El nombre de Gramado tiene un origen sencillo y muy ligado a la historia de los caminos del sur de Brasil. 'Gramado', en portugués, alude a un terreno cubierto de 'grama', es decir, de pasto o césped. La tradición cuenta que el lugar debe su nombre a un campo de buenos pastos en lo alto de la sierra, donde los tropeiros —los arrieros que conducían tropas de ganado y mulas por los caminos del sur— hacían un alto para que sus animales descansaran y se alimentaran antes de seguir viaje.
Durante los siglos XVIII y XIX, estos caminos de tropas atravesaban la Serra Gaúcha conectando las regiones ganaderas del sur con los mercados y las ferias del interior y del sudeste de Brasil. La altiplanicie donde hoy se asienta Gramado, con su clima fresco y sus campos, era un punto de paso natural en esas rutas, mucho antes de que existiera la ciudad. El topónimo quedó así asociado para siempre a aquel paraje de pastos donde paraban las tropas.
La región, cubierta de bosques de araucarias (el pino brasileño) y de campos de altura, formaba parte de un territorio relativamente poco poblado hasta que, a lo largo del siglo XIX, la inmigración europea empezó a transformar por completo el paisaje humano de la Serra Gaúcha. De ese encuentro entre la geografía serrana, la tradición de los caminos y la llegada de los colonos nacería, con el tiempo, la Gramado que conocemos hoy.
La identidad de Gramado y de toda la Serra Gaúcha es, ante todo, fruto de la gran inmigración europea que transformó el sur de Brasil en el siglo XIX. A partir de 1824, el gobierno brasileño empezó a promover la llegada de colonos alemanes para poblar y desarrollar las tierras del sur; las primeras colonias se establecieron en torno a São Leopoldo, en el valle del río dos Sinos, y desde allí la colonización fue avanzando hacia las sierras. Décadas más tarde, a partir de 1875, llegaron grandes contingentes de inmigrantes italianos, que se asentaron sobre todo en la región de Caxias do Sul, Bento Gonçalves y el Vale dos Vinhedos.
Estos colonos europeos llevaron consigo su lengua, su religión, sus técnicas agrícolas, su gastronomía y su manera de construir. En la zona de Gramado se asentaron principalmente familias de origen alemán (y también italiano), que desmontaron parte del bosque, cultivaron la tierra y levantaron casas, capillas y poblados con la impronta de sus regiones de origen. El clima fresco de la sierra, parecido al europeo, favoreció cultivos y costumbres que hoy son señas de identidad: la producción de frutas, el gusto por los embutidos y los dulces, el café colonial y, con el tiempo, el chocolate.
De esa colonización proviene buena parte del alma de Gramado: la arquitectura de inspiración germánica con entramados de madera (estilo enxaimel), la herencia gastronómica alemana e italiana, los apellidos europeos de muchas familias y un cuidado por el orden, los jardines y la prolijidad que marcaría el carácter de la ciudad. Sobre ese sustrato cultural se construiría, ya en el siglo XX, la imagen de 'pueblo europeo de montaña' que Gramado convertiría en su gran atractivo turístico.
A comienzos del siglo XX, Gramado dio un paso decisivo que marcaría su futuro: la llegada del ferrocarril. En 1921 se inauguró un ramal que conectó la zona con la red ferroviaria del estado, facilitando el transporte de personas y mercaderías y acercando la sierra a las ciudades. Con el tren empezaron a llegar también los primeros veraneantes, atraídos por el clima fresco y saludable de la altiplanicie, muy distinto del calor del resto de Brasil.
En una época en que se valoraban mucho los climas de altura por sus supuestos beneficios para la salud, Gramado fue ganando fama como lugar de reposo y veraneo, especialmente para familias acomodadas de Porto Alegre y otras ciudades. Empezaron a construirse residencias de veraneo, hoteles y pensiones, y la localidad fue desarrollando una vocación turística incipiente que se sumaba a su base agrícola y colonial. El aire puro, los pinares, los jardines y la tranquilidad serrana se convirtieron en su carta de presentación.
