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Historia de Morretes

El pueblo al pie de la sierra, entre el puerto y el altiplano

Antes de que existiera el tren, la única forma de subir de la costa de Paraná al altiplano de Curitiba era a lomo de mula, por caminos de piedra que trepaban la muralla verde de la Serra do Mar. Y en ese ascenso, a orillas del río Nhundiaquara, había una parada obligada donde las tropas descansaban, se comerciaba la producción del interior y se cargaban las mercaderías del puerto: Morretes. Todo lo que hoy hace famoso al pueblo —el tren, el barreado, el centro colonial— nació de esa condición de bisagra entre dos mundos, el litoral y la sierra.

Morretes se formó en el siglo XVIII como villa colonial del litoral paranaense, en la ruta que comunicaba el puerto de Paranaguá con el altiplano de Curitiba. La región ya había conocido antes el ciclo del oro de aluvión y luego la economía de la yerba mate; por sus caminos pasaban los tropeiros que conducían las mulas rumbo a São Paulo. Junto con la vecina Antonina y con Paranaguá, Morretes integró ese antiguo entramado colonial del litoral sur, donde el mar, el puerto y la sierra marcaban el pulso de la vida.

El centro de la villa fue tomando forma con la arquitectura portuguesa típica: casas de planta colonial de colores vivos, iglesias y un trazado que se acomoda a las curvas del río. Ese conjunto histórico, que se conserva hasta hoy y se recorre a pie en pocos minutos, es uno de los grandes atractivos del pueblo y el testimonio más visible de su origen colonial. Pasear por la orilla del Nhundiaquara, con la Serra do Mar recortada al fondo, es asomarse a la Morretes de hace dos siglos.

Wikipedia (ES) — «Morretes»: https://es.wikipedia.org/wiki/MWikipedia (PT) — «Morretes»: https://pt.wikipedia.org/wiki/M

1880-1885: la epopeya del ferrocarril de la Serra do Mar

El hito que transformó la historia de Morretes fue la construcción del ferrocarril que une Curitiba con Paranaguá atravesando la Serra do Mar, una de las mayores proezas de ingeniería del Brasil imperial. Las obras comenzaron el 5 de junio de 1880 y avanzaron en tres tramos simultáneos, con miles de trabajadores luchando contra la selva, la lluvia y el desnivel abrupto de la sierra. La línea fue inaugurada el 2 de febrero de 1885, tras años de esfuerzo, y las primeras marías-humos (locomotoras a vapor) empezaron a trepar la montaña.

El tramo más difícil —la subida de la Serra do Mar— quedó a cargo del ingeniero João Teixeira Soares, que asumió la dirección en 1882 justo donde empezaba lo más escarpado. Para vencer los precipicios hubo que perforar túneles, tender puentes sobre los ríos y colgar viaductos sobre el vacío. El más célebre es el Viaduto do Carvalho, de unos 84 metros de extensión, con pilares de mampostería incrustados en la roca, bautizado en homenaje a Carlos de Carvalho, entonces presidente de la provincia de Paraná. Ese viaducto y los miradores del recorrido siguen quitando el aliento a los pasajeros del tren turístico.

El ferrocarril respondía a una necesidad concreta: conectar el productivo altiplano de Curitiba con el puerto de Paranaguá para dar salida a la yerba mate y a otros bienes rumbo al mar. La obra dinamizó la economía de la región y consolidó a Morretes como parada clave del trazado. Con el tiempo, ese recorrido por la mata atlántica —entre cascadas, valles y viaductos— se transformaría en uno de los grandes atractivos turísticos del sur de Brasil, y el ferrocarril pasaría de ser una arteria de carga a un destino en sí mismo.

