Pocas ciudades europeas nacieron con una intención política tan clara escrita en su propio trazado. En 1265, el rey Přemysl Otakar II de Bohemia —uno de los monarcas más poderosos de la Europa de su tiempo, apodado 'el rey de hierro y oro'— ordenó fundar una ciudad real en la confluencia de los ríos Moldava (Vltava) y Malše, en pleno sur de Bohemia. No lo hizo por casualidad ni por devoción: lo hizo para plantar la autoridad de la corona en una región que, hasta entonces, estaba prácticamente en manos de una sola familia nobiliaria, los Vítkovci, los antepasados de los futuros señores de la Rosa, los Rožmberk.
El sur de Bohemia era el feudo de esta poderosa estirpe, dueña de castillos, bosques y villas. Otakar II, que quería un reino fuerte y centralizado, necesitaba un enclave propio que le sirviera de contrapeso frente a esos magnates. Así surgió Budějovice —Budweis en alemán—, una ciudad real dependiente directamente del monarca. El encargado de elegir el sitio y planificarla fue un caballero del rey llamado Hirzo, y el resultado fue un modelo de urbanismo medieval: una retícula regular de calles en damero organizada en torno a una plaza cuadrada enorme, la actual plaza Přemysl Otakar II, de unos 133 metros de lado. Aquella plaza monumental no era un capricho estético, sino el símbolo del poder real y el escenario del mercado que daría riqueza a la ciudad.
Un primer asentamiento ya se mencionaba en el lugar hacia 1251, pero es 1265 la fecha que la ciudad reconoce como su acta de nacimiento. Rodeada de murallas, canales y bastiones, České Budějovice se convirtió pronto en una plaza fuerte leal a la corona en un mar de dominios señoriales.
La nueva ciudad prosperó rápido, y lo hizo sobre tres pilares: la plata, la sal y la cerveza. En los alrededores, sobre todo en la zona de Rudolfov, había minas de plata que enriquecieron a los burgueses de Budějovice durante los siglos medievales. La ciudad se convirtió además en un nudo del comercio de la sal, un bien preciadísimo que llegaba desde Austria y se distribuía por Bohemia: no es casualidad que varios de sus edificios más antiguos, como el granero gótico que hoy alberga el museo de motos, sirvieran como almacenes de sal.
Pero el privilegio que marcaría para siempre la identidad de la ciudad fue el de elaborar cerveza. Como muchas ciudades reales, Budějovice recibió el derecho a producir y vender cerveza, un monopolio jugoso. En 1351 obtuvo el llamado 'derecho de milla' (mílové právo): dentro de un radio de una milla checa alrededor de la ciudad no podían existir tabernas ajenas, y desde 1410 tampoco cervecerías que le hicieran competencia. Los vecinos con derecho a producir cerveza formaron una tradición que se transmitió durante siglos.
De ese privilegio nace el nombre que daría la vuelta al mundo. En alemán, la ciudad se llamaba Budweis, y a la cerveza elaborada allí se la llamaba 'Budweiser', es decir, 'de Budweis', igual que 'pilsner' significa 'de Plzeň (Pilsen)'. Durante siglos, 'Budweiser' fue simplemente el gentilicio cervecero de esta ciudad del sur de Bohemia. Esa palabra, tan ligada al lugar, se convertiría mucho después en el centro de una de las disputas de marca más largas y célebres de la historia comercial, entre la cervecera checa Budějovický Budvar (fundada en 1895) y la estadounidense Anheuser-Busch.
En el siglo XV, Bohemia se convirtió en el escenario de una de las convulsiones religiosas más importantes de la Europa medieval. La quema en la hoguera del reformador Jan Hus en el concilio de Constanza, en 1415, encendió la mecha de las guerras husitas: los seguidores de Hus, los husitas, se levantaron contra la Iglesia de Roma y contra el emperador, y sus ejércitos —temibles por su disciplina y sus carros de guerra— recorrieron el país arrasando monasterios y ciudades católicas.
En ese mapa dividido, České Budějovice se alineó con firmeza del lado católico y de la corona. Como ciudad real fundada precisamente para sostener la autoridad del rey, se mantuvo leal a la Iglesia romana y al emperador Segismundo, y se transformó en un baluarte católico en un sur de Bohemia atravesado por el conflicto. Sus murallas y su lealtad le permitieron resistir la presión husita mientras otras localidades caían o cambiaban de bando.
Esta fidelidad tuvo premio. Los soberanos recompensaron a la ciudad con privilegios y favores que consolidaron su riqueza y su rango. A lo largo de la Edad Moderna, ya bajo los Habsburgo, České Budějovice siguió siendo un importante centro católico y comercial: en 1785 se convirtió en sede de un obispado, y su iglesia principal, San Nicolás, pasó a ser catedral. Los grandes incendios y las reconstrucciones barrocas de los siglos XVII y XVIII le dieron buena parte del aspecto elegante que hoy luce su casco histórico, con la fuente de Sansón (1721-1727) y el ayuntamiento azul como emblemas.
