Imaginá manejar horas por una pradera absolutamente plana, hasta el horizonte, y que de pronto, sin ningún aviso, se levante frente a vos una muralla de montañas de más de mil metros. Eso es exactamente lo que pasa al llegar a Waterton Lakes: aquí las Montañas Rocosas emergen de forma abrupta, casi vertical, directamente sobre la llanura, sin las suaves estribaciones que suelen anteceder a las grandes cordilleras. Esa transición brutal, de pradera a alta montaña en cuestión de metros, es lo que da a Waterton su perfil tan particular y le valió el lema de ser el lugar 'donde las montañas se encuentran con la pradera'.
Las rocas de Waterton están entre las más antiguas de las Rocosas canadienses: son sedimentos de más de mil millones de años de antigüedad, formados en mares precámbricos, que luego fueron empujados y plegados por enormes fuerzas tectónicas. Un fenómeno geológico clave de la región es el llamado 'Lewis Overthrust' (cabalgamiento de Lewis), por el cual rocas muy antiguas terminaron montadas sobre otras mucho más jóvenes, algo visible en los acantilados del parque.
Sobre esa base antiquísima, los glaciares de las últimas eras de hielo hicieron el trabajo final: excavaron valles profundos y dejaron, al retirarse, una cadena de lagos de gran profundidad. El lago Upper Waterton es el más profundo de las Rocosas canadienses. Esa combinación de rocas milenarias, fallas espectaculares, lagos glaciares y el encuentro de dos ecosistemas (pradera y montaña) explica la extraordinaria biodiversidad del parque.
Mucho antes de que existiera el parque, la región de Waterton era —y sigue siendo— territorio tradicional y lugar de profundo significado espiritual para los pueblos originarios, en especial los Siksikaitsitapi, la Confederación Pies Negros (Blackfoot), y también los Ktunaxa (Kootenai) y otras naciones. Para estos pueblos, las montañas, los lagos y las praderas de la zona formaban parte de su mundo desde tiempos inmemoriales.
Los lagos y los valles eran lugares de paso, caza, recolección y ceremonia. La abundancia de bisontes en las praderas cercanas y de fauna en las montañas hacía de la región un área rica en recursos, mientras que ciertos parajes tenían un valor sagrado dentro de su cosmovisión. La presencia indígena en la zona se remonta a miles de años.
Es importante recordar que la creación del parque nacional, como ocurrió en tantos lugares de América del Norte, se dio sobre territorios que ya tenían dueños y significados ancestrales. Hoy, Parks Canada reconoce explícitamente la conexión continua de los Pies Negros y otros pueblos originarios con Waterton, y trabaja en la incorporación de sus perspectivas en la gestión y la interpretación del parque.
El personaje más emblemático de la historia colonial de Waterton es John George 'Kootenai' Brown, un aventurero de origen irlandés que llevó una vida novelesca antes de instalarse junto a los lagos, a fines del siglo XIX. Brown fue el primer colono de la zona, vivió de la caza, la pesca y el comercio, y desarrolló un profundo amor por este rincón de las Rocosas, al que ayudó a dar a conocer y a proteger.
El 30 de mayo de 1895, el gobierno federal canadiense protegió un área de unos 140 km² como 'Dominion Forest Park', el germen del actual Parque Nacional Waterton Lakes. Kootenai Brown se convirtió en guardián de la pesca y la caza y, en 1911, en el primer funcionario oficial del parque, un cargo que ocupó ya anciano y que selló su vínculo con el lugar. Su figura quedó para siempre asociada a los orígenes de Waterton.
El nombre 'Waterton' proviene del naturalista británico Charles Waterton, en cuyo honor se bautizaron los lagos en el siglo XIX, antes incluso de la creación del parque. Con el correr de las décadas, el área protegida fue creciendo y consolidándose como uno de los parques nacionales de Canadá, dentro del sistema pionero de conservación que el país desarrollaría a lo largo del siglo XX.
En las primeras décadas del siglo XX, Waterton se sumó al auge del turismo de montaña que vivían las Rocosas. El gran símbolo de esa época es el Prince of Wales Hotel, inaugurado el 25 de julio de 1927. Lo construyó la compañía ferroviaria estadounidense Great Northern Railway —es el único de los grandes hoteles ferroviarios de Canadá levantado por una empresa de Estados Unidos— sobre una colina barrida por el viento, con una vista espectacular del lago Upper Waterton. Su silueta de estilo alpino se convirtió en la imagen más reconocible del parque.
El hito histórico más célebre de Waterton llegó en 1932. Ese año, por iniciativa de clubes rotarios de Alberta y Montana y con el respaldo de ambos gobiernos, el Parque Nacional Waterton Lakes (Canadá) y el Glacier National Park (Estados Unidos) se unieron simbólicamente para crear el Waterton-Glacier International Peace Park, el primer parque internacional de la paz del mundo. Su objetivo era celebrar y promover la paz, la buena voluntad y la cooperación entre los dos países vecinos, además de subrayar el carácter internacional de la protección de la naturaleza.
El reconocimiento internacional siguió creciendo. En 1979, Waterton se convirtió en la segunda reserva de la biosfera de Canadá y el primer parque nacional canadiense en participar de ese programa de la Unesco. Y en 1995, el conjunto fronterizo Waterton-Glacier fue declarado Patrimonio Mundial de la Unesco, en reconocimiento a su excepcional valor natural, su biodiversidad y su simbolismo como parque de la paz. Hoy, ese triple sello —parque de la paz, reserva de la biosfera y Patrimonio Mundial— hace de Waterton un lugar único en el mundo.
El 11 de septiembre de 2017 Waterton vivió el capítulo más dramático de su historia reciente. Un incendio provocado por un rayo, el Kenow Fire, que ardía lentamente desde fines de agosto en las montañas de la vecina Columbia Británica, estalló de golpe en condiciones de extrema sequía y viento: en una sola noche pasó de unas 12.000 a más de 40.000 hectáreas y saltó al parque. Los habitantes del townsite y los visitantes fueron evacuados mientras un muro de fuego avanzaba hacia el pueblo.
El incendio quemó alrededor de 19.300 hectáreas dentro del Parque Nacional Waterton Lakes —más de la mitad de su superficie vegetada— y afectó cerca del 80% de la red de senderos. Se perdieron el centro de visitantes, el camping de Crandell Mountain, edificios, corrales y buena parte de la infraestructura de agua y electricidad. Fue, sin embargo, una hazaña que el propio pueblo de Waterton y el histórico Prince of Wales Hotel se salvaran casi milagrosamente, gracias al enorme esfuerzo de los bomberos que defendieron el townsite.
Lo que vino después fue una lección de resiliencia, tanto de la naturaleza como de la comunidad. El gobierno canadiense invirtió más de 20 millones de dólares en la recuperación: se reconstruyeron senderos, servicios y un nuevo centro de operaciones, y se reabrieron gradualmente las áreas afectadas. La naturaleza respondió con fuerza: al desaparecer el dosel del bosque, la luz llegó al suelo y estalló una explosión de flores silvestres y nuevos brotes, mientras osos, ciervos y alces seguían prosperando en el paisaje renovado. Hoy, recorrer Waterton es también ser testigo de ese renacer: entre los troncos quemados asoma una vegetación joven y vigorosa, prueba de que estos ecosistemas de montaña evolucionaron durante milenios junto al fuego. El parque que hoy recibe al viajero es, a la vez, uno de los rincones más antiguos y uno de los más nuevos de las Rocosas.