Gazeta do Povo — «Ferrovia 130 anos: a primeira ferrovia»: hGoverno do Paraná — «Estrada de Ferro Paranaguá-Curitiba celWikipedia (PT) — «Estrada de Ferro Curitiba Paranaguá»: http

El barreado: un ritual de 300 años en olla de barro

Si el tren es el alma del viaje, el barreado es el alma de la mesa. Más que un plato, es un ritual con más de tres siglos de historia. Su origen se atribuye a los colonos portugueses —en particular de raíz azoriana— que llegaron al litoral de Paraná en el siglo XVIII; los registros más antiguos señalan a la villa de Guaraqueçaba como cuna de la receta. El nombre viene del verbo "barrear": sellar la tapa de la pesada olla de barro con una pasta de harina de mandioca y ceniza, para que el vapor no escape y la carne se cocine en su propio jugo durante muchísimas horas, casi al punto de deshacerse.

El barreado estuvo íntimamente ligado a las fiestas. Se cocinaba para el entrudo —el antecesor del Carnaval— porque tenía una virtud práctica genial: recalentado no pierde sabor, así que se preparaba con anticipación y liberaba a la gente de cocinar durante los días de folía. Esa misma cualidad lo volvió también el alimento de los tropeiros, que paraban en Morretes buscando cachaça y barreado para matar el hambre antes de encarar la sierra. Fartura, fiesta y camino: en un solo plato se cruzan tres hilos de la historia del litoral.

Hoy el barreado es el imperdible gastronómico de Morretes. Se sirve al mediodía, casi siempre como rodízio (a voluntad), con harina de mandioca y rodajas de banana para acompañar, en los restaurantes históricos del centro. La identidad gastronómica del pueblo se completa con sus dulces —las famosas balas de banana—, sus cachaças artesanales y los productos del litoral. Pueblo histórico, puerta de la Serra do Mar y capital del barreado, Morretes conjuga patrimonio colonial, naturaleza atlántica y buena mesa.

El origen del nombre "barreado"
El nombre proviene del verbo portugués "barrear": sellar la tapa de la olla de barro con una mezcla de harina y ceniza para que el vapor no escape durante la larga cocción. La técnica y la palabra son una herencia de los colonos azorianos del litoral de Paraná.
Fuente: https://pt.wikipedia.org/wiki/Barreado
Wikipedia (PT) — «Barreado»: https://pt.wikipedia.org/wiki/BClube Candeias — «As raízes do Barreado»: https://www.clubec

Del tren de carga al destino turístico (siglo XX-XXI)

A lo largo del siglo XX, el ferrocarril de la Serra do Mar siguió cumpliendo su función original de transporte de carga entre el altiplano y el puerto de Paranaguá, pero el avance de las carreteras —en especial la BR-277 y la histórica Estrada da Graciosa— fue desplazando buena parte del movimiento de pasajeros y mercaderías hacia el automóvil y el camión. El tren, sin embargo, conservaba algo que ninguna ruta podía ofrecer: un trayecto de belleza excepcional a través de una de las mayores extensiones preservadas de mata atlántica de Brasil.

Esa cualidad escénica fue la que, en las últimas décadas del siglo, dio origen al tren turístico. Operadores especializados rescataron el recorrido como una experiencia de viaje en sí misma, con distintas categorías de servicio, y el descenso de Curitiba a Morretes entre túneles, viaductos y miradores se transformó en uno de los paseos más célebres del sur del país. Morretes pasó así a recibir un flujo constante de visitantes que bajan a almorzar el barreado y a recorrer su centro histórico; en un solo verano, entre diciembre y marzo, el tren llega a mover decenas de miles de pasajeros.

En paralelo, la región consolidó la protección de su entorno natural con áreas como el Parque Estadual Pico do Marumbi y el reconocimiento de la Serra do Mar como reserva de la biosfera. Hoy Morretes vive en gran medida del turismo: patrimonio colonial, gastronomía, naturaleza atlántica y el mítico tren conviven para hacer del pueblo una de las escapadas más queridas de Paraná. Que la misma vía que se abrió a pico y pala en 1880 para bajar la yerba mate al puerto sea hoy la que sube viajeros a mirar la selva es, quizá, la mejor síntesis de la historia de Morretes.

Wikipedia (PT) — «Estrada de Ferro Curitiba Paranaguá»: httpInstituto Água e Terra — Parque Estadual Pico do Marumbi: ht

📚 Bibliografía

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