Mucho antes de que existiera el pueblo o el parque, la región de Jasper fue, durante miles de años, territorio y corredor de pueblos originarios. Diversos pueblos —entre ellos los Stoney Nakoda, los Cree, los Secwépemc (Shuswap), los Dene-zaa, los Métis y otros— recorrían estos valles de montaña, cazaban en sus bosques y praderas, pescaban en sus ríos y conocían los pasos que permitían atravesar la imponente barrera de las Rocosas.
Esos pasos de montaña, como el de Yellowhead (Yellowhead Pass), eran de enorme importancia: eran las rutas naturales que conectaban las llanuras del este con la vertiente del Pacífico, a través del macizo montañoso. Por ellos transitaban los pueblos originarios en sus desplazamientos y, más tarde, los comerciantes de pieles y los exploradores europeos que buscaban una vía hacia el oeste. La región era, por tanto, una encrucijada conocida y transitada mucho antes de la llegada de los europeos.
La creación del parque nacional, a comienzos del siglo XX, tuvo un costo humano poco conocido: varias familias, en buena parte de origen métis e indígena, que vivían y trabajaban en la zona (como las del valle de Jasper) fueron desplazadas de sus tierras al establecerse el parque. Esta historia de despojo, durante mucho tiempo silenciada, se reconoce hoy cada vez más como parte del relato de Jasper, junto con la profunda y antigua relación de los pueblos originarios con este territorio de montaña.
La presencia europea estable en la región nació con el comercio de pieles, a comienzos del siglo XIX. En aquella época, las grandes compañías peleteras —como la North West Company y, más tarde, la Hudson's Bay Company— extendían sus redes de puestos comerciales por el oeste de Norteamérica, siguiendo los ríos y los pasos de montaña. La zona de Jasper, por su ubicación en la ruta hacia los pasos de las Rocosas, era un punto de paso para los comerciantes y exploradores que se dirigían al Pacífico.
En este contexto se estableció un puesto comercial en la zona, que pasó a conocerse como Jasper House. Su nombre venía de Jasper Hawes, un encargado (clerk) de la North West Company que estuvo a cargo del puesto a principios del siglo XIX. De ese hombre y de aquel puesto comercial deriva, a través de los años, el nombre del actual pueblo y del parque nacional. Es un origen modesto y curioso para el nombre de uno de los grandes parques de Canadá: el de un encargado de un puesto de comercio de pieles.
Durante décadas, la región siguió siendo, ante todo, territorio de los pueblos originarios y zona de paso del comercio de pieles y de las expediciones que cruzaban las montañas. Era un lugar remoto y poco poblado, en el corazón de las Rocosas, lejos de los centros coloniales. Eso cambiaría, como en tantos lugares del oeste canadiense, con la llegada del ferrocarril a comienzos del siglo XX, que abriría la región al desarrollo y al turismo.
Como ocurrió con Banff, la historia moderna de Jasper está íntimamente ligada al ferrocarril. A comienzos del siglo XX, dos compañías ferroviarias —el Grand Trunk Pacific Railway y el Canadian Northern Railway— construyeron líneas a través del paso de Yellowhead, atravesando la región de Jasper en su camino hacia la costa del Pacífico. El ferrocarril abrió esta zona remota de las Rocosas al mundo exterior y sentó las bases para su desarrollo.
En 1907, el gobierno canadiense estableció el Jasper Forest Park, una reserva forestal que protegía la zona, en parte siguiendo el modelo de Banff y anticipándose al desarrollo que traería el ferrocarril. Con la llegada del tren (la estación de Jasper se convirtió en un punto clave), surgió el pueblo de Jasper para dar servicio a la línea y a los primeros visitantes. La reserva fue evolucionando y, en 1930, con la aprobación de la ley nacional de parques, pasó a tener oficialmente el estatus de Parque Nacional Jasper, el mayor de los parques de las Rocosas canadienses.
El ferrocarril, igual que había hecho el Canadian Pacific en Banff, vio el potencial turístico del espectacular paisaje de Jasper y promovió el desarrollo de alojamientos. El más emblemático fue el Jasper Park Lodge (hoy Fairmont Jasper Park Lodge), un complejo de cabañas y lodge de lujo a orillas del lago Beauvert, que atrajo a viajeros adinerados. Así, Jasper se sumó al circuito turístico de las Rocosas, aunque siempre con un perfil más tranquilo, remoto y salvaje que el de su célebre vecino del sur.
El Parque Nacional Jasper es el más grande de los parques de las Rocosas canadienses, con más de 11.000 kilómetros cuadrados de montañas, glaciares, valles, lagos, ríos y bosques. Su tamaño y su carácter relativamente menos desarrollado que el de Banff le dan una sensación de naturaleza salvaje y vasta, con grandes extensiones de territorio prístino y una rica vida silvestre: osos negros y grizzlies, alces, ciervos, wapitíes (elk), borregos cimarrones, cabras de montaña, caribúes y lobos, entre otros.
