El nombre de Odense lo dice todo sobre su antigüedad: procede del nórdico antiguo 'Odins Vé', que significa 'el santuario' o 'el lugar sagrado de Odín', el dios principal del panteón nórdico, señor de la guerra, la sabiduría y la muerte. Ese topónimo revela que, mucho antes de convertirse en ciudad cristiana, el lugar fue un centro de culto pagano en la isla de Fionia, un punto donde los antiguos escandinavos honraban a sus dioses. Odense es, por tanto, una de las ciudades más antiguas de Dinamarca, con raíces que se hunden en la Edad Vikinga.
La primera mención documental de Odense aparece en el año 988, en un diploma del emperador Otón III que confirmaba privilegios a varias sedes danesas, lo que prueba que ya entonces era un asentamiento reconocido. En la época vikinga, la zona tuvo importancia estratégica y religiosa; en las inmediaciones se han hallado restos de fortificaciones circulares vikingas (del tipo de las de Trelleborg), lo que confirma la relevancia del área en los siglos IX y X, en plena consolidación del reino danés.
Con la cristianización de Dinamarca, impulsada por reyes como Harald 'Diente Azul' en el siglo X, el antiguo santuario de Odín fue quedando atrás y la ciudad se orientó hacia la nueva fe. Pero el nombre pagano sobrevivió, y todavía hoy Odense lleva grabado en su propio topónimo el recuerdo de aquellos tiempos en que Fionia era tierra de vikingos y de dioses nórdicos. Ese sustrato antiguo es la primera capa de una historia larga y rica.
El episodio que marcó para siempre la historia medieval de Odense ocurrió el 10 de julio de 1086. El rey Canuto IV de Dinamarca (Knud den Hellige, 'Canuto el Santo'), que intentaba reforzar el poder real y los derechos de la Iglesia imponiendo impuestos y planeando incluso una expedición a Inglaterra, se enfrentó a una revuelta de campesinos y nobles del norte de Jutlandia, descontentos con sus exigencias. Perseguido, el rey se refugió con sus hombres en la iglesia de madera de San Albano, en Odense, donde fue alcanzado y asesinado ante el altar, junto con su hermano Benedikt y varios seguidores.
La muerte violenta de un rey en un templo, en actitud casi de martirio, tuvo enormes consecuencias. Pocos años después, en 1101, Canuto fue canonizado y proclamado santo, el primer santo danés, y su tumba en Odense se convirtió en un importante centro de peregrinación. Para atender el culto, monjes benedictinos ingleses fundaron un monasterio en la ciudad, reforzando sus lazos con Inglaterra y con la Iglesia europea. Odense pasó a ser una de las sedes religiosas más importantes del reino.
Sobre esa base se levantó, a lo largo de la Edad Media, la catedral de San Canuto (Sankt Knuds Kirke), la gran iglesia gótica de ladrillo que hoy preside el centro y que guarda, en su cripta, los restos del rey santo y de su hermano. El martirio de 1086 no solo dio a Odense su santo patrón y su catedral, sino que la situó en el mapa de la Europa cristiana medieval como ciudad de peregrinación, comercio y poder eclesiástico, un estatus que conservaría durante siglos.
El 2 de abril de 1805 nació en Odense el hombre que llevaría el nombre de la ciudad por todo el planeta: Hans Christian Andersen. Vino al mundo en el seno de una familia muy pobre —su padre era un zapatero soñador y lector, y su madre una lavandera analfabeta—, en una modesta casa del barrio de los artesanos. La Odense de comienzos del siglo XIX era una ciudad provinciana, con sus tradiciones, sus supersticiones y sus cuentos populares, un ambiente que impregnó la imaginación del niño.
La infancia de Andersen estuvo marcada por la pobreza, la muerte temprana de su padre y una sensibilidad extrema que lo hacía sentirse distinto, como un 'patito feo' en su propio entorno. A los catorce años dejó Odense y se fue solo a Copenhague a buscar fortuna en el teatro y la escritura, tras años de penurias y de la ayuda de algunos protectores. Con el tiempo se convertiría en uno de los mayores escritores de su época, pero fue sobre todo con sus cuentos —publicados a partir de 1835— con los que alcanzó la inmortalidad.
