La historia de Zagreb es, en su origen, la historia de dos ciudades vecinas y rivales asentadas sobre dos colinas separadas por un pequeño arroyo, el Medveščak. La primera mención documental del nombre 'Zagreb' se asocia a la fundación del obispado en 1094, cuando el rey húngaro-croata Ladislao I estableció una diócesis en la colina que pasaría a llamarse Kaptol. Allí, alrededor de la catedral y de las residencias del clero, creció una ciudad eclesiástica gobernada por el obispo.
En la colina vecina, llamada Gradec o Grič, se desarrolló en paralelo un asentamiento de carácter civil: un burgo de mercaderes y artesanos. Su gran momento llegó en 1242, cuando, tras el paso devastador de la invasión mongola por la región, el rey Bela IV otorgó a Gradec una 'Bula de Oro' (Zlatna bula) que lo convertía en ciudad libre real, con derecho a fortificarse, comerciar y gobernarse con cierta autonomía. De aquellas murallas medievales se conservan hoy la Torre Lotrščak y la Puerta de Piedra.
Durante siglos, las dos colinas convivieron como entidades distintas, cada una con su gobierno, sus murallas y sus intereses. La rivalidad entre la Kaptol eclesiástica y la Gradec mercantil derivó a veces en conflictos abiertos y choques violentos; el nombre del Krvavi most ('puente sangriento'), que cruzaba el arroyo entre ambas, recuerda esos enfrentamientos. Esta doble naturaleza —religiosa y civil, sobre dos colinas— está en el ADN del casco histórico de Zagreb tal como se recorre hoy.
A partir de 1527, tras la derrota húngara ante los otomanos en Mohács (1526), la nobleza croata eligió a la Casa de Habsburgo para ceñir la corona, y las tierras croatas —incluida Zagreb— quedaron integradas en la órbita de la monarquía austríaca. Durante los siglos XVI y XVII, Croacia fue tierra de frontera frente al avance del Imperio otomano, que llegó a controlar buena parte del interior. Zagreb, aunque no cayó bajo dominio turco, vivió bajo la amenaza constante de las incursiones y se convirtió en un bastión y centro administrativo de la Croacia 'de los restos de los restos' (reliquiae reliquiarum), como se llamó al pequeño territorio que resistió.
En este contexto, Zagreb fue ganando peso como sede del poder político croata dentro del entramado de los Habsburgo. La ciudad albergó cada vez más instituciones: la dieta o parlamento croata (el Sabor), las residencias del ban (el gobernador o virrey de Croacia) y los organismos de la Iglesia. Las dos colinas, Kaptol y Gradec, siguieron como entidades formalmente separadas, pero el conjunto urbano que hoy llamamos Zagreb se consolidaba como la capital de hecho del pueblo croata.
La retirada otomana a fines del siglo XVII y comienzos del XVIII alivió la presión sobre la frontera y permitió cierta recuperación. Zagreb se fue desprendiendo de su carácter de plaza fuerte para crecer como ciudad barroca, con palacios nobiliarios, conventos e iglesias, sobre todo en la zona alta. La identidad de Zagreb como centro nacional croata, dentro de un imperio multinacional, se forjó en estos siglos de frontera.
El siglo XIX fue decisivo para la formación de la Zagreb moderna, en dos planos: el urbano y el político-cultural. En el plano urbano, en 1850 las dos antiguas ciudades rivales, Gradec y Kaptol, junto con los barrios que habían crecido en torno a ellas, se unieron por fin en una sola entidad administrativa: la ciudad de Zagreb, con un único gobierno municipal. Aquella unión puso fin a siglos de existencia separada y dio origen a la ciudad unitaria que conocemos.
En el plano político y cultural, Zagreb se convirtió en el corazón del 'renacimiento nacional croata' (el llamado Movimiento Ilirio), que desde la década de 1830 buscó afirmar la lengua, la cultura y la identidad croatas dentro del Imperio austrohúngaro. Figuras como Ljudevit Gaj impulsaron la estandarización de la lengua croata y la conciencia nacional. Una figura central de la época fue el ban Josip Jelačić, gobernador en tiempos de las revoluciones de 1848, cuya estatua ecuestre preside hoy la gran plaza central de la ciudad.
La segunda mitad del siglo XIX trajo a Zagreb un florecimiento institucional y cultural notable: se fundaron o consolidaron la Academia de Ciencias y Artes, la Universidad moderna, museos, galerías, teatros y sociedades culturales. La ciudad empezó a expandirse hacia el sur, más allá del casco antiguo, preparando el terreno para la gran transformación urbanística que vendría tras el terremoto de 1880. Zagreb se afirmaba como la capital cultural indiscutida de los croatas.
