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Historia de Olomouc

De los eslavos a la Gran Moravia: la cuna de una capital

Cuenta la leyenda que fue Julio César quien fundó Olomouc y le dio nombre —Iuliomontium, 'el monte de Julio'—, y por eso su fuente más imponente muestra al emperador romano a caballo. La realidad es menos épica pero igual de antigua: los romanos nunca llegaron tan al norte, y el origen verdadero de la ciudad está en los pueblos eslavos. Ya en el siglo VII existía un asentamiento fortificado (un gord) en el actual barrio de Povel, que sirvió como centro administrativo hasta que fue destruido a comienzos del siglo IX.

El núcleo que daría lugar a la ciudad surgió después en Předhradí, donde residía un gobernador del imperio de la Gran Moravia, el primer gran Estado eslavo de Europa central. Cuando la Gran Moravia se derrumbó hacia el año 907 bajo la presión de los magiares, aquel asentamiento sobrevivió y fue creciendo poco a poco hasta convertirse en la capital de la provincia de Moravia. Situada en un vado del río Morava, en el corazón de la fértil llanura de la Haná, Olomouc ocupaba un cruce natural de rutas comerciales entre Bohemia, Silesia, Austria y Hungría, y esa posición estratégica marcaría todo su destino.

Con la consolidación del Estado checo bajo la dinastía Přemyslida, Olomouc se convirtió en sede de un principado y en uno de los bastiones del poder en Moravia. Sobre la colina que hoy llamamos Dómské návrší ('la colina de la Catedral') se levantó un castillo ducal, y la ciudad empezó a perfilarse como el gran centro político y militar de la mitad oriental del reino.

El obispado de 1063 y el corazón espiritual de Moravia

El hecho que fijó para siempre la importancia de Olomouc fue la fundación del obispado de Moravia en 1063. A partir de entonces, la ciudad no solo fue un centro de poder político sino, sobre todo, el corazón espiritual de toda Moravia: durante casi mil años, la vida religiosa de la región se gobernó desde acá. En 1141, la sede episcopal se trasladó de la iglesia de San Pedro (hoy desaparecida) a la de San Wenceslao, en la colina del castillo, donde permanece la catedral hasta hoy.

Una figura clave de aquellos siglos fue el obispo Jindřich Zdík (en el cargo entre 1126 y 1150), un prelado culto y viajero que impulsó la reforma de la Iglesia morava y mandó construir un magnífico palacio episcopal románico junto a la catedral. Ese Palacio Přemyslida, con sus ventanas geminadas y su piedra labrada, es hoy una de las joyas de la arquitectura románica de Chequia y el núcleo del actual Museo Arquidiocesano. El obispado acumuló enormes propiedades y se volvió uno de los más ricos de la región; en 1777 sería elevado al rango de arzobispado.

A lo largo de la Edad Media, Olomouc creció como ciudad real. Fue oficialmente refundada como ciudad en el siglo XIII, se rodeó de murallas y compitió de igual a igual con Brno por el título de principal urbe de Moravia. Reyes y nobles la eligieron como escenario de encuentros y tratados: en 1479, por ejemplo, se firmó acá la Paz de Olomouc entre dos reyes que se disputaban la corona de Bohemia, Vladislao Jagellón y Matías Corvino de Hungría, que se repartieron las tierras de la corona checa.

1306: el asesinato de Wenceslao III y el fin de una dinastía

El episodio más dramático de la historia de Olomouc ocurrió el 4 de agosto de 1306. El joven rey Wenceslao III (Václav III), de apenas dieciséis o diecisiete años, se encontraba en la ciudad preparando una campaña militar hacia Polonia, cuya corona también reclamaba. Descansaba en la casa del deán del cabildo, Budislav —en la actual plaza de Wenceslao, junto a la catedral—, cuando fue apuñalado de muerte por un asesino cuya identidad y motivos nunca se aclararon del todo. Las crónicas mencionan a un tal Konrad de Botenstein, pero el crimen quedó envuelto en el misterio.

El magnicidio tuvo consecuencias enormes. Wenceslao III era rey de Bohemia, de Hungría y de Polonia, y con su muerte —sin descendencia masculina— se extinguió por completo la dinastía Přemyslida, que había gobernado las tierras checas de forma ininterrumpida desde el siglo IX, más de cuatrocientos años. El trono de Bohemia quedó vacante y se abrió una crisis sucesoria que terminaría llevando al poder a la casa de Luxemburgo: pocos años después, Juan de Luxemburgo se casaría con Isabel Přemyslida y daría origen a una nueva dinastía, cuya figura culminante sería el emperador Carlos IV.

Que el último de los Přemyslidas cayera precisamente en Olomouc es una de esas coincidencias que marcan la memoria de una ciudad. El lugar del crimen quedó ligado para siempre a la catedral y a la colina episcopal, y todavía hoy se lo recuerda como el punto donde terminó una de las grandes dinastías de la historia europea.

