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Historia de Třeboň

Los señores de la Rosa: una corte entre estanques

Para entender Třeboň hay que empezar por una familia: los Rožmberk, en alemán Rosenberg, los 'señores de la Rosa'. Descendientes de los Vítkovci, fueron durante siglos la estirpe nobiliaria más poderosa de todo el sur de Bohemia, tan rica y tan influyente que a veces rivalizaban con los propios reyes. Su emblema, una rosa roja de cinco pétalos, todavía se ve por toda la región, desde Český Krumlov hasta Třeboň.

La ciudad aparece en los documentos ya en el siglo XIV como posesión de esta familia, y pronto se convirtió en una de sus residencias favoritas. Los Rožmberk transformaron una modesta villa amurallada en un centro de poder: levantaron y ampliaron el castillo, lo convirtieron de fortaleza medieval en un elegante palacio renacentista con patios de arcadas y esgrafiados, y atrajeron a artesanos, comerciantes y administradores. Třeboň, protegida por sus murallas, sus puertas monumentales y una red de estanques que también servía de defensa, era a la vez residencia señorial, plaza fuerte y centro económico.

Esta pequeña ciudad vivió así a la sombra de una corte culta y ambiciosa. El último y quizá más entrañable de los Rožmberk, Petr Vok, trasladó aquí en sus últimos años su corte y su célebre biblioteca, una de las mayores colecciones de libros de la Europa central de su tiempo. Třeboň era, en el ocaso de los señores de la Rosa, el corazón sentimental de la familia.

Jakub Krčín y la conquista del agua

Si los Rožmberk pusieron el poder y el dinero, hubo un hombre que puso el genio: Jakub Krčín de Jelčany y Sedlčany (aproximadamente 1535-1604), regente de los dominios de la familia y uno de los ingenieros hidráulicos más brillantes de su época. Krčín es el gran protagonista de la epopeya que hizo famosa a Třeboň: la creación, a base de diques, canales y compuertas, de un colosal sistema de estanques piscícolas sobre una llanura antes pantanosa y azotada por las crecidas del río Lužnice.

La cuenca de Třeboň ya tenía estanques desde el siglo XV —a comienzos del XVI, el ingeniero Štěpánek Netolický había trazado el Canal Dorado (Zlatá stoka), una arteria artificial de más de cuarenta kilómetros para alimentarlos—, pero fue Krčín quien llevó el sistema a su cumbre. En la segunda mitad del siglo XVI construyó o remodeló decenas de estanques, entre ellos el Svět, junto a la ciudad. Su obra maestra fue el estanque Rožmberk, levantado entre 1584 y 1590: con casi cinco kilómetros cuadrados de superficie, es todavía hoy el mayor estanque piscícola de Chequia y de Europa central. Para regular las aguas del Lužmnice y evitar que inundara el nuevo estanque, Krčín construyó además la Nová řeka ('Nueva Río'), un canal artificial que desvía parte del caudal del río.

Lo asombroso es que aquella obra del siglo XVI sigue funcionando. Los diques, los canales y las compuertas que diseñó Krčín continúan regulando las aguas y criando peces más de cuatro siglos después. La leyenda lo pinta como un hombre brillante, soberbio y temido, casi un mago del agua, y su figura quedó para siempre ligada a este paisaje. Toda la comarca es hoy Reserva de la Biosfera de la Unesco, y su valor no es solo natural, sino también el de una de las mayores obras de ingeniería de la Europa preindustrial.

La carpa: el pez que hizo rica a Třeboň

Aquellos estanques no se construyeron por belleza, sino por negocio. La cría de peces —sobre todo carpas— era un comercio muy lucrativo en la Europa medieval y moderna, especialmente por la enorme demanda de pescado que imponía la Iglesia católica durante la Cuaresma y los numerosos días de ayuno del calendario, en los que no se podía comer carne. Los Rožmberk convirtieron sus estanques en una máquina de generar ingresos, y la carpa de Třeboň llegó a mesas de toda Bohemia y más allá.

El sistema de estanques funcionaba (y funciona) con una lógica de precisión: los peces se crían durante varios años pasando de unos estanques a otros según su tamaño, y en otoño llega el gran momento, el výlov. Se vacían parcialmente los estanques y los pescadores, con enormes redes y botes de fondo plano, recogen toneladas de carpas entre el barro y el agua fría. En 1607 se llegó a registrar una pesca de más de 200 toneladas; la Guerra de los Treinta Años, en cambio, hundió la producción durante un tiempo.

