Viajá con Gus
InicioBulgariaNesebarHistoria
Historia · origen · formación

Historia de Nesebar

De la Melsambria tracia a la Mesambria griega

En la costa sur del Mar Negro, una pequeña península rocosa unida a tierra por un istmo estrecho ofrecía un abrigo casi perfecto: rodeada de agua, fácil de defender y con un puerto natural. No sorprende que allí se instalara gente desde muy antiguo. El primer asentamiento del que hay noticia fue tracio, y su nombre —Melsambria— combinaba, según los estudiosos, el de un jefe local, Melsas, con la palabra tracia para 'ciudad' (bria). Ese nombre revela que, antes de los griegos, ya había aquí una comunidad organizada.

El gran salto llegó a fines del siglo VI a.C. (hacia el 510 a.C.), cuando colonos griegos dorios —procedentes sobre todo de Mégara, Bizancio y Calcedonia— fundaron en la península la ciudad de Mesambria (Mesembria). Como tantas colonias griegas del Mar Negro, prosperó gracias al comercio: exportaba grano, vino, miel y sal, comerciaba con los tracios del interior y con todo el mundo griego, y llegó a acuñar su propia moneda de plata y bronce, con símbolos como el casco y la rueda. Mesambria se dotó de murallas, templos dedicados a Apolo y otras divinidades, teatro y una vida cívica plenamente helénica.

Durante siglos fue una de las polis más importantes de la costa occidental del Ponto Euxino, rival y vecina de otras colonias como Apolonia (la actual Sozopol) o Odessos (Varna). Su carácter insular la protegía, y su puerto la enriquecía: los cimientos de la Nesebar que hoy admiramos se pusieron entonces.

Roma, Bizancio y la ciudad de las iglesias

Con la expansión romana por los Balcanes, Mesambria pasó a la órbita de Roma sin perder su prosperidad; siguió siendo un puerto activo y una ciudad de tradición griega dentro del imperio. Pero fue con Bizancio —el Imperio romano de Oriente, heredero de Roma tras la caída de la mitad occidental— cuando la ciudad vivió su segunda gran época y forjó la identidad que la hace célebre: la de ciudad de las iglesias.

Entre los siglos V y VI, ya plenamente cristiana, Mesambria se convirtió en sede de un obispado y empezó a llenarse de templos. La gran basílica de Santa Sofía, la 'iglesia vieja', se levantó en esa época como catedral de la ciudad. En los siglos siguientes, y sobre todo durante el esplendor bizantino medio y tardío, se construyeron decenas de iglesias más, muchas de ellas pequeñas pero ricamente decoradas, con esa arquitectura de bandas alternas de piedra y ladrillo, arcos ciegos, rosetas y frisos de cerámica vidriada que se convirtió en un sello local. La iglesia del Cristo Pantocrátor, de San Juan Aliturgetos o de los Santos Arcángeles son ejemplos de esa 'escuela' de Nesebar.

Se dice que la ciudad llegó a tener unas cuarenta iglesias, de ahí su apodo de 'la ciudad de las 40 iglesias'. Esa densidad extraordinaria de templos en un espacio tan reducido, acumulados a lo largo de mil años, es lo que hace de Nesebar un caso único en el mundo cristiano oriental.

Entre Bizancio y Bulgaria

Durante la Edad Media, la península fue un premio disputado. Con la llegada de los eslavos y la fundación del Estado búlgaro, la ciudad —ahora con la forma eslava de su nombre, Nesebar— entró en el pulso entre el Imperio bizantino y los imperios búlgaros. Cambió de manos una y otra vez a lo largo de los siglos.