En el siglo XIX, České Budějovice protagonizó un capítulo asombroso de la historia de los transportes europeos. Entre 1825 y 1832 se construyó el ferrocarril de tracción animal que unía Budweis (České Budějovice) con Linz, en Austria: fue el primer ferrocarril público de transporte del continente europeo, adelantándose a las grandes líneas de vapor que vendrían después.
El primer tramo, de České Budějovice a Kerschbaum, entró en servicio en 1828, y la línea completa quedó operativa el 1 de agosto de 1832. No había locomotoras de vapor: los vagones circulaban sobre rieles tirados por caballos, que se relevaban en estaciones a lo largo del recorrido de unos 120 a 128 kilómetros. El objetivo principal era económico y muy concreto: transportar de forma eficiente la sal desde las minas austríacas hacia Bohemia, además de otras mercancías y, en verano, algunos pasajeros.
Aquella línea de caballos fue una hazaña de la ingeniería de su tiempo y un símbolo del empuje de la ciudad. Hoy se conservan tramos del trazado y edificios históricos, y un pequeño museo en la ciudad (Muzeum koněspřežky) recuerda esta primicia continental. Que el primer ferrocarril público de Europa continental arrancara justamente aquí dice mucho del papel de České Budějovice como cruce de caminos comerciales entre Bohemia y el mundo germánico.
Durante siglos, České Budějovice fue una ciudad bilingüe donde convivían —y a veces rivalizaban— checos y alemanes. La ciudad tenía dos nombres para la misma realidad: Budweis en alemán, Budějovice en checo. En la Edad Media y la Edad Moderna, buena parte del patriciado urbano y del comercio estaba en manos de la población germanoparlante, mientras el campo circundante era mayoritariamente checo.
Con el siglo XIX y el auge de los nacionalismos, esa convivencia se volvió tensión política. La ciudad se transformó en un escenario de la 'guerra de las lenguas' que sacudió a toda Bohemia: cada comunidad tenía sus asociaciones, sus escuelas, sus periódicos y sus símbolos, y el control del ayuntamiento y de las instituciones se disputaba en clave nacional. Las cifras cuentan el vuelco: en 1880 la población estaba casi repartida entre alemanes y checos, pero la industrialización y la llegada de trabajadores del campo checo cambiaron el equilibrio, y hacia 1921 los checos superaban ampliamente a los alemanes.
Esa doble identidad también está en el corazón de la famosa disputa cervecera. Como en la ciudad convivían las dos lenguas y las dos comunidades, hubo cervecerías 'checas' y 'alemanas', y la etiqueta 'Budweiser' —el gentilicio alemán— quedó asociada a ambas. Cuando la estadounidense Anheuser-Busch registró ese nombre en 1878, inspirándose en las cervezas de Budweis, sentó las bases de un conflicto de marca que, más de un siglo después, sigue enfrentando a la Budvar checa con la multinacional en tribunales de medio mundo.
El siglo XX trajo a České Budějovice las mismas sacudidas que a toda Europa central. Tras la Primera Guerra Mundial y la caída del Imperio austrohúngaro, la ciudad quedó integrada en 1918 en la nueva Checoslovaquia. El período de entreguerras consolidó su carácter checo y su desarrollo industrial, con la cerveza, los lápices Koh-i-Noor Hardtmuth (una industria histórica de la ciudad) y otras manufacturas como motores de la economía.
La Segunda Guerra Mundial y la ocupación nazi golpearon duramente a la región. En marzo de 1945, ya en los últimos meses del conflicto, bombardeos aliados causaron destrucción y víctimas en la ciudad. Con el fin de la guerra llegó la liberación, pero también el drama de la expulsión de la población alemana de Checoslovaquia, que puso fin a siglos de convivencia bilingüe y cerró para siempre la vieja Budweis germanoparlante.
Bajo el régimen comunista instaurado en 1948, České Budějovice creció como centro industrial y administrativo del sur de Bohemia, con barrios nuevos y fábricas, mientras el casco histórico envejecía. La Revolución de Terciopelo de 1989 y la posterior separación pacífica de Chequia y Eslovaquia en 1993 abrieron una nueva etapa. Desde entonces, la ciudad restauró su hermoso centro, potenció la universidad y el turismo, y volvió a poner en valor sus dos grandes tesoros: la plaza cuadrada más grande del país y una cerveza que lleva su nombre por todo el mundo. Hoy, con casi 100.000 habitantes, České Budějovice es la capital tranquila y elegante de Bohemia del Sur, puerta de entrada a los castillos, los estanques y los pueblos de cuento de la región.