Sozopol es una de las ciudades más antiguas de la costa búlgara del Mar Negro, y su historia empieza con los griegos. Hacia el año 610 a.C., colonos procedentes de Mileto —la gran metrópoli jonia de Asia Menor, patria de filósofos y navegantes— fundaron en esta península una colonia a la que llamaron Apolonia, en honor a Apolo, el dios de la luz, las artes y la profecía, patrón de la ciudad. Para distinguirla de otras Apolonias del mundo griego, se la conoció como Apolonia Póntica, la 'Apolonia del Ponto' (del Mar Negro).
La ciudad prosperó rápidamente gracias a su puerto y a su comercio con los tracios del interior y con todo el Mediterráneo. Exportaba grano, vino, sal y otros productos, acuñaba su propia moneda —con la imagen de Apolo y su símbolo, el ancla— y desarrolló una vida cultural intensa. Apolonia se enorgullecía de un templo dedicado a Apolo y, sobre todo, de una obra monumental: una estatua colosal del dios, de bronce, de unos 13 metros de altura, obra del célebre escultor ateniense Calamis (siglo V a.C.). Aquel coloso, visible desde el mar, era el emblema y el orgullo de la ciudad.
Apolonia rivalizaba con las otras colonias griegas de la costa, como la vecina Mesambria (la actual Nesebar), y llegó a ser una de las más ricas y refinadas del Ponto occidental. Su necrópolis y sus talleres han dejado a los arqueólogos una de las mejores colecciones de cerámica griega de Bulgaria.
La prosperidad de Apolonia se vio truncada por Roma. En el año 72 a.C., durante las guerras de expansión romana en los Balcanes, el general Marco Lúculo tomó la ciudad. Como castigo o como botín, los romanos se llevaron a Roma la gran estatua de bronce de Apolo, el coloso de Calamis, que fue instalada en el Capitolio; con el tiempo aquel símbolo de la ciudad se perdió para siempre. La toma romana marcó el fin de la Apolonia independiente y próspera de la época clásica.
La ciudad, sin embargo, no desapareció. Integrada en el mundo romano y luego bizantino, siguió siendo un puerto activo. Con la difusión del cristianismo, Apolonia —cuyo nombre evocaba a un dios pagano— cambió de denominación: pasó a llamarse Sozópolis, que en griego significa 'ciudad de la salvación'. Bajo ese nombre cristiano fue sede de un obispado y una plaza importante del Imperio bizantino en el Mar Negro.
De aquella transición entre el mundo pagano y el cristiano quedan huellas por toda la península, y la propia isla de San Iván (Sveti Ivan), frente a la ciudad, se convirtió en sede de un monasterio dedicado a San Juan Bautista, que tendría un papel sorprendente muchos siglos después. La Sozópolis bizantina, amurallada y cristiana, es el eslabón entre la colonia griega y la ciudad búlgara.
Como toda la costa occidental del Mar Negro, Sozópolis fue en la Edad Media un premio disputado entre el Imperio bizantino y los sucesivos Estados búlgaros. La ciudad cambió de manos varias veces según el pulso de las guerras, formando parte unas veces de Bizancio y otras de Bulgaria, siempre viviendo de su puerto y de la pesca. Su posición sobre la península la hacía relativamente fácil de defender, pero también la exponía a los ataques desde el mar.
A fines del siglo XIV, el avance de los turcos otomanos por los Balcanes alcanzó la costa, y Sozopol —ya con su nombre en forma más eslava— cayó bajo dominio del Imperio otomano, en el que permanecería, como el resto de Bulgaria, durante casi cinco siglos. Bajo los otomanos, la ciudad perdió importancia política y quedó reducida a un tranquilo puerto pesquero habitado sobre todo por una población griega y búlgara cristiana, que conservó sus iglesias y sus tradiciones marineras.
La pesca, el comercio de cabotaje y la vida sencilla del mar marcaron los siglos otomanos. Sozopol mantuvo un fuerte carácter griego —muchas de sus familias hablaban griego— hasta bien entrado el siglo XX, y esa herencia se nota todavía en el trazado y el espíritu del casco antiguo.
Entre los siglos XVIII y XIX, durante el Renacimiento búlgaro (Vazrazhdane) y el florecimiento comercial de las comunidades cristianas del Mar Negro, Sozopol construyó las casas que hoy la hacen tan pintoresca. Son las viviendas típicas de la 'escuela de arquitectura del Mar Negro': planta baja de piedra, robusta, usada como almacén, bodega o taller de pescadores, y planta alta de madera, más ligera y luminosa, con miradores (erker) que sobresalen sobre la calle para aprovechar la luz y las vistas al mar. Entre ellas se abren patios con parras e higueras y callejuelas empedradas que bajan hacia el agua.
Más de 180 de esas casas de los siglos XVIII y XIX se conservan en el casco antiguo, que por ello fue declarado reserva arquitectónica y arqueológica, uno de los conjuntos mejor preservados de la costa. También se levantaron o renovaron en esa época iglesias como la de San Cirilo y San Metodio o la de la Santísima Virgen, con sus iconostasios de madera tallada.
Tras la liberación de Bulgaria en 1878 y los cambios de población de comienzos del siglo XX, buena parte de la antigua comunidad griega de Sozopol emigró, y la ciudad quedó con una población mayoritariamente búlgara. Pero su fisonomía —el laberinto de casas de madera sobre las rocas— se mantuvo casi intacta, y con ella el encanto que atraería, más tarde, a artistas y viajeros.
Durante el siglo XX, ya en la Bulgaria moderna, Sozopol se fue ganando fama como refugio de artistas, escritores y bohemios, que encontraban en su casco antiguo tranquilo, sus casas de madera y sus atardeceres sobre el mar una inspiración distinta a la del bullicioso turismo de masas que crecía más al norte. Ese espíritu cultural cristalizó en el Festival de Artes Apolonia, creado en los años ochenta y bautizado con el antiguo nombre griego de la ciudad, que cada comienzo de septiembre llena Sozopol de música, teatro, cine y exposiciones y se ha convertido en uno de los grandes acontecimientos culturales de Bulgaria.
El acontecimiento más resonante de las últimas décadas llegó en 2010. Durante las excavaciones del antiguo monasterio de la isla de San Iván, frente a la ciudad, los arqueólogos hallaron un pequeño relicario con fragmentos de hueso atribuidos a San Juan Bautista. El descubrimiento tuvo repercusión mundial, y las reliquias se depositaron en la iglesia de San Cirilo y San Metodio, en el casco antiguo, convirtiendo a Sozopol en un destino de peregrinación. En 2011, la 'Vieja Sozopol y las reliquias de San Juan Bautista' fueron elegidas la más importante de las 'Maravillas de Bulgaria'.
Hoy Sozopol combina todas sus vidas: la Apolonia griega que asoma en el museo arqueológico, la Sozópolis cristiana de las iglesias, el pueblo pesquero de casas de madera, el refugio de artistas y el destino de playa. Con un ambiente más relajado que los grandes balnearios, sus callejuelas empedradas, sus terrazas de pescado sobre las rocas y sus playas de arena la convierten en uno de los lugares con más alma de toda la costa búlgara: una ciudad de 2.600 años que sigue mirando, como el día en que se fundó, al Mar Negro.