En el año 812, el kan búlgaro Krum tomó la ciudad tras un asedio, incorporándola por primera vez a Bulgaria. Después volvió a Bizancio, y a lo largo de los siglos siguientes pasó repetidamente de un poder a otro. En el siglo XIV, durante el Segundo Imperio Búlgaro, Nesebar fue una plaza importante y escenario de las guerras entre el zar búlgaro Iván Alejandro y el emperador bizantino: fue precisamente en ese período de esplendor y de conflicto cuando se construyeron o decoraron muchas de sus iglesias más bellas, como el Pantocrátor.

Cada cambio de dueño dejó su huella en la ciudad, pero ninguno borró el anterior: las capas se fueron acumulando, iglesia sobre iglesia, muralla sobre muralla. Esa continuidad —griega, romana, bizantina y búlgara— sin grandes destrucciones es parte de lo que hace tan valioso el conjunto. La ciudad medieval convivía con las ruinas de la antigua, y la vida seguía en el mismo laberinto de calles sobre las rocas.

Los otomanos y el Renacimiento búlgaro

A fines del siglo XIV, el avance otomano por los Balcanes alcanzó también la costa del Mar Negro, y Nesebar cayó bajo dominio del Imperio otomano, en el que permanecería, como toda Bulgaria, durante casi cinco siglos. Bajo los otomanos, la ciudad perdió importancia política y militar y quedó reducida a un tranquilo puerto pesquero y comercial, habitado sobre todo por una población griega y búlgara cristiana que mantuvo viva la tradición de las iglesias, aunque muchas cayeron en desuso o en ruina.

Fue en esa época, sobre todo entre los siglos XVIII y XIX, durante el Renacimiento búlgaro (Vazrazhdane) y el florecimiento comercial de las comunidades cristianas del Mar Negro, cuando se construyeron las casas características de Nesebar: viviendas de dos plantas con la baja de piedra, para almacenes y bodegas, y la alta de madera, con miradores (erker) que se asoman a la calle y al mar. Ese conjunto de casas de madera, mezclado con las viejas iglesias, define hoy la estampa del casco antiguo.

La población pesquera y marinera de Nesebar vivía del mar y del comercio de cabotaje. Muchas familias eran de origen griego, y de hecho, tras la liberación de Bulgaria y los intercambios de población de comienzos del siglo XX, buena parte de esa comunidad griega emigró, dando a la ciudad su composición actual, mayoritariamente búlgara.

Patrimonio de la Humanidad y la Nesebar de hoy

Tras la liberación de 1878, Nesebar quedó integrada en Bulgaria, primero en la Rumelia Oriental autónoma y luego en el Estado búlgaro. Durante buena parte del siglo XX siguió siendo un pequeño y pintoresco pueblo de pescadores, algo apartado, lo que paradójicamente ayudó a que su casco antiguo se conservara sin las transformaciones que arrasaron otros centros históricos. Los arqueólogos y conservadores empezaron a valorar el tesoro que suponía aquella acumulación de iglesias y casas.

El reconocimiento internacional llegó en 1983, cuando la UNESCO inscribió a la Antigua Nesebar en la lista del Patrimonio de la Humanidad, por su testimonio único de más de dos milenios de historia y por su excepcional conjunto de arquitectura medieval del Mar Negro. Al mismo tiempo, el desarrollo del turismo de masas en la costa búlgara —con el gigantesco balneario de Sunny Beach (Slanchev bryag) creciendo a pocos kilómetros— transformó por completo la economía de la zona.

Hoy Nesebar vive una doble vida. En verano, su casco antiguo se llena de visitantes que llegan desde Sunny Beach, Burgas y Varna, y las callejuelas se pueblan de tiendas de souvenirs y restaurantes de pescado; conviene madrugar o quedarse al atardecer para disfrutarla con más calma. Pero bajo ese bullicio sigue latiendo una de las ciudades más antiguas de Europa: un laberinto de piedra y madera sobre las rocas, donde a cada paso aparece una iglesia bizantina y el Mar Negro rodea, como hace 2.500 años, la vieja península de Mesambria.

📚 Bibliografía

← Volver a la guía de Nesebar