La región de Coquimbo, de fértiles valles transversales entre el desierto y el Chile central, fue territorio del pueblo diaguita, célebre por su fina cerámica decorada con motivos geométricos, y quedó bajo influencia inca antes de la llegada española. La ciudad de La Serena, fundada por Juan Bohón en 1544 por orden de Pedro de Valdivia y refundada por Francisco de Aguirre en 1549 tras un ataque indígena, es la tercera más antigua de Chile.
Martirizada por ataques de piratas —como el del corsario inglés Bartholomew Sharp en 1680, que la incendió— y por levantamientos indígenas durante la Colonia, La Serena floreció luego con la minería de plata y cobre del siglo XIX, que dejó iglesias y casonas señoriales. Su vocación minera, agrícola y portuaria la convirtió en el gran centro del Norte Chico.
En el siglo XX, el presidente Gabriel González Videla —nacido en la ciudad— impulsó el llamado 'Plan Serena' (1948-1952), un ambicioso programa de renovación urbana que dotó a La Serena de su característico estilo arquitectónico neocolonial, con calles ordenadas, edificios públicos de aire hispano, jardines y numerosas iglesias, que le valieron el apodo de 'ciudad de las iglesias'.
Hoy La Serena, junto a su ciudad hermana y puerto de Coquimbo, forma la segunda conurbación más poblada del norte de Chile y un destino turístico de playas, balnearios y patrimonio, base para explorar los valles interiores y los cielos de la región. Su Avenida del Mar concentra la vida veraniega del Norte Chico.
Tierra adentro se abre el Valle del Elqui, uno de los rincones más luminosos y singulares de Chile. Sus laderas escalonadas, regadas por el río Elqui y sus embalses, producen la uva moscatel con que se destila el pisco, aguardiente de bandera y con denominación de origen, en pueblos como Pisco Elqui y Vicuña, herencia de una tradición vitivinícola que se remonta a la Colonia.
El valle es también cuna de Gabriela Mistral, nacida en Vicuña en 1889, maestra rural que en 1945 se convirtió en la primera persona latinoamericana en ganar el Premio Nobel de Literatura. Su figura, su casa natal y su tumba en Montegrande impregnan toda la comarca. A su fama poética se suma la mística: el Elqui es conocido por su supuesta 'energía especial' y sus cielos, que atraen a buscadores espirituales, artistas y viajeros de todo el mundo.
Los cielos limpios, secos y despejados de Coquimbo la han convertido en una de las capitales mundiales de la astronomía. En sus montañas se levantan algunos de los observatorios más importantes del planeta —Cerro Tololo, La Silla, Gemini Sur y el gran observatorio Vera Rubin en el cerro Pachón—, que aprovechan la excepcional transparencia del cielo del Norte Chico.
En el Valle del Elqui prospera además el astroturismo, con observatorios abiertos al público, como Mamalluca, que permiten contemplar unos de los cielos estrellados más impresionantes de la Tierra. La combinación de playas en La Serena y Coquimbo, valles pisqueros y verdes, pueblos con historia y cielos únicos hace de esta región un destino que une, como pocos, naturaleza, cultura y ciencia.