alegría es disfrutar de ese ambiente florido y fresco, único en el oriente salvadoreño.
La vocación florida, sumada al clima de montaña y al entorno volcánico con su laguna, configuró el perfil singular de Alegría: un pueblo verde, fresco y colorido en una región conocida más por el calor y las playas. Esta combinación es la base de su atractivo turístico y de su lugar especial dentro del oriente del país.
El gran símbolo natural de Alegría es la Laguna de Alegría, la laguna volcánica del cráter del volcán de Tecapa, de aguas verdosas y con propiedades termales. Más allá de su belleza, la laguna está envuelta en leyendas —sobre todo la de la sirena Xiri— que forman parte de la tradición oral del pueblo y le añaden un aire mágico. Un dato que la ciencia sí confirma es su carácter cambiante: por su origen geotérmico, el nivel y hasta el color de sus aguas varían con las estaciones y la actividad del volcán, y en épocas de sequía puede reducirse notablemente. Estas particularidades, mezcla de folclore y geología, enriquecen el atractivo de la laguna.
La combinación de la laguna, el clima fresco, las flores, el café y el ambiente de pueblo de montaña fue convirtiendo a Alegría, en las últimas décadas, en un destino de turismo de montaña y naturaleza dentro del oriente salvadoreño. El pueblo empezó a atraer a visitantes que buscaban escapar del calor, disfrutar del frescor, conocer la laguna y el 'pueblo jardín', y los festivales de flores reforzaron esa proyección.
Así, el antiguo pueblo cafetalero de las faldas del Tecapa se consolidó como uno de los rincones más encantadores y singulares del oriente de El Salvador. Hoy, Alegría ofrece al viajero una experiencia distinta dentro del oriente: la de un pueblo fresco, verde, florido y envuelto en leyendas, con su laguna volcánica como joya, en una región más conocida por sus playas y su calor. Es un testimonio de la diversidad de paisajes y ambientes que ofrece El Salvador.