Mucho antes de que existiera la Riobamba española, la región del actual Chimborazo era el territorio del pueblo puruhá, una de las culturas andinas más importantes de la Sierra central ecuatoriana. Los puruhá vivían de la agricultura de altura, el pastoreo y el comercio, y habían desarrollado una organización social compleja, con señoríos y centros poblados repartidos por los valles a los pies del gran volcán Chimborazo.
En esta región existió Liribamba, un importante asentamiento andino que algunos consideran un centro de relevancia para los puruhá y, más tarde, dentro del entramado incaico. Con la expansión del Tahuantinsuyo hacia el norte, en el siglo XV, la zona quedó integrada al Imperio inca, que dejó su huella en caminos, organización y cultura, superponiéndose a las tradiciones puruhá sin borrarlas del todo.
Esa raíz indígena profunda sigue presente en la provincia de Chimborazo, una de las de mayor población indígena del Ecuador, con fuerte identidad kichwa. Los mercados, las comunidades del campo, las fiestas y las artesanías de la región son herederas directas de ese largo pasado andino, anterior a la llegada de los europeos. Comprender Riobamba exige recordar que su historia no empezó con la fundación española, sino mucho antes, en el mundo de los puruhá y de la antigua Liribamba.
Riobamba ocupa un lugar de honor en la historia del Ecuador por ser una de las primeras ciudades fundadas por los españoles en su actual territorio. La tradición sitúa su fundación en 1534, de la mano del conquistador Diego de Almagro, en el contexto de la llegada española a estas tierras tras la conquista del Imperio inca. La ciudad nació en el sitio de la antigua Riobamba, junto a la laguna de Colta (la actual Villa La Unión), no en el emplazamiento que ocupa hoy.
En ese primer asentamiento, a orillas de la laguna de Colta, se levantó la iglesia de Balbanera, considerada por la tradición la primera iglesia católica construida en el Ecuador. Su modesta pero histórica fachada de piedra es un símbolo del inicio de la presencia hispana y cristiana en el país, y todavía hoy puede visitarse, sobreviviente de siglos de historia y terremotos.
Durante el período colonial, aquella Riobamba antigua creció como un importante centro de la Sierra, con su población indígena, sus encomiendas, sus obrajes textiles y su vida religiosa. Era una ciudad próspera y consolidada, hasta que un acontecimiento natural cambiaría por completo su destino a finales del siglo XVIII.
El 4 de febrero de 1797, un devastador terremoto sacudió la Sierra central del Ecuador y cambió para siempre la historia de Riobamba. El sismo, uno de los más catastróficos de la historia colonial de la región, destruyó casi por completo la antigua Riobamba, junto a la laguna de Colta, y causó una enorme cantidad de víctimas y daños en toda la zona. La ciudad próspera de la época colonial quedó en ruinas.
Ante la imposibilidad de reconstruir la ciudad en el mismo lugar, se tomó la decisión de trasladarla a un nuevo emplazamiento más seguro: la llanura de Tapi, donde se encuentra la Riobamba actual. Allí se refundó la ciudad con un trazado regular, en cuadrícula, propio de la planificación urbana de la época, que es el que conserva hoy su centro histórico.
De la ciudad antigua se rescataron elementos valiosos, como las piedras labradas de algunos templos: parte de la fachada de piedra de la actual Catedral de Riobamba procede precisamente de la Riobamba destruida, una manera conmovedora de unir la ciudad vieja con la nueva. Así, el terremoto de 1797 marcó un antes y un después: el fin de la Riobamba colonial junto a Colta y el nacimiento de la Riobamba republicana en la llanura de Tapi, que pronto tendría un papel decisivo en la historia del país.
El papel más glorioso de Riobamba en la historia llegó pocas décadas después de su refundación, en los albores de la independencia. Tras la disolución de la Gran Colombia, el Ecuador se constituyó como país independiente, y fue precisamente Riobamba la ciudad elegida para sellar ese nacimiento: en 1830 acogió la asamblea constituyente que redactó y promulgó la primera Constitución del Ecuador.