El parque protege algunos de los paisajes más espectaculares de las Rocosas, incluida una parte del Columbia Icefield, el mayor campo de hielo de la región, del que desciende el accesible Glaciar Athabasca. La Icefields Parkway, que recorre el parque de norte a sur conectándolo con Banff, está considerada una de las carreteras más escénicas del mundo.
En reconocimiento a su excepcional valor natural, en 1984 Jasper quedó incluido, junto con los parques de Banff, Yoho y Kootenay (y parques provinciales adyacentes), en la declaración de la Unesco que reconoció a los Parques de las Montañas Rocosas Canadienses como Patrimonio Mundial. La distinción valora sus paisajes de montaña excepcionales, sus glaciares y campos de hielo, sus lagos y cañones, y su importancia geológica y ecológica. Jasper se consolidó así como uno de los grandes tesoros naturales de Canadá, dentro de un conjunto montañoso de relevancia mundial.
Uno de los reconocimientos más singulares de Jasper llegó por una riqueza que no se ve de día, sino de noche: su cielo. En 2011, el Parque Nacional Jasper fue designado Reserva de Cielo Oscuro (Dark Sky Preserve), convirtiéndose en una de las más grandes del mundo. Esta designación, otorgada por la Real Sociedad Astronómica de Canadá, reconoce y protege la excepcional calidad del cielo nocturno del parque.
La designación implica un compromiso de gestión de la iluminación: el parque y el pueblo adoptan medidas para reducir la contaminación lumínica (luces orientadas hacia abajo, de menor intensidad, etc.), de modo que la oscuridad natural del cielo se preserve. Gracias a ello, en una noche despejada el cielo de Jasper se llena de estrellas, con la Vía Láctea visible en todo su esplendor, en una experiencia que cada vez es más rara en un mundo iluminado artificialmente. Es uno de los mejores lugares accesibles del planeta para la observación astronómica, e incluso, en las épocas adecuadas, para ver auroras boreales.
Jasper celebra este patrimonio celeste con el Jasper Dark Sky Festival, un popular evento de otoño dedicado a la astronomía, con charlas de científicos famosos, observaciones, talleres y actividades familiares. La Reserva de Cielo Oscuro ha añadido una dimensión completamente nueva al atractivo del parque: la de mirar hacia arriba. Para muchos visitantes, contemplar el cielo estrellado de Jasper es una experiencia tan memorable como ver sus lagos y montañas, y conecta con una forma de asombro ante la naturaleza que la vida urbana suele negarnos.
La Jasper de hoy es uno de los grandes destinos de naturaleza de Canadá, apreciado precisamente por ser la cara más salvaje, tranquila y auténtica de las Rocosas, frente a la mayor masificación de Banff. Cada año recibe a viajeros de todo el mundo atraídos por sus lagos (Maligne, con Spirit Island), sus cañones, sus glaciares, su abundante vida salvaje y su cielo estrellado. En invierno suma el esquí de Marmot Basin y los paisajes nevados. El pueblo de Jasper, pequeño y acogedor, es la base de toda esta experiencia.
Pero la historia reciente de Jasper está marcada por una tragedia. En julio de 2024, un grave incendio forestal —en un contexto de sequía y de incendios cada vez más frecuentes e intensos en el oeste de Canadá, ligados al cambio climático— afectó al pueblo de Jasper y a parte del parque, destruyendo cerca de un tercio de sus estructuras (358 de unas 1.100) y obligando a evacuar a unas 25.000 personas. Con pérdidas aseguradas superiores a 1.300 millones de dólares, fue uno de los incendios más costosos de la historia de Canadá y un golpe muy duro para la comunidad. Aun así, el pueblo reabrió a los visitantes en septiembre de 2024, y en 2026 funciona con normalidad para el turismo mientras la reconstrucción de los barrios y las viviendas dañadas avanza por etapas.
Por eso, hoy más que nunca, quien planee visitar Jasper debe informarse del estado actual del pueblo, los alojamientos, los servicios y las atracciones, ya que algunos pueden estar afectados, en reconstrucción o cerrados. Pese a todo, la grandiosa naturaleza del parque —sus montañas, glaciares, lagos y cielos— sigue ahí, y la comunidad trabaja por recibir de nuevo a los visitantes. Jasper sigue siendo, en esencia, un tesoro de las Rocosas: el lugar donde la naturaleza salvaje del oeste canadiense se muestra en todo su esplendor, de día con sus paisajes y de noche con sus estrellas. Su historia reciente nos recuerda, también, la fragilidad de estos entornos frente a un clima cambiante.