El 9 de noviembre de 1880, un fuerte terremoto sacudió Zagreb y causó daños considerables en gran parte de la ciudad, incluida la catedral. Lejos de frenar su desarrollo, la catástrofe se convirtió en el punto de partida de una de las mayores transformaciones urbanas de su historia. La reconstrucción y la expansión que siguieron dieron forma a la Zagreb que hoy conocemos, especialmente a su elegante Ciudad Baja (Donji Grad).
La figura clave de la reconstrucción fue el arquitecto Hermann Bollé, que reconstruyó la catedral en estilo neogótico, dotándola de sus características torres gemelas, y proyectó otras obras emblemáticas como las arcadas del monumental cementerio de Mirogoj. Al mismo tiempo, la ciudad se expandió hacia el sur siguiendo un plan urbanístico moderno, con manzanas regulares, anchos bulevares y, sobre todo, la llamada 'Herradura Verde de Lenuci': una sucesión de plazas ajardinadas en forma de U que enlazaba parques, pabellones y nuevos edificios públicos.
En esas décadas finales del siglo XIX y comienzos del XX, Zagreb se llenó de palacios, museos, teatros (como el Teatro Nacional Croata) y edificios de estilos historicista y secesionista (la versión local del Art Nouveau austríaco). La ciudad adquirió ese inconfundible aire centroeuropeo, austrohúngaro, que la distingue del resto de Croacia y que sigue siendo uno de sus mayores encantos. El terremoto de 1880, paradójicamente, fue la partera de la Zagreb monumental y moderna.
El siglo XX trajo a Zagreb una sucesión de cambios de soberanía que reflejan la turbulenta historia de la región. Tras la Primera Guerra Mundial y el fin del Imperio austrohúngaro (1918), las tierras croatas pasaron a integrar el Reino de los Serbios, Croatas y Eslovenos, que en 1929 se rebautizó como Reino de Yugoslavia. Zagreb fue en esos años la capital de Croacia dentro de ese reino y un importante foco político y cultural, escenario de las tensiones entre el centralismo de Belgrado y las aspiraciones autonomistas croatas.
Durante la Segunda Guerra Mundial, Zagreb fue capital del llamado Estado Independiente de Croacia (1941-1945), un régimen títere de la Alemania nazi y la Italia fascista, gobernado por el movimiento ustacha, responsable de crímenes atroces. Tras la liberación y el fin de la guerra, Croacia se integró como república en la Yugoslavia socialista de Josip Broz Tito, con Zagreb como su capital. En las décadas de posguerra la ciudad creció enormemente, sobre todo hacia el sur del río Sava, con la edificación de la 'Nueva Zagreb' (Novi Zagreb) de bloques de viviendas modernos.
El gran giro llegó en 1991: tras un referéndum, Croacia declaró su independencia en medio de la desintegración de Yugoslavia, lo que desató una guerra. Zagreb, ya como capital de la nueva República de Croacia, sufrió ataques con cohetes en 1991 y 1995, pero no fue ocupada. Con el fin del conflicto y la consolidación del Estado croata, la ciudad se afirmó como la capital política, económica y cultural del país, y más tarde como uno de los rostros de una Croacia integrada en la Unión Europea (2013).
La Zagreb del siglo XXI es una capital europea moderna, segura y vivible, que ha sabido conservar su carácter centroeuropeo y, al mismo tiempo, abrirse al turismo y a la vida cultural contemporánea. Es el corazón administrativo, universitario y económico de Croacia, sede del gobierno, el parlamento y las principales instituciones del país, miembro de la Unión Europea desde 2013.
La ciudad ha cultivado una identidad cultural propia y distintiva. La 'cultura del café' es casi una institución: los zagrebinos pasan horas en las terrazas, y el ritual del sábado por la mañana (la 'špica', cuando la gente sale a ver y dejarse ver en el centro) es parte del folclore urbano. Zagreb se ha hecho famosa también por iniciativas culturales originales, como el Museo de las Relaciones Rotas, premiado como el museo más innovador de Europa, y por su Advent (mercado navideño), elegido en varias ocasiones el mejor de todo el continente, que llena el centro de luces y casetas en diciembre.
En marzo de 2020, en plena pandemia, un fuerte terremoto volvió a golpear la ciudad, causando daños en la ciudad alta y, de nuevo, en la catedral, cuyas torres quedaron seriamente afectadas y andamiadas para su restauración. Las obras de recuperación del patrimonio histórico continúan desde entonces. Pese a ello, Zagreb sigue siendo una capital acogedora y de creciente atractivo turístico, valorada por quienes buscan, más allá de las célebres playas dálmatas, la cara cotidiana, culta y centroeuropea de Croacia.