La zona donde hoy se extiende el Parque Nacional Huerquehue, en la cordillera andina de La Araucanía, es parte del territorio ancestral del pueblo mapuche y, más específicamente, de las comunidades cordilleranas conocidas como pehuenches. El nombre 'pehuenche' significa, literalmente, 'gente del pehuén': el pehuén es la araucaria, el árbol emblemático de estos bosques de altura, lo que revela hasta qué punto la identidad de estas comunidades estaba ligada a este árbol.
Para los pehuenches, la araucaria no era solo parte del paisaje, sino la base de su sustento. El piñón —la semilla de la araucaria— era un alimento fundamental: se recolectaba en otoño, se almacenaba y se consumía de diversas formas durante el año, constituyendo una fuente de energía esencial para sobrevivir en la dura cordillera. La recolección del piñón era una actividad central, casi ritual, en el ciclo de vida de estas comunidades.
Estos pueblos cordilleranos vivían de la recolección, la caza, la ganadería y el aprovechamiento estacional de los recursos de la montaña, desplazándose según las estaciones. Los bosques de araucarias, las lagunas y los valles de la cordillera —como los que protege hoy Huerquehue— eran su hogar y su despensa. La araucaria mantiene hasta hoy un profundo valor sagrado y cultural para el pueblo mapuche-pehuenche, lo que añade una dimensión espiritual a la visita de estos bosques milenarios.
El alma del Parque Nacional Huerquehue es la araucaria (Araucaria araucana), llamada 'pehuén' en mapudungun y conocida popularmente en otros lugares como 'pino araucano' o 'pewen'. Es uno de los árboles más antiguos y singulares del planeta: pertenece a un linaje de coníferas de origen muy antiguo, considerado un 'fósil viviente', con antepasados que se remontan a la era de los dinosaurios. Su silueta inconfundible —tronco recto y copa que se abre como un candelabro o un paraguas— y su longevidad (puede vivir más de mil años) la convierten en un símbolo del sur de Chile.
La araucaria crece en zonas de altura de la cordillera de los Andes y de la cordillera de la Costa, en el centro-sur de Chile y en parte de Argentina, formando bosques que son ecosistemas únicos. Es una especie dioica (hay árboles 'macho' y 'hembra'), de crecimiento lento, cuyas semillas —los piñones— se desarrollan en grandes piñas. Esos piñones, como vimos, fueron y siguen siendo un alimento de enorme valor para los pueblos cordilleranos.
Por su valor ecológico, su antigüedad y su importancia cultural, la araucaria fue declarada Monumento Natural en Chile, lo que prohíbe su tala y le otorga una protección especial. Esta condición refleja el reconocimiento de que estos bosques son un patrimonio natural irremplazable. Visitar parques como Huerquehue, donde las araucarias forman bosques imponentes en torno a las lagunas de montaña, es una de las mejores formas de apreciar y valorar este árbol extraordinario en su hábitat natural.
Como el resto de la cordillera y la zona lacustre de La Araucanía, el territorio de Huerquehue permaneció bajo control mapuche-pehuenche durante siglos, primero frente al Imperio español y luego frente al joven Estado chileno. Al sur del río Biobío, la Araucanía mantuvo su independencia de hecho hasta fines del siglo XIX, cuando el Estado chileno emprendió la llamada 'Pacificación' u 'Ocupación de la Araucanía', incorporando por la fuerza estos territorios mediante campañas militares, la fundación de fuertes y ciudades, y la radicación de las comunidades indígenas.
La zona lacustre —con Villarrica refundada en 1883 y Pucón surgiendo poco después— se fue abriendo entonces a la colonización por parte de chilenos del centro del país y de inmigrantes europeos, especialmente alemanes. Las tierras de la cordillera, antes dominio exclusivo de los pueblos cordilleranos, comenzaron a ser exploradas, explotadas (madera, ganadería) y, más tarde, valoradas por su belleza natural.
Durante la primera mitad del siglo XX, a medida que crecían Pucón y Villarrica como incipientes destinos turísticos, los bosques de araucarias y las lagunas de la cordillera fueron ganando reconocimiento por su valor paisajístico y natural. La presión de la explotación maderera sobre los bosques nativos, sin embargo, también amenazaba estos ecosistemas únicos, lo que con el tiempo motivaría la necesidad de protegerlos formalmente. Ese fue el camino que llevaría, en 1967, a la creación del parque nacional.
El Parque Nacional Huerquehue fue creado oficialmente en 1967, en un período en que Chile comenzaba a consolidar y ampliar su sistema de áreas silvestres protegidas, reconociendo el valor de conservar los bosques nativos, la flora y la fauna del país. La creación del parque tuvo como objetivo central proteger los valiosos bosques de araucarias milenarias, las lagunas de montaña, las cuencas hidrográficas y la fauna nativa de este sector de la cordillera andina de La Araucanía.
La protección llegó en un buen momento: los bosques nativos del sur de Chile habían sufrido durante décadas la presión de la explotación maderera y los incendios. Declarar parque nacional un área como Huerquehue significaba sustraerla de esos usos y destinarla a la conservación, la investigación y el disfrute público respetuoso. La superficie protegida supera las 12.000 hectáreas, abarcando los bosques, las lagunas (como las del célebre Sendero Los Lagos) y el entorno del lago Tinquilco.
Desde su creación, el parque ha estado bajo la administración de la Corporación Nacional Forestal (Conaf), el organismo encargado de las áreas protegidas del Estado en Chile. Conaf gestiona el acceso, los senderos, el camping, la protección de la flora y fauna y la educación ambiental. Con el tiempo, Huerquehue se convirtió en uno de los parques nacionales más visitados y queridos de la zona lacustre, valorado tanto por la belleza de sus paisajes como por su rol en la conservación del bosque templado y de las araucarias, ese patrimonio natural milenario del sur de Chile.
Hoy, el Parque Nacional Huerquehue cumple un doble rol que define a buena parte de las áreas protegidas del sur de Chile: la conservación de un ecosistema valioso y el disfrute responsable por parte de los visitantes. Como parte del Sistema Nacional de Áreas Silvestres Protegidas del Estado, administrado por Conaf, Huerquehue protege bosques de araucarias y de especies del bosque templado (coihues, lengas, lingues), lagunas de origen glaciar, cuencas de agua y una fauna que incluye aves, mamíferos y especies características del sur de los Andes.
El parque se ha consolidado como uno de los destinos de naturaleza imperdibles de la zona lacustre, gracias sobre todo a su accesibilidad desde Pucón y a la belleza de su Sendero Los Lagos. Esta popularidad, sin embargo, trae también el desafío de conservar el entorno frente al creciente número de visitantes: por eso Conaf regula el acceso, mantiene los senderos, gestiona el camping y promueve normas de comportamiento (no salir de los senderos, no dañar la flora —especialmente las araucarias protegidas—, llevarse la basura, respetar la fauna).
Visitar Huerquehue es, en definitiva, una oportunidad de conectar con uno de los ecosistemas más antiguos y hermosos de Chile, y de comprender la importancia de protegerlo. Detrás de la belleza de sus lagunas y de la majestuosidad de sus araucarias milenarias hay una larga historia: la del pueblo pehuenche que vivió de estos bosques, la de un árbol prehistórico que sobrevive desde tiempos remotos, y la de la decisión de un país de conservar este patrimonio para las generaciones futuras.