El origen de Santa Clara está ligado, paradójicamente, a la inseguridad de la costa. A fines del siglo XVII, los habitantes de la villa de San Juan de los Remedios, en la costa norte, sufrían los constantes ataques de piratas y corsarios que asolaban el litoral cubano. Cansadas de esa amenaza y de las disputas internas, varias familias decidieron trasladarse tierra adentro, a un lugar más seguro y protegido en el centro de la isla.
Así, en 1689, esas familias fundaron un nuevo asentamiento que con el tiempo se llamaría Santa Clara (Villa de Santa Clara). La tradición cuenta que la nueva población se estableció junto a un árbol —un tamarindo, según el relato— donde se celebró la primera misa, en torno al cual creció el poblado. La elección de un emplazamiento interior, alejado del mar, respondía precisamente a la búsqueda de seguridad frente a los ataques que tanto habían castigado a Remedios.
Situada en el centro geográfico de Cuba, Santa Clara fue creciendo lentamente como centro agrícola y comercial de una región fértil. Su posición central, que más tarde resultaría estratégica, fue desde el principio una de sus señas de identidad. La ciudad se desarrolló en torno a sus plazas e iglesias, con el ritmo pausado de una población del interior, lejos del bullicio de los puertos.
Durante el siglo XIX, Santa Clara creció y se consolidó como una de las ciudades más importantes del centro de Cuba. Su posición central la convirtió en un nudo de comunicaciones clave, especialmente con la llegada del ferrocarril, que la conectó con el resto de la isla. La economía de la región, basada en la agricultura (caña de azúcar, tabaco, ganadería) y el comercio, sostuvo el desarrollo de la ciudad y de una sociedad acomodada.
Una figura destacada de esta época fue Marta Abreu (1845-1909), una rica santaclareña conocida como 'la Benefactora' por su intensa actividad filantrópica. Marta Abreu financió numerosas obras para la ciudad y los más pobres: el bello Teatro La Caridad (inaugurado en 1885, con la idea de que sus ganancias se destinaran a la caridad), escuelas, lavanderías públicas, una planta eléctrica y otras mejoras. Apoyó además la causa independentista. Su memoria sigue muy presente en Santa Clara, cuya universidad lleva su nombre.
Como el resto de Cuba, la región de Santa Clara vivió intensamente las guerras de independencia contra España en la segunda mitad del siglo XIX. El centro de la isla fue escenario de combates y del paso de las tropas mambisas durante la 'invasión a Occidente'. El coronel Leoncio Vidal, que da nombre al parque central de la ciudad, cayó en uno de esos combates. Con el fin de la dominación española en 1898, Santa Clara se integró a la naciente República como capital de la antigua provincia de Las Villas.
El episodio que marcó para siempre la historia de Santa Clara —y de Cuba— ocurrió a fines de diciembre de 1958, en los últimos días de la lucha contra la dictadura de Fulgencio Batista. La ciudad, por su posición central y su importancia como nudo de comunicaciones, era un objetivo estratégico clave: quien controlara Santa Clara cortaba en dos la isla. Hacia allí avanzó una columna del Ejército Rebelde comandada por el comandante Ernesto 'Che' Guevara.
El gobierno de Batista envió un tren blindado cargado de armas, municiones y soldados para reforzar la defensa de la ciudad. En una de las acciones más célebres de la Revolución, las fuerzas del Che, con la ayuda de una excavadora (buldócer) que levantó los rieles y de explosivos, lograron descarrilar el tren blindado y forzar la rendición de sus ocupantes. La captura del tren, junto con los combates en la ciudad —en puntos como la Loma del Capiro y el centro—, decidió la Batalla de Santa Clara a favor de los rebeldes.
La caída de Santa Clara, anunciada el 31 de diciembre de 1958, fue el golpe definitivo: esa misma noche, el dictador Batista huyó de Cuba, y el 1 de enero de 1959 triunfó la Revolución Cubana. Por eso Santa Clara es recordada como la ciudad donde se selló la victoria revolucionaria, y la figura del Che quedó para siempre asociada a ella. El antiguo hotel Santa Clara Libre, en el Parque Vidal, conserva todavía en su fachada las marcas de los impactos de aquellos combates.
Tras el triunfo de la Revolución, Ernesto 'Che' Guevara ocupó importantes cargos en el nuevo gobierno cubano, pero su vocación de revolucionario internacional lo llevó a abandonar Cuba para impulsar la lucha armada en otros países. En 1966-1967 encabezó una guerrilla en Bolivia, donde fue capturado por el ejército boliviano (con apoyo de la CIA) y ejecutado el 9 de octubre de 1967. Su cuerpo fue ocultado, y durante décadas se desconoció el lugar exacto de su enterramiento.
En 1997, treinta años después de su muerte, un equipo de antropólogos forenses logró localizar e identificar en Bolivia los restos del Che y de varios de sus compañeros de guerrilla. Esos restos fueron repatriados a Cuba y trasladados a Santa Clara, la ciudad de su gran victoria militar, donde fueron depositados en un mausoleo construido especialmente para ello, dentro del gran Conjunto Escultórico que ya se le había dedicado.
El Conjunto Escultórico Comandante Ernesto Che Guevara, con su imponente estatua de bronce, su mausoleo y su museo, se convirtió así en el principal lugar de memoria del Che en el mundo y en uno de los sitios más visitados de Cuba. La elección de Santa Clara como su lugar de reposo selló definitivamente el vínculo entre la ciudad y la figura del comandante, transformándola en un destino de peregrinación para admiradores de todo el planeta.
Más allá de su peso simbólico en la historia revolucionaria, la Santa Clara de hoy es una ciudad viva, joven y culturalmente inquieta. Es sede de la Universidad Central 'Marta Abreu' de Las Villas, una de las más importantes de Cuba, cuya numerosa población estudiantil imprime a la ciudad un carácter dinámico, abierto y juvenil que la distingue de otras urbes del país.
Esa energía se refleja en una escena cultural y nocturna notablemente activa y diversa. El centro cultural El Mejunje, instalado en las ruinas a cielo abierto de un viejo edificio, se ha convertido en un espacio mítico y en símbolo de la apertura de Santa Clara: allí conviven conciertos, teatro, peñas de trova y espectáculos, en un ambiente tolerante e inclusivo, pionero en Cuba en cuanto a diversidad. La ciudad es considerada una de las más liberales y artísticas del país.
Hoy Santa Clara combina, así, varias facetas: la del gran santuario de la memoria revolucionaria y del Che; la de ciudad histórica del interior, con su Parque Vidal y su Teatro La Caridad; y la de centro universitario y cultural lleno de vida. Su posición central la convierte además en un nudo de comunicaciones y en una base ideal para explorar el centro de Cuba, desde la colonial Remedios hasta los cayos de playa del norte. Una ciudad que mira a su historia sin dejar de ser, también, sorprendentemente moderna.