Esta tradición sigue vivísima y se ha vuelto un símbolo nacional. La carpa de Navidad es el plato central de la cena de Nochebuena para la inmensa mayoría de las familias checas —se estima que en torno al 80-90 % la sirven—, y buena parte de esa carpa sale precisamente de los estanques de Třeboň, con el Rožmberk a la cabeza. Cada otoño, los výlovy atraen a multitudes que vienen a ver el espectáculo, comprar pescado fresco y comer pescado frito y sopa de pescado en los puestos junto al agua. Pocos lugares muestran de forma tan clara cómo una obra de ingeniería del siglo XVI sigue marcando la vida y la mesa de un país entero.

De los Rožmberk a los Schwarzenberg

La gran era de los señores de la Rosa se cerró en Třeboň. Petr Vok de Rožmberk, el último varón de la familia, pasó aquí sus últimos años, entregado a sus libros y a la administración de sus menguantes dominios, y murió en el castillo de Třeboň en 1611. Con él se extinguía una de las estirpes más importantes de la historia checa. Su valiosísima biblioteca y sus archivos quedaron parcialmente ligados a la ciudad, que todavía hoy alberga uno de los archivos históricos más importantes del país.

El dominio pasó entonces a la familia Švamberk (Schwamberg), emparentada con los Rožmberk. Pero eran tiempos convulsos: cuando estalló la rebelión de los estados protestantes de Bohemia contra los Habsburgo, los Švamberk se pusieron del lado de los sublevados. La derrota de la revuelta en la batalla de la Montaña Blanca, en 1620, tuvo consecuencias durísimas: sus bienes fueron confiscados por la corona, y Třeboň cambió de manos. Tras varias décadas y distintos propietarios, el dominio acabó en 1660 en poder de los Schwarzenberg, otra gran familia noble de origen alemán que se convertiría en una de las más ricas y poderosas del Imperio.

Los Schwarzenberg hicieron de Třeboň una de sus sedes durante siglos, y a finales del siglo XIX incluso su residencia de invierno. Su huella más impresionante es el mausoleo familiar que levantaron entre 1874 y 1877 en la orilla del estanque Svět, en Domanín: un elegante panteón neogótico de planta hexagonal, rodeado de un parque a la inglesa, impulsado por la princesa Eleonora de Schwarzenberg y su esposo Jan Adolf II. En su cripta, en parte por debajo del nivel del agua del estanque, reposan una veintena larga de miembros de la familia. El mausoleo, devuelto a los descendientes de la familia en tiempos recientes, es hoy uno de los monumentos más singulares de la ciudad.

Cerveza, turba y una ciudad que invita a desacelerar

Junto al agua y la nobleza, Třeboň cultivó otras dos tradiciones que todavía la definen: la cerveza y el balneario. La ciudad presume de una cervecería fundada en 1379, en época de los Rožmberk, hoy conocida por su marca Bohemia Regent: es una de las cervecerías más antiguas del mundo que siguen en funcionamiento, y su nombre recuerda al cargo de regente que administraba los dominios señoriales. Elaborar cerveza fue durante siglos un privilegio y una fuente de riqueza para la ciudad, y todavía se puede visitar la fábrica y catar sus cervezas, incluso en recorridos nocturnos a la luz de las velas.

La otra gran tradición nació en el siglo XIX y es más inesperada: los baños de turba. La comarca de Třeboň, con sus turberas, es rica en turba medicinal (rašelina), y en 1883 el vecino Václav Hucek inauguró un establecimiento termal —el Bertiny lázně, 'Baños de Berta'— para aprovechar sus propiedades en el tratamiento de dolencias de huesos y articulaciones. A aquel balneario histórico se sumó más tarde el moderno Lázně Aurora, junto al estanque Svět, y Třeboň se consolidó como una de las ciudades-balneario más queridas de Chequia, adonde la gente sigue viniendo a sumergirse en el barro tibio y oscuro para aliviar el reúma y la espalda.

El siglo XX trajo a Třeboň, como a todo el país, la Primera Guerra Mundial y el nacimiento de Checoslovaquia en 1918, la Segunda Guerra Mundial, la expropiación de los Schwarzenberg y el régimen comunista, que estatalizó los estanques, el castillo y el balneario. Tras la Revolución de Terciopelo de 1989, la ciudad restauró su patrimonio y potenció el turismo de naturaleza y salud. En 1977, toda la comarca ya había sido declarada Reserva de la Biosfera de la Unesco. Hoy Třeboň es una escapada tranquila y muy checa: una ciudad de bolsillo entre estanques, con castillo, cerveza centenaria y baños de turba, donde el mayor lujo es caminar despacio alrededor del agua que un ingeniero del Renacimiento imaginó hace casi quinientos años.

📚 Bibliografía

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