'El patito feo', 'La sirenita', 'El traje nuevo del emperador', 'La reina de las nieves', 'La niña de los fósforos', 'El soldadito de plomo': relatos que, bajo su apariencia infantil, encierran una honda mirada sobre la soledad, la diferencia, la injusticia y la esperanza. Traducidos a más de cien idiomas, hicieron de Andersen el autor de cuentos más universal de la historia. Y aunque triunfó en Copenhague y viajó por Europa, su Odense natal quedó para siempre ligada a su nombre, orgullosa de haber visto nacer al hijo de una lavandera que soñó con ser alguien y acabó siendo leyenda.
El siglo XIX trajo a Odense, además de su hijo más célebre, otro gran nombre de la cultura danesa y una profunda transformación económica. En 1865 nació cerca de la ciudad, en un pueblo de Fionia, Carl Nielsen, hijo de una familia humilde de músicos, que llegaría a ser el compositor más importante de Dinamarca: autor de seis sinfonías, óperas como 'Saúl y David' y 'Mascarada', conciertos y numerosas canciones que forman parte del cancionero nacional danés. Junto con su esposa, la escultora Anne Marie Carl-Nielsen, formó una de las parejas de artistas más influyentes del país. Odense conserva y celebra su legado, del mismo modo que el de Andersen.
En paralelo, la ciudad vivió el impulso de la industrialización. La apertura de un canal que conectó Odense con el fiordo y el mar en el siglo XIX, y sobre todo la llegada del ferrocarril, dinamizaron su economía: surgieron industrias, un puerto activo y nuevos barrios, y la población creció con rapidez. De ser una tranquila ciudad episcopal y comercial, Odense pasó a convertirse en un centro industrial y en la tercera ciudad más poblada de Dinamarca, papel que mantiene hasta hoy.
Ese crecimiento modernizó la ciudad, pero también convivió con la conservación de su casco histórico y de la memoria de sus grandes figuras. Odense supo mantener el equilibrio entre el progreso económico y la valoración de su patrimonio, sentando las bases de lo que sería en el siglo XX y XXI: una ciudad que combina industria, universidad y una intensa vida cultural, sin renunciar a su identidad histórica y literaria.
El siglo XX y las primeras décadas del XXI han visto a Odense reinventarse una vez más. Durante buena parte del siglo pasado, una gran autopista urbana atravesaba el centro, cortando la ciudad y restando protagonismo al casco histórico. En un ambicioso proyecto de transformación urbana iniciado en la década de 2010, esa vía fue soterrada y el centro se peatonalizó y reverdeció, devolviendo la escala humana a la ciudad, ampliando las zonas comerciales y de paseo y reconectando el casco antiguo con los barrios vecinos. A ello se sumó la construcción de un moderno tranvía (Odense Letbane), inaugurado a fines de la década de 2010, que atraviesa la ciudad de norte a sur.
En paralelo, Odense reforzó su apuesta por la cultura y el turismo en torno a Hans Christian Andersen. El punto culminante llegó en 2021 con la inauguración del nuevo H.C. Andersens Hus, obra del arquitecto japonés Kengo Kuma, un museo inmersivo que reinterpreta la figura del escritor y se ha convertido en un imán internacional. La ciudad complementa esta oferta con festivales, como el Festival de Hans Christian Andersen en agosto, y con una vida cultural y universitaria intensa.
Hoy Odense es una capital regional dinámica y agradable: la tercera ciudad de Dinamarca, sede de una gran universidad y de un importante polo tecnológico y de robótica, con un centro renovado, una fuerte cultura ciclista y un ambiente 'hygge' que combina lo histórico y lo moderno. La ciudad del santuario de Odín, del rey santo y del hijo de la lavandera que soñó con ser alguien sigue escribiendo su historia, fiel a esa mezcla única de leyenda, cultura y vida cotidiana que la ha caracterizado durante más de mil años.