San Juan de los Remedios es una de las poblaciones más antiguas de Cuba. Aunque su fundación no figura en la lista canónica de las 'siete primeras villas' establecidas por el adelantado Diego Velázquez de Cuéllar entre 1511 y 1515, los historiadores sitúan el origen del asentamiento de Remedios en torno a esos mismos años iniciales de la colonización española de la isla, lo que la convierte en una de las primeras fundaciones del país, con frecuencia llamada la 'octava villa' de Cuba.
El asentamiento nació en la región central, cerca de la costa norte, en tierras habitadas por pueblos originarios. La cercanía al mar resultó decisiva en su historia: a lo largo de los siglos XVI y XVII, Remedios fue blanco recurrente de los ataques de piratas, corsarios y bucaneros que infestaban el Caribe, atraídos por las costas y por la riqueza ganadera y agrícola de la zona. Esos asaltos marcaron la vida de la villa y alimentaron tanto su carácter defensivo como su honda religiosidad popular.
La cronología exacta de los primeros años de Remedios es objeto de matices entre las fuentes, debido a la antigüedad de los hechos y a la pérdida de documentación. Lo que sí está claro es que, desde temprano, la villa se consolidó como un núcleo importante del centro de la isla, con su iglesia, su plaza y una comunidad de colonos, ganaderos y agricultores que echaron raíces firmes pese a las amenazas que llegaban del mar.
Uno de los episodios más singulares de la historia de Remedios es el intento de trasladar a toda la población tierra adentro, lejos de la costa y de los piratas. A fines del siglo XVII, los constantes ataques marítimos y los problemas de la villa llevaron a algunas autoridades y vecinos a impulsar la mudanza del pueblo a un lugar más seguro en el interior. De ese movimiento nació, en 1689, la ciudad de Santa Clara, fundada por familias procedentes de Remedios.
El traslado, sin embargo, dividió profundamente a la comunidad. Una parte de los vecinos aceptó marcharse y fundar el nuevo asentamiento; pero otra parte, muy apegada a su villa, se negó a abandonar Remedios pese a las presiones. La resistencia de estos pobladores explica que Remedios sobreviviera como ciudad independiente en lugar de desaparecer absorbida por Santa Clara, como pretendían los partidarios de la mudanza.
En torno a este conflicto se tejió una de las leyendas más famosas de la villa. Según la tradición popular, para convencer a los reticentes de que su pueblo estaba 'embrujado' y debían irse, se difundió la idea de que Remedios estaba poblada de duendes y demonios. De ahí nacen las célebres historias de los 'jimaguas' o duendes remedianos y de las apariciones diabólicas que, lejos de vaciar el pueblo, terminaron formando parte de su identidad y su folclore. Remedios quedó así como una villa cargada de leyendas, fe y misterio.
La fuerte religiosidad de Remedios dejó como gran legado su Parroquial Mayor de San Juan Bautista, una de las iglesias más bellas de Cuba. El templo, de origen colonial, presenta una fachada sobria, pero guarda en su interior un tesoro que sorprende a todo visitante: un magnífico altar mayor barroco recubierto de pan de oro, junto con otros altares dorados y un notable techo de madera de tradición mudéjar (alfarje), con artesonado tallado.
Durante mucho tiempo, buena parte de esta riqueza permaneció oculta bajo capas de pintura y de tiempo. La gran restauración llegó en el siglo XX gracias al mecenazgo del millonario Eutimio Falla Bonet, miembro de una acaudalada familia vinculada a la región, que financió a mediados de siglo los trabajos que devolvieron al templo su esplendor y sacaron a la luz los altares de oro y los detalles artísticos que hoy lo hacen célebre.
La iglesia conserva además curiosidades que la hacen única, como una imagen de la Inmaculada Concepción representada embarazada, una rareza dentro de la iconografía católica. Junto con la cercana Iglesia del Buen Viaje, la Parroquial Mayor conforma el insólito conjunto de dos templos asomados a una misma plaza, una de las señas de identidad de Remedios y reflejo de la devoción que atraviesa toda su historia.