En aquella asamblea, reunida en Riobamba, se sentaron las bases jurídicas y políticas del nuevo Estado: se definió el nombre del país, su forma de gobierno y sus instituciones fundamentales. Por haber sido la sede de este acontecimiento fundacional, Riobamba recibió el honroso título con el que se la conoce: 'cuna de la nacionalidad ecuatoriana'. Es un motivo de orgullo profundo para la ciudad y un capítulo central de su identidad.
A lo largo del siglo XIX, la Riobamba republicana se consolidó como un importante centro político, cultural y económico de la Sierra central. De ella surgieron figuras destacadas de la vida nacional, y su arquitectura señorial —parques, iglesias, casonas, edificios públicos— fue testimonio de ese esplendor. La ciudad, apodada la 'Sultana de los Andes', vivía como una de las urbes principales del joven Ecuador, orgullosa de su pasado fundacional.
A finales del siglo XIX y comienzos del XX, un proyecto colosal volvió a poner a Riobamba en el centro de la historia ecuatoriana: la construcción del ferrocarril transandino, que buscaba unir la Sierra con la Costa, conectando Quito y Guayaquil por riel. Era una obra de enorme ambición técnica, impulsada especialmente durante el gobierno de Eloy Alfaro, que debía atravesar la difícil geografía de los Andes ecuatorianos.
El mayor reto de toda la obra fue la llamada Nariz del Diablo, un imponente farallón de roca casi vertical, en la zona de Sibambe-Alausí, que parecía infranqueable para el tren. Los ingenieros idearon una solución audaz: un sistema de vías en zigzag que permite al tren ascender (o descender) la pendiente avanzando y retrocediendo en sucesivos tramos, ganando altura de forma escalonada. La construcción de este tramo fue extraordinariamente difícil y costó la vida de numerosos trabajadores, muchos de ellos traídos de lejos para la titánica empresa.
La llegada del ferrocarril consolidó a Riobamba como un importante nudo de comunicaciones de la Sierra central y dinamizó su economía. Con el tiempo, el tren —y en especial el espectacular tramo de la Nariz del Diablo— se convirtió en un atractivo turístico y en un símbolo del esfuerzo nacional por integrar el país. En las últimas décadas, el servicio ferroviario del Ecuador vivió etapas de rehabilitación turística, pero también suspensiones: el tren llegó a estar varios años parado, hasta que en junio de 2025 la ruta Alausí–Sibambe volvió a reactivarse y hoy transporta de nuevo a los visitantes por el famoso zigzag. Como su operación ha tenido idas y vueltas, siempre conviene reconfirmar horarios antes de viajar, pero la Nariz del Diablo permanece como una de las grandes proezas de la ingeniería ferroviaria de América.
La historia de Riobamba es inseparable de la del Chimborazo, el gigante nevado que la vigila desde lo alto de sus 6.263 metros. La montaña más alta del Ecuador —y, por la forma achatada de la Tierra en el ecuador, el punto de la superficie terrestre más alejado del centro del planeta— ha sido siempre una presencia poderosa para los pueblos de la región, desde los puruhá hasta los riobambeños de hoy. No es casual que la provincia entera lleve su nombre.
El Chimborazo también atrajo la mirada de la ciencia: el naturalista Alexander von Humboldt intentó ascenderlo a comienzos del siglo XIX, en una época en que se lo creía la montaña más alta del mundo, y sus observaciones contribuyeron a la fama mundial del volcán. Más tarde, el inglés Edward Whymper logró su primera ascensión documentada en 1880. Hoy, sus laderas están protegidas por la Reserva de Producción de Fauna Chimborazo, refugio de las vicuñas reintroducidas en el páramo.
Riobamba, la 'Sultana de los Andes', conserva en su presente las huellas de toda esa historia: el pasado puruhá e inca, la fundación española y Balbanera, el terremoto y la refundación, la Constitución de 1830, el ferrocarril y la Nariz del Diablo, y la sombra protectora del Chimborazo. Caminar hoy por su centro histórico, asomarse al volcán o visitar la laguna de Colta es recorrer, en un mismo viaje, las distintas capas de la historia del Ecuador. Esa densidad histórica, sumada a la belleza de su entorno andino, es lo que hace de Riobamba un destino tan especial.