La región de Los Lagos, en torno al gran lago Llanquihue —el segundo más grande de Chile—, fue territorio de los mapuches-huilliches. A mediados del siglo XIX, el Estado chileno impulsó allí una intensa colonización alemana, gestionada por Vicente Pérez Rosales: familias inmigrantes desmontaron el bosque a fuego, fundaron o poblaron ciudades como Puerto Montt (1853, bautizada en honor al presidente Manuel Montt), Puerto Varas, Frutillar, Puerto Octay y Osorno, e instalaron una próspera economía agrícola e industrial.
Ese legado germano se percibe hasta hoy en la arquitectura de tejuelas y torreones, en la repostería con küchen y strudel, en las iglesias, cementerios y en el ambiente centroeuropeo de pueblos como Frutillar, sede de un célebre festival de música clásica —las Semanas Musicales— frente al lago y con el volcán Osorno al fondo.
Puerto Varas, la 'ciudad de las rosas', se ha convertido en la capital turística de la región, base para explorar el volcán Osorno, los saltos del Petrohué, el esmeralda lago Todos los Santos y el Parque Nacional Vicente Pérez Rosales, el más antiguo de Chile (1926). El paisaje de lagos y volcanes perfectos evoca a los Alpes, con un aire propio del sur austral.
Desde Puerto Montt, capital regional y gran puerto, parte hacia el sur la mítica Carretera Austral y los ferries que se internan en los fiordos y canales patagónicos. La región es, así, la gran puerta de entrada a la Patagonia chilena, donde el paisaje de lagos y volcanes da paso a los bosques lluviosos, los fiordos y el hielo del extremo sur.
El archipiélago de Chiloé, corazón insular de la región, es un mundo aparte, con una cultura propia forjada en siglos de aislamiento y de mestizaje entre huilliches y españoles. Fue el último bastión realista de Chile, que solo se incorporó a la república en 1826. Sus iglesias de madera, construidas por los jesuitas, franciscanos y los maestros carpinteros chilotes entre los siglos XVII y XIX, son Patrimonio de la Humanidad de la Unesco desde 2000.
Los palafitos —casas de madera sobre pilotes al borde del mar— de Castro son una de las postales más reconocibles del sur de Chile. La isla conserva una rica mitología poblada de seres como el Trauco, la Pincoya, la Fiura y el barco fantasma Caleuche; una gastronomía centrada en el curanto, cocido bajo tierra con piedras calientes; y una fuerte identidad forjada entre el mar, la papa —de la que Chiloé es uno de los centros de origen mundial, con cientos de variedades— y la madera.
La región abarca también el sur profundo del continente, con la zona de Cochamó y su valle de paredes de granito —apodado el 'Yosemite chileno'—, los fiordos de la Patagonia norte y el Parque Pumalín Douglas Tompkins, gran obra de conservación donada al Estado que protege extensos bosques de alerces y selva valdiviana.
En su economía, además del turismo y la ganadería, Los Lagos es el epicentro de la industria salmonera chilena, que ha hecho del país uno de los mayores productores de salmón del mundo, con sus luces y sombras ambientales. Del lago Llanquihue a los canales de Chiloé y la Carretera Austral, la región condensa buena parte de la magia del sur de Chile.