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Historia de Abu Simbel

Ramsés II y la propaganda tallada en la frontera

Abu Simbel nace de una idea de poder. Alrededor del 1264 a.C., en plena dinastía XIX del Imperio Nuevo, el faraón Ramsés II —al que la historia recordaría como 'el Grande'— ordenó excavar dos templos en la roca de una montaña de Nubia, en el extremo sur de las tierras que Egipto controlaba. No era un lugar cualquiera: Nubia era la vía hacia el oro africano, el marfil y el ébano, y también la frontera por donde podían llegar amenazas del sur. Levantar allí un monumento colosal era un mensaje político clarísimo, dirigido a cualquiera que remontara el Nilo: aquí manda Egipto, y aquí manda Ramsés.

El Gran Templo estaba consagrado a la gran tríada de dioses del Estado —Amón-Ra de Tebas, Ra-Horajti de Heliópolis y Ptah de Menfis— y, muy significativamente, al propio Ramsés divinizado, sentado entre los dioses como uno más. Las cuatro estatuas colosales de la fachada, de unos 20 metros, representan al faraón entronizado, sereno y eterno. En su interior, los relieves narran una y otra vez sus supuestas hazañas, con la batalla de Qadesh contra los hititas como pieza central: una guerra que en realidad terminó en tablas, pero que Ramsés transformó en un relato de victoria personal repetido en los muros de medio Egipto.

La construcción se prolongó unos veinte años. El resultado fue una obra maestra de la ingeniería y la propaganda: un templo que no se construye con bloques sino que se 'vacía' en la montaña, tallando la fachada y las salas directamente en la piedra viva. Ramsés reinó unos 66 años, tuvo decenas de hijos y llenó el país de estatuas y templos; Abu Simbel es, quizá, la expresión más pura de esa voluntad de perdurar en la piedra para siempre.

Wikipedia (ES) — «Abu Simbel»: https://es.wikipedia.org/wikiWikipedia (EN) — «Ramesses II»: https://en.wikipedia.org/wikWikipedia (EN) — «Abu Simbel»: https://en.wikipedia.org/wiki

Nefertari: un templo para una reina

A pocos metros del Gran Templo, Ramsés hizo excavar un segundo santuario, el Templo Pequeño, dedicado a la diosa Hathor y a su esposa Nefertari. Que un faraón consagrara un templo a una reina ya era raro; que la representara en la fachada con estatuas de su mismo tamaño que las suyas —diez metros de altura— era sencillamente excepcional en el arte egipcio, donde la reina solía aparecer en escala menor, a la altura de las rodillas del rey. En Abu Simbel, Nefertari se yergue a la par del dios-faraón.

La inscripción de la fachada no deja lugar a dudas sobre la intención: el templo se erige para Nefertari, 'aquella por cuyo rostro brilla el sol'. En el interior, los pilares de la sala principal están coronados por el rostro de Hathor, la diosa del amor, la música y la maternidad, con la que la reina se identifica. Los relieves muestran a la pareja real ofreciendo a los dioses y a Nefertari siendo coronada por Hathor e Isis.

Nefertari fue la Gran Esposa Real durante las primeras décadas del reinado y madre de varios hijos del faraón. Su tumba en el Valle de las Reinas, en Tebas, está considerada una de las más hermosas de todo Egipto por sus pinturas. El Templo Pequeño de Abu Simbel, junto a esa tumba, es el gran testimonio del lugar único que ocupó junto a Ramsés. Puede leerse como gesto de amor, como estrategia política para reforzar el prestigio de la pareja real ante los nubios, o como ambas cosas a la vez.

Wikipedia (ES) — «Templo de Nefertari»: https://es.wikipediaWikipedia (EN) — «Nefertari»: https://en.wikipedia.org/wiki/

Siglos bajo la arena y el redescubrimiento del siglo XIX

Con la decadencia del antiguo Egipto y el fin de los cultos paganos, Abu Simbel fue perdiendo su función. Las arenas del desierto, empujadas por el viento, comenzaron a sepultar la fachada del Gran Templo hasta cubrir casi por completo a los colosos. Durante siglos, el sitio quedó olvidado para el mundo exterior, conocido solo por los pobladores nubios de la zona.

El redescubrimiento llegó en 1813, cuando el explorador y orientalista suizo Johann Ludwig Burckhardt —el mismo que había dado a conocer Petra a Occidente— avistó las cabezas de las estatuas asomando entre las dunas mientras recorría la orilla del Nilo. No pudo hacer más que anotarlo, porque la entrada seguía enterrada. Cuatro años después, en 1817, el aventurero y 'cazador de antigüedades' italiano Giovanni Belzoni, célebre por sus métodos expeditivos, consiguió despejar suficiente arena para entrar por primera vez en el Gran Templo en tiempos modernos. Encontró las salas casi intactas, aunque vaciadas de objetos.

