La historia de Varna comienza con un descubrimiento que obligó a reescribir manuales enteros. En octubre de 1972, mientras un operario excavaba una zanja en las afueras de la ciudad, apareció una tumba llena de objetos de oro. Los arqueólogos que acudieron encontraron algo extraordinario: una necrópolis de la Edad del Cobre (calcolítico), de mediados del V milenio a.C., es decir, de hace unos 6.500 años. Y en sus tumbas, más de tres mil objetos de oro que suman varios kilos: la orfebrería trabajada más antigua conocida en el mundo, anterior en más de mil años al oro de Egipto o de Mesopotamia.
La Necrópolis de Varna reveló mucho más que oro. La distribución de las riquezas entre las tumbas —unas pobres, otras cargadas de tesoros, y una en particular, la del llamado 'hombre poderoso', con diademas, brazaletes, un arco cubierto de oro y hasta aplicaciones para el pene— demostró que aquella sociedad prehistórica ya estaba profundamente jerarquizada, con élites, poder y comercio a larga distancia. Fue una de las primeras civilizaciones europeas en dominar la metalurgia del oro y del cobre, en el contexto de la llamada cultura de Varna, que floreció gracias a su posición junto al Mar Negro y a las rutas comerciales.
Ese tesoro, hoy exhibido en el Museo Arqueológico de Varna, convierte a la ciudad en un lugar clave para entender los orígenes de la civilización europea, milenios antes de griegos y romanos.
Miles de años después de aquel oro prehistórico, la bahía de Varna volvió a atraer a los pueblos del Mediterráneo. Hacia el siglo VI a.C., colonos griegos procedentes de Mileto, en Asia Menor, fundaron aquí la ciudad de Odessos, una de las colonias griegas del Mar Negro (el Ponto Euxino). Odessos prosperó como puerto comercial, comerciando grano, vino, pescado y esclavos con los tracios del interior y con el resto del mundo griego, y acuñó su propia moneda. Convivieron en ella la cultura griega y la tracia, y sus templos y necrópolis dejaron testimonios notables.
Con el avance de Roma por los Balcanes, Odessos quedó integrada en el Imperio romano en el siglo I a.C. y vivió una nueva época de esplendor dentro de la provincia de Mesia. La ciudad se dotó de murallas, templos, un foro y, sobre todo, de unas grandes termas públicas construidas en los siglos II y III d.C., las Termas Romanas cuyas ruinas monumentales todavía se visitan y que son de las más grandes conservadas de los Balcanes. Odessos fue también un temprano centro cristiano, con obispado, y siguió siendo una ciudad importante bajo el Imperio bizantino, heredero de Roma en Oriente.
El nombre eslavo de Varna se documenta a partir de la Alta Edad Media, cuando la región empezó a poblarse de eslavos y a entrar en la órbita del naciente Estado búlgaro.
Durante la Edad Media, Varna fue una plaza disputada entre el Imperio bizantino y los sucesivos Estados búlgaros. Formó parte del Primer y del Segundo Imperio Búlgaro, fue puerto y ciudad comercial, y cambió de manos varias veces según el pulso de las guerras balcánicas. Su puerto la hacía valiosa: por él salían las mercancías del interior y entraban las de todo el Mar Negro, incluida la presencia de mercaderes genoveses y venecianos.
El episodio medieval más célebre ocurrió en 1444. Para entonces, los turcos otomanos ya dominaban buena parte de los Balcanes, y una gran cruzada cristiana —organizada por el papado y encabezada por el rey Vladislao III, que reinaba a la vez en Polonia y Hungría, junto al gran general Juan Hunyadi— marchó hacia el este para frenar el avance otomano. El 10 de noviembre de 1444, cristianos y otomanos se enfrentaron ante las murallas de Varna en una batalla decisiva. El ejército del sultán Murad II venció, y el joven rey Vladislao murió en el combate; desde entonces la historia lo recuerda como Vladislao 'Varnenczyk' ('de Varna'). La derrota selló el destino de los Balcanes: pocos años después caería Constantinopla (1453), y toda Bulgaria quedaría firmemente bajo dominio otomano.
Bajo el Imperio otomano, Varna se convirtió en una plaza fuerte y un puerto militar de primer orden, escenario de sucesivas guerras, sobre todo en los conflictos entre otomanos y rusos durante los siglos XVIII y XIX.
La liberación de Bulgaria llegó con la Guerra Ruso-Turca de 1877-1878; Varna quedó integrada en el nuevo Principado de Bulgaria en 1878, tras siglos de dominio otomano. La ciudad, con su gran puerto natural, se convirtió enseguida en la principal salida marítima del joven Estado y en un motor económico. Se construyeron el puerto moderno, el ferrocarril que la unía con el interior y edificios públicos y religiosos que simbolizaban el renacimiento nacional, como la gran Catedral de la Dormición, levantada entre 1880 y 1886.
A la vez, Varna descubrió su vocación de ciudad de veraneo. A fines del siglo XIX y comienzos del XX se desarrolló el Jardín del Mar, uno de los parques costeros más grandes de Europa, y la ciudad empezó a atraer a bañistas y curistas gracias a su clima suave, sus playas y sus aguas. En la primera mitad del siglo XX, Varna se consolidó como el gran balneario de Bulgaria, con hoteles, casino y una vida social animada, y durante un tiempo llevó otros nombres antes de recuperar el de Varna.
El período socialista (1944-1989) transformó de nuevo la ciudad: se ampliaron el puerto y la industria naval, se construyeron los grandes complejos turísticos de la costa —Golden Sands, Albena, Sunny Day— para el turismo de masas del bloque del Este, y Varna se convirtió en un destino de vacaciones para millones de visitantes de toda Europa oriental. También creció como ciudad universitaria y cultural, sede de festivales de música y cine.
Tras la caída del comunismo en 1989 y la transición de los años noventa, Varna se ha reafirmado como la capital marítima de Bulgaria y una de las ciudades más dinámicas del país. La entrada de Bulgaria en la Unión Europea en 2007 abrió la costa a un turismo más internacional, y la ciudad combina hoy su papel de gran puerto comercial y sede de la marina búlgara con el de destino de playa, centro universitario y foco cultural, con festivales de verano, teatros y una intensa vida nocturna.
El visitante encuentra en Varna un abanico poco común: por la mañana puede asomarse al oro más antiguo del mundo en el Museo Arqueológico o pasear entre las ruinas de las Termas Romanas de Odessos; al mediodía, perderse por el Jardín del Mar, con sus museos, su acuario y sus miradores; y por la tarde, bajar a las playas urbanas a bañarse en el Mar Negro. A poca distancia esperan el Monasterio rupestre de Aladzha, excavado en la roca, y los enigmáticos pilares del Bosque Pétreo.
Ocho milenios después de que aquellas comunidades prehistóricas trabajaran el primer oro de la humanidad junto a esta bahía, Varna sigue viviendo de cara al mar. Es, a la vez, una de las ciudades más antiguas de Europa y la más veraniega de Bulgaria: un lugar donde la historia profunda del continente convive con el bullicio alegre de la costa.