La universidad jesuita y la catástrofe de la Guerra de los Treinta Años

El siglo XVI trajo a Olomouc un nuevo motor de prestigio: la educación. En 1573, los jesuitas fundaron acá una academia con rango universitario, en el marco de la Contrarreforma y del esfuerzo por reafirmar el catolicismo frente al protestantismo. Fue el segundo centro universitario de las tierras checas después de la Universidad Carolina de Praga, y convirtió a Olomouc en un faro intelectual de Moravia. De aquella institución desciende la actual Universidad Palacký, hoy una de las más importantes del país y el alma joven de la ciudad.

El siglo XVII, en cambio, estuvo a punto de arruinarlo todo. La Guerra de los Treinta Años (1618-1648), que desangró a toda Europa central, golpeó a Olomouc con especial dureza. En 1642, el ejército sueco tomó la ciudad y la ocupó durante ocho años, hasta 1650. La ocupación fue devastadora: la población se desplomó de más de 30.000 habitantes a apenas unos pocos miles, muchos edificios quedaron en ruinas y la economía se hundió. Olomouc salió de la guerra convertida en una sombra de lo que había sido.

Ese desastre selló un cambio decisivo. En 1641, en plena guerra, las instituciones y la dieta provincial de Moravia se trasladaron a Brno, considerada más segura y mejor defendida. Aunque Olomouc siguió siendo la sede del obispado y una ciudad importante, perdió para siempre su papel de capital administrativa de Moravia frente a su vieja rival. La herida de aquella pérdida marcó la identidad de la ciudad durante generaciones.

Renacer barroco: la peste, la Columna de la Trinidad y la fortaleza

A pesar de la catástrofe, Olomouc renació en los siglos XVII y XVIII con una fuerza extraordinaria, y lo hizo en clave barroca. Con el respaldo del rico arzobispado y de las órdenes religiosas, la ciudad se llenó de iglesias, palacios, colegios y, sobre todo, de las célebres fuentes decoradas con dioses y héroes de la Antigüedad, construidas entre 1683 y 1735. Esa apuesta por la mitología clásica alimentaba el orgullo de una ciudad que se sentía heredera de la Roma imperial a través de la leyenda de César.

El monumento que resume ese esplendor es la Columna de la Santísima Trinidad, levantada entre 1716 y 1754. Como tantas columnas de este tipo en Europa central, nació como exvoto: un agradecimiento por el fin de una epidemia de peste que había asolado la región a comienzos del siglo XVIII, y una afirmación monumental de la fe católica. Con sus 35 metros, es el mayor conjunto escultórico barroco de su clase en el continente, y en su inauguración de 1754 estuvo presente la propia emperatriz María Teresa. En el año 2000, la Unesco la declaró Patrimonio de la Humanidad.

En el siglo XVIII, Olomouc sumó una nueva función: la de gran fortaleza militar de los Habsburgo. María Teresa la rodeó de poderosas murallas y bastiones para frenar el avance de Prusia, y la ciudad demostró su valor cuando Federico el Grande la asedió sin éxito durante siete semanas en 1758. Convertida en plaza fuerte, Olomouc quedó encorsetada por sus fortificaciones durante más de un siglo, lo que frenó su expansión pero también preservó intacto su casco histórico. Cuando en el siglo XIX se derribaron las murallas, su lugar lo ocuparon los parques que hoy rodean el centro.

1848, el reloj socialista y la Olomouc de hoy

En el otoño de 1848, con Europa sacudida por las revoluciones liberales y Viena en plena agitación, la corte imperial de los Habsburgo buscó refugio en la seguridad de la fortaleza de Olomouc. Allí ocurrió un hecho de alcance europeo: el 2 de diciembre de 1848, el emperador Fernando I abdicó y fue proclamado emperador su joven sobrino Francisco José I, que tenía solo dieciocho años y reinaría durante casi setenta, hasta 1916. Poco después, en 1850, Olomouc volvió a ser escenario de la alta política con la llamada 'Reculada de Olomütz', el acuerdo por el que Austria impuso a Prusia la restauración de la Confederación Germánica.

El siglo XX trajo luces y sombras. Tras la caída del Imperio austrohúngaro en 1918, Olomouc pasó a formar parte de la nueva Checoslovaquia. La ciudad tenía una comunidad judía que había resurgido con fuerza tras la revolución de 1848 y que a comienzos del siglo XX contaba con su propia sinagoga. El nazismo la aniquiló: en la 'Noche de los Cristales Rotos', en noviembre de 1938, la sinagoga fue incendiada, y durante la ocupación los judíos de la ciudad fueron deportados a Theresienstadt y a los campos de exterminio. Menos de trescientos sobrevivieron al Holocausto.

De la posguerra y del régimen comunista quedó un símbolo insólito. El reloj astronómico del Ayuntamiento, dañado por un obús en los últimos días de la guerra en 1945, fue reconstruido entre 1947 y 1955 por el artista Karel Svolinský en el estilo oficial del momento, el realismo socialista: en lugar de santos y apóstoles, sus figuras muestran a obreros, campesinos, deportistas y científicos, un testimonio único de cómo el arte público se puso al servicio de la ideología. Tras la Revolución de Terciopelo de 1989 y la separación pacífica de Chequia y Eslovaquia en 1993, Olomouc encontró su papel actual: una ciudad universitaria vibrante y asequible, con el segundo conjunto histórico protegido más grande del país, que hoy recupera el orgullo de haber sido, durante siglos, la capital de Moravia.

📚 Bibliografía

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