Durante buena parte de su historia, Gramado dependió administrativamente de municipios vecinos (estuvo ligada a Taquara y luego a Canela). El crecimiento de la localidad y su creciente importancia llevaron a su emancipación: el 15 de diciembre de 1954, Gramado se constituyó como municipio independiente. A partir de entonces, la ciudad pudo trazar su propio rumbo, y ese rumbo apuntaría, cada vez con más fuerza, hacia el turismo como motor principal de su economía y su identidad.
A lo largo de la segunda mitad del siglo XX, Gramado tomó una decisión que definiría su destino: apostar de manera deliberada y consciente por una identidad turística de 'pueblo europeo de montaña'. Aprovechando su herencia de la inmigración alemana e italiana y su clima fresco, la ciudad fue moldeando su paisaje urbano en torno a una estética alpina y germánica: arquitectura con tejados a dos aguas y entramados de madera, jardines floridos, hortensias, calles cuidadas y una atmósfera que evocaba a Europa central. Esa imagen, mitad herencia genuina, mitad construcción turística, se convirtió en su gran marca.
Un hito fundamental en esa proyección fue la creación, en 1973, del Festival de Cinema de Gramado, uno de los festivales de cine más importantes y prestigiosos de Brasil y de América Latina. Cada año, el certamen reúne a estrellas, directores y películas del cine brasileño y latinoamericano, entrega sus premios (los célebres 'Kikitos') y atrae a la prensa y al público de todo el país. El festival puso a Gramado en el mapa cultural de Brasil y reforzó su imagen de ciudad sofisticada y turística.
A estos atractivos se sumaron, con los años, una creciente oferta de hoteles, restaurantes, fábricas de chocolate, parques temáticos y eventos durante todo el año. Gramado fue consolidándose como uno de los destinos predilectos del turismo interno brasileño, especialmente para parejas y familias que buscaban un clima distinto, un ambiente cuidado y experiencias gastronómicas y culturales. La ciudad demostró que, con planificación y una identidad bien definida, un pequeño municipio serrano podía convertirse en un fenómeno turístico de escala nacional.
Si un acontecimiento terminó de consagrar a Gramado como destino turístico de primer orden, fue la creación del Natal Luz. Inaugurado en 1986, este evento navideño nació con la idea de iluminar y animar la ciudad durante el período de fin de año, aprovechando su clima fresco y su estética europea, tan afines al imaginario de una 'Navidad de cuento'. Con el tiempo, el Natal Luz creció hasta convertirse en uno de los espectáculos navideños más famosos de Brasil y de América Latina.
Durante semanas —habitualmente desde fines de octubre o noviembre hasta enero—, Gramado se transforma por completo: calles, plazas, lagos y edificios se cubren de millones de luces, árboles iluminados y decoraciones gigantes, mientras un calendario repleto de desfiles, corales y grandes espectáculos llena cada día. Algunos shows son producciones de gran escala, con música, danza, acrobacias y efectos, que atraen a multitudes y para los que conviene comprar entradas con mucha anticipación. El Natal Luz convirtió la temporada navideña en el período de mayor afluencia turística de la ciudad.
Gracias al Natal Luz y al conjunto de sus atractivos, Gramado se consolidó como una de las principales 'capitales' del turismo de Brasil y como sinónimo de Navidad para millones de brasileños. Hoy la ciudad combina su herencia colonial europea, su gastronomía (fondue, chocolate, café colonial), sus parques temáticos, su festival de cine y su espectáculo navideño en una oferta turística durante todo el año, en estrecha alianza con la vecina Canela. De aquel campo de pastos donde paraban las tropas a la deslumbrante 'ciudad de la Navidad', Gramado recorrió un largo camino hasta volverse uno de los destinos más queridos y visitados del sur del continente.