El nombre 'Abu Simbel' se popularizó a partir de entonces; según la tradición más difundida, derivaría del nombre de un niño local que guió a los europeos hasta el sitio. A lo largo del siglo XIX, el templo se volvió parada obligada de viajeros, dibujantes y primeros fotógrafos, que difundieron por Europa la imagen de los colosos medio hundidos en la arena. Ese romanticismo del 'templo perdido en el desierto' forma parte todavía hoy del aura de Abu Simbel, aunque el sitio que visitamos ya no es exactamente el que ellos vieron.

Wikipedia (EN) — «Abu Simbel» (rediscovery): https://en.wikiWikipedia (EN) — «Johann Ludwig Burckhardt»: https://en.wikiWikipedia (EN) — «Giovanni Belzoni»: https://en.wikipedia.or

El gran rescate: cortar una montaña para salvar un templo

La página más asombrosa de la historia reciente de Abu Simbel se escribió en el siglo XX. A comienzos de los años sesenta, Egipto emprendió la construcción de la presa Alta de Asuán, una obra monumental destinada a controlar las crecidas del Nilo y a generar electricidad. El embalse que crearía —el futuro lago Nasser— inundaría un tramo enorme del valle nubio, y con él, decenas de templos y aldeas. Entre los monumentos condenados estaban los dos templos de Abu Simbel.

En 1959, Egipto y Sudán pidieron ayuda internacional, y la Unesco lanzó en 1960 una campaña de salvaguarda sin precedentes. Tras estudiar varias opciones —incluida la fantasía de levantar los templos enteros con gatos hidráulicos—, se optó por un plan tan simple de enunciar como difícil de ejecutar: desmontar los templos y reconstruirlos más arriba. Entre 1964 y 1968, un equipo internacional cortó ambos monumentos en más de mil bloques de hasta unas 30 toneladas, los numeró uno por uno, los transportó y los volvió a ensamblar 65 metros por encima de su posición original y unos 200 metros tierra adentro, sobre una colina artificial. El Gran Templo quedó sostenido por una enorme cúpula de hormigón, oculta bajo la roca reconstruida, que hoy puede visitarse.

El mayor desafío técnico fue mantener la orientación astronómica que hacía posible el 'milagro solar'. Se logró con notable precisión, aunque el reajuste desplazó las fechas del fenómeno un día respecto del original. La operación costó unos 40 millones de dólares de la época, financiados por unos cincuenta países. Su éxito demostró que la humanidad podía unirse para salvar su patrimonio y fue el germen directo de la Convención sobre el Patrimonio Mundial de 1972. Sin aquel esfuerzo colectivo, los colosos de Ramsés dormirían hoy bajo las aguas del lago Nasser.

UNESCO — «International Campaign to Save the Monuments of NuWikipedia (EN) — «Abu Simbel» (relocation): https://en.wikipUNESCO — «Nubian Monuments from Abu Simbel to Philae»: https

Abu Simbel hoy: símbolo de Egipto y del patrimonio compartido

Reconstruido y a salvo, Abu Simbel se convirtió en uno de los grandes íconos turísticos de Egipto, junto a las pirámides de Giza y el Valle de los Reyes. Cada año, miles de visitantes recorren la carretera del desierto desde Asuán o llegan en avión para plantarse frente a los colosos. Dos veces al año, en las mañanas del milagro solar, el pueblo se llena de curiosos y de cámaras que aguardan el instante en que la luz alcanza el santuario, en una escena que mezcla arqueología, astronomía y espectáculo.

El sitio forma parte, desde 1979, del conjunto Patrimonio Mundial 'Monumentos de Nubia, de Abu Simbel a File', que reúne los grandes templos rescatados de las aguas. Alrededor creció un pequeño pueblo, habitado en buena parte por nubios reubicados tras la inundación de sus tierras ancestrales, un recordatorio de que el nacimiento del lago Nasser tuvo también un costo humano: la desaparición de la Nubia tradicional y el desplazamiento de decenas de miles de personas.

Hoy Abu Simbel es muchas cosas a la vez: la obra propagandística de un faraón obsesionado con la eternidad, un homenaje a una reina, un templo que sobrevivió a milenios de arena y a la amenaza del agua, y un monumento a la cooperación internacional. Contemplar a Ramsés II sentado frente al lago, sabiendo que esas piedras fueron talladas hace más de 3.200 años, enterradas, redescubiertas y finalmente cortadas y elevadas para salvarlas, es asistir a un resumen entero de la historia: la del antiguo Egipto y la de nuestra propia relación con su legado.

UNESCO — «Nubian Monuments from Abu Simbel to Philae»: httpsWikipedia (EN) — «Abu Simbel»: https://en.wikipedia.org/wikiWikipedia (EN) — «Lake Nasser»: https://en.wikipedia.org/wik

📚 Bibliografía

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