En enero de 1869, los habitantes de Bayamo tomaron una decisión que muy pocas ciudades del mundo se han atrevido a tomar: antes que entregar su ciudad a las tropas españolas que venían a reconquistarla, le prendieron fuego con sus propias manos. Aquella noche, una de las villas más antiguas de Cuba ardió hasta los cimientos por voluntad de su propia gente. Para entender semejante gesto hay que remontarse tres siglos y medio atrás, al nacimiento de la ciudad. Bayamo fue fundada por el adelantado Diego Velázquez de Cuéllar hacia 1513, con el nombre de San Salvador de Bayamo, como la segunda de las primeras villas que los españoles establecieron en la isla (después de Nuestra Señora de la Asunción de Baracoa). Se levantó tierra adentro, en una llanura fértil del oriente, a orillas del río Bayamo, en una región habitada por pueblos originarios.
El nombre 'Bayamo' es de origen indígena (taíno o de las lenguas de los pueblos que habitaban la zona); algunas fuentes lo asocian al nombre de un cacique local. Esa raíz prehispánica conecta a la ciudad con los habitantes que poblaban la región antes de la conquista, dedicados a la agricultura, la caza y la pesca en el valle del Cauto.
Desde sus primeros tiempos, Bayamo se consolidó como un centro de la ganadería y la agricultura del fértil valle del Cauto, el mayor sistema fluvial de Cuba. Su ubicación interior, lejos de los grandes puertos pero conectada al mar por el río y la costa cercana, marcaría su desarrollo y su carácter a lo largo de los siglos.
Durante los siglos coloniales, Bayamo prosperó como uno de los centros más importantes del oriente cubano. Su economía se basaba en la ganadería, la agricultura del valle del Cauto y un activo comercio. La ciudad, situada tierra adentro pero conectada al mar a través del río Bayamo y de la cercana costa, desarrolló también una notable actividad de contrabando, que le permitió comerciar al margen del rígido monopolio español con barcos de otras naciones.
Ese comercio —legal e ilegal— hizo de Bayamo una villa próspera y relativamente autónoma, con una sociedad criolla acomodada que con el tiempo desarrollaría un fuerte sentimiento de identidad propia. La riqueza ganadera y agrícola, sumada al carácter independiente de sus habitantes, fue creando el caldo de cultivo de lo que más tarde se manifestaría en el plano político.
A lo largo de la colonia, Bayamo fue también escenario de tensiones, rebeliones de esclavizados y conflictos, y mantuvo siempre un carácter de ciudad orgullosa y díscola frente al poder central. Ese espíritu se volvería decisivo en el siglo XIX, cuando Bayamo se convirtió en uno de los epicentros de la lucha por la independencia de Cuba.
El momento que cambió la historia de Bayamo —y de Cuba— llegó el 10 de octubre de 1868. Ese día, el hacendado bayamés Carlos Manuel de Céspedes, en su ingenio La Demajagua (cerca de Manzanillo), liberó a sus esclavos, los convocó a sumarse a la lucha y proclamó el inicio de la guerra por la independencia de Cuba frente al dominio español. Este acto, conocido como el 'Grito de Yara' o 'Grito de La Demajagua', dio comienzo a la Guerra de los Diez Años (1868-1878), el primer gran conflicto independentista cubano.
Pocos días después, las fuerzas insurrectas tomaron la ciudad de Bayamo, que se convirtió en uno de los primeros territorios liberados y en capital simbólica de la revolución. Céspedes, reconocido como el 'Padre de la Patria', encarnó el ideal de una Cuba libre y de la abolición de la esclavitud, dos causas que se entrelazaron en la lucha.
La toma de Bayamo por los independentistas fue un acontecimiento de enorme valor simbólico: por primera vez, una ciudad importante quedaba en manos cubanas, bajo una bandera de libertad. En ese ambiente de exaltación patriótica se gestó otro de los grandes símbolos de la nación: el himno que pronto resonaría en su iglesia.
En el clima de fervor patriótico que siguió a la toma de Bayamo, nació uno de los símbolos máximos de la nación cubana: su himno. Perucho Figueredo (Pedro Felipe Figueredo), patriota bayamés, había compuesto una marcha que se conocería como 'La Bayamesa' o 'Himno de Bayamo'. Su letra, con el célebre verso 'Al combate corred, bayameses, / que la patria os contempla orgullosa...', se cantó por primera vez de forma multitudinaria en la Iglesia Mayor de Bayamo. Esa canción se convirtió en el Himno Nacional de Cuba.
Pero la gloria fue breve. En enero de 1869, las tropas españolas avanzaron para reconquistar la ciudad. Ante la imposibilidad de defenderla y antes que verla caer de nuevo en manos coloniales, los propios habitantes de Bayamo tomaron una decisión heroica y trágica: incendiaron su ciudad. El fuego destruyó gran parte de la arquitectura colonial de Bayamo, que quedó en ruinas. Aquel gesto, que prefería la destrucción a la rendición, selló para siempre la fama patriótica de la ciudad.
El incendio explica por qué hoy Bayamo conserva pocos vestigios coloniales originales: buena parte de lo que se ve es reconstrucción posterior. Entre los pocos tesoros que sobrevivieron a las llamas está la Capilla de la Dolorosa, en la Iglesia Mayor, con su valioso retablo barroco. Por el himno y por el incendio, Bayamo quedó consagrada como cuna de la nacionalidad cubana.
Tras el incendio de 1869 y el final de las guerras de independencia, Bayamo fue reconstruida poco a poco, conservando su trazado y recuperando su papel de centro del oriente cubano. La ciudad mantuvo siempre vivo el orgullo de su historia, transformándose en una suerte de santuario de la memoria patriótica cubana: aquí están la Casa Natal de Céspedes, la Plaza del Himno y los lugares ligados al nacimiento de la nación.
Con la reorganización política de Cuba, Bayamo se convirtió en la capital de la provincia de Granma (nombre que recuerda el yate 'Granma' en el que Fidel Castro y sus compañeros desembarcaron en 1956 para iniciar la lucha revolucionaria, en la costa de esta misma provincia). Así, Granma y su capital concentran capítulos clave tanto de la independencia del siglo XIX como de la Revolución del siglo XX.
Hoy Bayamo es una ciudad tranquila y orgullosa, conocida por sus coches de caballos, sus calles limpias y arboladas, sus 'sábados bayameses' (la fiesta popular semanal) y su fuerte identidad cultural. Combina el peso de su historia con una vida pausada y amable, y funciona como puerta de entrada al oriente profundo: la Sierra Maestra, el Pico Turquino, la costa de Granma y el Parque Nacional Desembarco del Granma. Visitar Bayamo es, en buena medida, visitar el lugar donde empezó a forjarse la idea misma de Cuba.