La tradición que hizo famosa a Remedios en toda Cuba —las Parrandas— habría nacido en las primeras décadas del siglo XIX, y su origen está envuelto en una historia entrañable. Según el relato más difundido, un sacerdote de la villa, identificado popularmente con la figura del padre Francisco Vigil de Quiñones, preocupado por la escasa asistencia a las misas de Aguinaldo (las misas de la novena de Navidad, que se celebraban de madrugada), animó a un grupo de niños a recorrer las calles del pueblo haciendo ruido con latas, cornetas, pitos y cualquier objeto sonoro, para despertar a los vecinos y atraerlos al templo.
Aquel bullicio festivo y madrugador, pensado en un principio como un recurso religioso, fue creciendo y transformándose. Con el paso de los años, el ruido espontáneo dio lugar a una organización cada vez más elaborada: aparecieron la música, los faroles, los estandartes y, con el tiempo, la rivalidad entre los distintos barrios del pueblo. Así, lo que empezó como una llamada a misa se convirtió en una fiesta popular de competencia entre vecinos.
El pueblo terminó dividiéndose en dos grandes bandos festivos, que perduran hasta hoy: el barrio de San Salvador, representado por el símbolo del gallo y el color azul, y el barrio de El Carmen, representado por el gavilán. Cada Navidad, ambos barrios rivalizan por presentar las mejores carrozas, estructuras iluminadas y fuegos artificiales. De aquel ingenioso recurso de un cura del siglo XIX nació una de las tradiciones más espectaculares y queridas de Cuba.
El alma de las Parrandas está en la rivalidad de los dos barrios históricos de Remedios. El de San Salvador tiene como emblema al gallo y se identifica con el color azul; el de El Carmen tiene como emblema al gavilán. Durante todo el año, en talleres a menudo discretos o secretos, los vecinos de cada bando trabajan en la preparación de sus obras para la gran noche del 24 de diciembre, en una mezcla de orgullo barrial, ingenio artesanal y pasión competitiva que se transmite de generación en generación.
La fiesta se compone de varios elementos que se despliegan en la Nochebuena. Los 'trabajos de plaza' son gigantescas estructuras de madera, tela y miles de luces que cada barrio levanta en la Plaza Mayor, verdaderas obras de ingeniería efímera. Las carrozas alegóricas desfilan iluminadas por las calles. Suena la polca remediana, la música característica de la fiesta. Y, por encima de todo, está la batalla de fuegos artificiales, que durante horas llena el cielo de luz, color y estruendo, en una competencia atronadora entre los dos barrios.
Más allá de la rivalidad, las Parrandas son un poderoso factor de identidad y cohesión para Remedios: movilizan a todo el pueblo, atraen a remedianos emigrados que regresan para la fiesta y convierten a la pequeña villa en el centro de atención de Cuba cada diciembre. La tradición se extendió también a otras localidades de la región central, dando lugar al conjunto cultural que la Unesco reconocería como patrimonio de la humanidad.
El reconocimiento internacional de las Parrandas llegó en 2018, cuando la Unesco inscribió 'Las parrandas del centro de Cuba' en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. La distinción no se limita a Remedios: abarca el conjunto de parrandas que se celebran en varias localidades del centro de la isla, una tradición festiva de origen común que tiene en Remedios a su exponente más antiguo y famoso. El reconocimiento valora el carácter comunitario, artesanal y transmitido de generación en generación de estas fiestas.
Hoy Remedios vive un doble papel. Durante la mayor parte del año es una apacible villa colonial, una de las mejor conservadas de Cuba, que atrae a viajeros en busca de autenticidad, tranquilidad y belleza arquitectónica, con su Plaza Mayor, sus dos iglesias y su casco histórico intacto. Su cercanía a los cayos del norte de Villa Clara —Cayo Santa María, Las Brujas y Ensenachos, accesibles por el pedraplén desde Caibarién— la ha convertido además en una base de turismo cultural complementaria al turismo de playa de la zona.
Pero cada diciembre, Remedios recupera su otra cara y se transforma en el escenario de la fiesta que la hizo célebre. Esa convivencia entre el silencio colonial y el estruendo festivo, entre la fe antigua y la pólvora, entre la villa detenida en el tiempo y la explosión de las Parrandas, define la identidad de uno de los pueblos más singulares y queridos de Cuba.