El vasto territorio que hoy abarca la Reserva del Parque Nacional Kluane, en el suroeste del Yukón, es el hogar ancestral de Primeras Naciones del norte, en particular los Champagne and Aishihik y los Kluane (Kluane First Nation), cuya relación con esta tierra de montañas, lagos y ríos se remonta a miles de años. El propio nombre 'Kluane' proviene de su lengua y se relaciona con 'lago de muchos peces', en alusión a la riqueza del gran lago.
Para estos pueblos, la región era un territorio de caza, pesca y desplazamiento estacional. Las laderas, los valles y las orillas de los lagos proveían caribú, alce, ovejas de Dall y pescado, mientras las rutas a través de las montañas conectaban el interior con la costa del Pacífico, en redes de intercambio que movían bienes como el cobre y, más tarde, otros productos. El conocimiento profundo del terreno y de su fauna era esencial para la vida en un entorno tan extremo.
Esa presencia milenaria sigue siendo central en la identidad del parque. La gestión actual de Kluane reconoce los derechos y la herencia de las Primeras Naciones, y su cultura y sus topónimos (como Tachäl Dhäl, el nombre originario de Sheep Mountain) están muy presentes en la interpretación del lugar, recordando que esta no es una naturaleza 'vacía', sino un paisaje cultural habitado desde tiempos inmemoriales.
La llegada de forasteros a la región de Kluane se intensificó a comienzos del siglo XX, en parte como eco tardío de la fiebre del oro del Klondike. Hacia 1903-1904 se produjo un pequeño rush de oro en la zona del arroyo Kluane y los alrededores del lago, que atrajo a buscadores y dio lugar a campamentos efímeros. Aunque modesta comparada con el Klondike, esta actividad minera abrió la región y dejó huellas en su historia.
El gran cambio en el acceso, sin embargo, llegó durante la Segunda Guerra Mundial con la construcción, en 1942, de la carretera de Alaska (Alaska Highway). Esta enorme obra, levantada por razones estratégicas para conectar el sur de Canadá con Alaska, atravesó el suroeste del Yukón bordeando lo que hoy es el parque, junto al lago Kluane. De pronto, una región hasta entonces remotísima quedaba conectada por una vía terrestre.
La carretera transformó el territorio: facilitó el tránsito, fijó algunos asentamientos como Haines Junction y Destruction Bay, y, andando el tiempo, hizo posible el turismo. La franja del parque accesible hoy a los visitantes es, precisamente, la que discurre junto a esa carretera, mientras el corazón glaciar permanece tan inaccesible como siempre, salvo por aire.
La excepcionalidad natural de la región —las montañas más altas de Canadá, con el monte Logan; los mayores campos de hielo no polares del mundo; y ecosistemas que sostienen una fauna espectacular, incluida una alta densidad de osos grizzly— impulsó su protección. En la década de 1970, el gobierno canadiense estableció Kluane como reserva de parque nacional, una figura que protege el área mientras se resuelven las reclamaciones territoriales de las Primeras Naciones.
El reconocimiento internacional consagró su valor. Kluane fue inscrito por la Unesco como Patrimonio de la Humanidad, integrando un colosal conjunto transfronterizo de áreas protegidas junto con el Parque Nacional Wrangell-St. Elias y el Glacier Bay, en Alaska (Estados Unidos), y el Parque Tatshenshini-Alsek, en la Columbia Británica. Este conjunto forma una de las extensiones de naturaleza protegida más grandes del planeta, célebre por sus glaciares, cumbres y la diversidad de sus ecosistemas.
Hoy Kluane se gestiona en colaboración con las Primeras Naciones del territorio, combinando la conservación de un paisaje de superlativos con el respeto a su herencia cultural. Para el visitante, representa una oportunidad única de asomarse a la inmensidad helada del Gran Norte, ya sea caminando por sus valles, observando su fauna o sobrevolando el mar de hielo que esconde su corazón.
El corazón de Kluane es un reino de hielo y altura sin parangón en Canadá. El monte Logan, de 5.959 metros, es la montaña más alta del país y la segunda de Norteamérica, después del Denali. Su nombre honra a Sir William Edmund Logan, fundador del Servicio Geológico de Canadá en el siglo XIX. La primera ascensión a su cima se logró en 1925, tras una expedición épica por un terreno glaciar remotísimo; aún hoy escalarlo es una empresa reservada a montañeros experimentados, que acceden por avioneta a los campos de hielo.
Alrededor de Logan se extienden los campos de hielo de Kluane, las mayores masas de hielo no polares del planeta, que alimentan glaciares colosales como el Lowell, el Kaskawulsh y el Hubbard. Estos glaciares han protagonizado fenómenos científicos notables: en 2016, el retroceso del glaciar Kaskawulsh hizo que su río de deshielo cambiara de curso casi de un día para otro —un proceso bautizado 'pirateo fluvial' (river piracy)—, vaciando el lago Slims y redirigiendo el agua hacia el Pacífico en lugar del mar de Bering, un caso citado en todo el mundo como ejemplo del impacto del calentamiento global.
Kluane es, por todo esto, un laboratorio natural del cambio climático. Sus glaciares retroceden año a año y la región es objeto de investigaciones glaciológicas y de monitoreo a largo plazo. Para Parks Canada y las Primeras Naciones, conservar este paisaje implica también documentar y comprender su transformación, en un territorio donde la inmensidad helada que asombra al visitante es, a la vez, un testigo frágil del clima del planeta.
Kluane no es un parque nacional 'a secas', sino una reserva de parque nacional, y esa palabra encierra una historia clave. Cuando el gobierno canadiense protegió estas tierras en la década de 1970, lo hizo sobre un territorio cuya propiedad reclamaban las Primeras Naciones de la zona, que nunca lo habían cedido. La figura de 'reserva de parque' se usa precisamente para proteger un área mientras se resuelven esas reclamaciones territoriales, sin dar por zanjada la cuestión de la tierra. Durante décadas, la creación del parque supuso además restricciones a la caza y a los usos tradicionales de los que habían vivido siempre en él, una tensión frecuente en la historia de los parques del norte.
El giro llegó tras más de veinte años de negociaciones. El 29 de mayo de 1993, las Primeras Naciones Champagne and Aishihik firmaron con los gobiernos de Canadá y del Yukón su Acuerdo Final y su Acuerdo de Autogobierno (en vigor desde febrero de 1995), que reconocieron sus derechos sobre la porción yukonesa de su territorio tradicional y les otorgaron poderes de gobierno propio. La vecina Kluane First Nation firmó acuerdos equivalentes años después. Estos tratados modernos transformaron la relación entre los pueblos originarios y el parque.
Desde entonces, Kluane se gestiona de forma colaborativa. Las Primeras Naciones son cogestoras de los recursos naturales y culturales de su territorio: participan en el Kluane National Park Management Board y en los consejos de recursos que asesoran sobre la conservación, el patrimonio y el uso del parque. Los nombres originarios (como Tachäl Dhäl, el nombre de Sheep Mountain) y la interpretación de la cultura Champagne and Aishihik y Kluane ganaron un lugar central en la experiencia del visitante. La historia de Kluane, así, no termina en sus glaciares y sus cumbres: incluye también un capítulo pionero de reconocimiento de derechos indígenas y de gestión compartida de uno de los grandes tesoros naturales del planeta.