Pocas ciudades brasileñas nacieron de una guerra tan larga como João Pessoa. Cuando los portugueses clavaron el 5 de agosto de 1585 la primera piedra de la Cidade de Nossa Senhora das Neves —bautizada así por la festividad religiosa del día—, llevaban años intentando arrancarles este pedazo de litoral a los potiguaras y a sus aliados franceses, que ya habían rechazado tres expediciones lusas. La cuarta, por fin, se sostuvo: de ese asedio nació una de las cuatro ciudades más antiguas de Brasil, y la única capital del país que a lo largo de los siglos cambiaría de nombre cinco veces. Su fundación se enmarca en el esfuerzo de la Corona portuguesa por consolidar el dominio sobre el Nordeste, en una región codiciada y disputada donde la presencia lusa todavía era frágil.
La zona estaba habitada por los potiguaras, un pueblo indígena de lengua tupí que dominaba el litoral de la actual Paraíba. Los portugueses se vieron enfrentados a una alianza incómoda: los potiguaras se habían aliado con corsarios y comerciantes franceses, que explotaban el palo brasil de la región y disputaban el comercio a Portugal. Asegurar el territorio implicaba, por tanto, enfrentar tanto a los franceses como a sus aliados indígenas.
La fundación de la ciudad junto al río Paraíba respondió a esa necesidad estratégica de fijar la soberanía, controlar el litoral y proteger la nueva capitanía. Tras campañas militares y negociaciones, los portugueses lograron imponerse en la región, y la ciudad de Nossa Senhora das Neves quedó establecida como cabecera de la capitanía de Paraíba, iniciando una larga historia marcada, desde el comienzo, por las disputas coloniales.
Pocas ciudades brasileñas cambiaron tanto de nombre como João Pessoa, y cada nombre cuenta un capítulo de su historia. El primero de esos cambios llegó con la política europea. Entre 1580 y 1640, Portugal y España estuvieron unidos bajo la misma Corona en la llamada Unión Ibérica, gobernados por los reyes Habsburgo (los Felipes de España).
En ese contexto, la ciudad de Nossa Senhora das Neves pasó a llamarse Filipéia (o Filipéia de Nossa Senhora das Neves), en honor al rey Felipe II de España (Felipe I de Portugal), bajo cuyo reinado se afianzaba el dominio ibérico. El nuevo nombre reflejaba la nueva realidad política: la ciudad era ahora parte de un imperio que englobaba a las dos coronas peninsulares.
Durante este período, la ciudad y la capitanía de Paraíba continuaron desarrollándose en torno a la economía azucarera del Nordeste y a la defensa del litoral. Pero la Unión Ibérica también trajo consecuencias inesperadas: al enemistar a Portugal con los enemigos de España —especialmente los Países Bajos—, expuso al Nordeste brasileño a la ambición de los holandeses, que pronto pondrían sus ojos en la región.
El siglo XVII trajo a Paraíba uno de los episodios más dramáticos de su historia: la invasión holandesa del Nordeste brasileño. La Compañía Holandesa de las Indias Occidentales, en guerra con la Corona ibérica, conquistó vastas regiones del Nordeste azucarero, con centro en Pernambuco, y extendió su dominio sobre la capitanía de Paraíba.
Bajo el dominio neerlandés, la ciudad fue rebautizada Frederica o Frederikstadt, en honor a Federico Enrique de Orange-Nassau, gobernante de los Países Bajos. La región vivió entonces bajo administración holandesa, integrada al proyecto del 'Brasil holandés' que tuvo su época de mayor esplendor durante el gobierno de Juan Mauricio de Nassau, instalado en la cercana Recife (Mauritsstadt).
La ocupación holandesa duró algunas décadas, hasta que la resistencia luso-brasileña —en las llamadas Insurrecciones Pernambucanas— logró expulsar a los neerlandeses del Nordeste hacia mediados del siglo XVII. Recuperada por los portugueses, la ciudad volvió a la órbita lusa y, con el tiempo, a sus nombres de raíz portuguesa. Aquella etapa holandesa dejó, sin embargo, una huella en la historia regional y es hoy uno de los capítulos más recordados del pasado del Nordeste.
Recuperada por los portugueses, la ciudad pasó a llamarse Parahyba (Paraíba), nombre tomado del río y de la capitanía, y mantuvo esa denominación durante siglos, hasta el siglo XX. Como capital de la capitanía y luego provincia de Paraíba, fue el centro político, religioso y económico de una región volcada a la producción de azúcar y, más tarde, al algodón.
De esos siglos coloniales y del período imperial proviene el valioso patrimonio histórico que la ciudad conserva. Su gran joya es el conjunto franciscano de São Francisco —con la iglesia, la Capela Dourada (Capela da Ordem Terceira) y el convento de Santo Antônio—, uno de los conjuntos barrocos más bellos y completos de Brasil, con azulejos portugueses, tallas doradas y claustros. A él se suman otras iglesias, conventos y casonas que hacen del centro histórico un testimonio de la riqueza del arte sacro y la arquitectura coloniales del Nordeste.
La ciudad de Parahyba fue también, desde temprano, conocida por su verde: rodeada de vegetación y arbolada, fue ganando la fama de ciudad frondosa que más tarde le valdría el apodo de 'cidade verde'. Esa combinación de patrimonio colonial y naturaleza define buena parte de su identidad hasta hoy.
El último y definitivo cambio de nombre llegó en 1930, en circunstancias trágicas que ligaron a la ciudad con uno de los episodios más decisivos de la historia política de Brasil. João Pessoa Cavalcanti de Albuquerque era el presidente (gobernador) del estado de Paraíba y se había convertido en una figura nacional al ser elegido candidato a vicepresidente en la fórmula de la Alianza Liberal, junto a Getúlio Vargas, en las elecciones de 1930.
En julio de 1930, João Pessoa fue asesinado en Recife, en un crimen con trasfondo político y personal. Su muerte conmocionó al país y se convirtió en uno de los detonantes de la Revolución de 1930, el movimiento que derrocó a la República Velha y llevó a Getúlio Vargas al poder, abriendo una nueva era en la historia brasileña. João Pessoa pasó a ser visto como un mártir político.
En su homenaje, ese mismo año la antigua Parahyba (la ciudad) fue rebautizada con el nombre de João Pessoa, que conserva hasta hoy. Quedó asociada también su célebre divisa, 'Nego', que según la tradición remite a la rotunda negativa que João Pessoa dio ante presiones políticas. Así, la capital paraibana lleva en su nombre la memoria de un episodio que cambió el rumbo de todo Brasil.