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Historia de Parque Nacional Sutjeska

El hielo que esculpió las montañas

Antes de que hubiera partisanos, hayas milenarias o senderistas, hubo hielo. El paisaje grandioso del Parque Nacional Sutjeska —sus picos afilados, sus circos de paredes verticales, sus lagos de agua transparente— es obra de las glaciaciones. Durante las grandes edades de hielo, enormes glaciares descendieron por estos macizos de los Alpes Dináricos, tallando valles en forma de U, excavando cuencas y depositando morrenas. Cuando el hielo se retiró, dejó tras de sí lagos glaciares como el Trnovačko, a los pies del Maglić, con su inconfundible forma de corazón.

El Maglić, con 2.386 metros, es el techo de Bosnia y Herzegovina, y se alza justo en la frontera con Montenegro. A su alrededor, un mundo de altas cumbres —Volujak, Zelengora, Bioč— compone uno de los conjuntos de montaña más salvajes y menos alterados de Europa. Los ríos Sutjeska y Drina han añadido su parte, excavando cañones profundos en la roca caliza.

Sobre esa base geológica se desarrolló una biodiversidad excepcional. Los bosques que cubren estas laderas escaparon en buena medida a la mano del hombre, protegidos por lo inaccesible del terreno. Y en el corazón del macizo se conservó, contra todo pronóstico, un fragmento del bosque original de Europa: Perućica, la joya que justificaría, siglos después, la creación del parque.

Perućica: la última selva de Europa

Perućica es una máquina del tiempo. En sus aproximadamente 1.400 hectáreas se conserva uno de los dos últimos bosques vírgenes (prašuma) de Europa: una selva que nunca ha sido talada ni gestionada por el hombre, un ecosistema que funciona exactamente igual que hace miles de años. Caminar por su borde es asomarse a cómo era el continente antes de la agricultura y la deforestación.

Aquí crecen hayas y abetos de más de 60 metros de altura —gigantes que rozan las alturas de un edificio de veinte pisos— y árboles de hasta 300 años. Pero lo que hace único a un bosque primario no son solo los árboles vivos: es el ciclo completo. Troncos caídos se pudren durante décadas alimentando el suelo; claros abiertos por la caída de un gigante permiten crecer a nuevos árboles; hongos, insectos, aves y grandes mamíferos (osos, lobos, gamuzas) componen una red intacta. En el interior del bosque se precipita la cascada Skakavac, de unos 75 metros.

Precisamente por su fragilidad y su valor científico, Perućica está sometida a la protección más estricta: no se puede entrar libremente. El acceso solo se permite con guías oficiales del parque y con cupos, para no perturbar un equilibrio que tardó milenios en formarse. La visita clásica es al mirador de Vidikovac, desde donde se contempla el inmenso mar de copas verdes hundiéndose en el valle. Fue en gran parte para salvaguardar este tesoro que, en 1962, se creó el parque nacional; pero hubo también otra razón, esta vez histórica, ligada a lo que había ocurrido en estos valles dos décadas antes.

1943: la Batalla del Sutjeska

En la primavera de 1943, el valle del Sutjeska fue escenario de una de las batallas más decisivas de la Segunda Guerra Mundial en Yugoslavia. Las fuerzas del Eje —alemanas, italianas y sus aliados— lanzaron la Operación Fall Schwarz ('Caso Negro'), conocida en la historiografía yugoslava como la Quinta Ofensiva y, en su fase final, como la Batalla del Sutjeska. El objetivo era claro: cercar y aniquilar de una vez el grueso del Ejército Partisano de Josip Broz Tito y capturar o matar a su comandante.

Entre el 15 de mayo y el 16 de junio de 1943, unos 20.000 partisanos, cargados con miles de heridos y enfermos de tifus, quedaron rodeados por una fuerza muy superior en las montañas de Sutjeska y Zelengora. Fueron semanas terribles: hambre, enfermedad, bombardeos y combates a la desesperada en un terreno agrestísimo. El propio Tito resultó herido en un brazo el 9 de junio, cuando una bomba cayó cerca de su grupo en Milinklade, matando a un oficial británico de enlace que estaba a su lado.

La batalla tuvo un desenlace atroz y a la vez épico. Para romper el cerco, los partisanos concentraron sus fuerzas y forzaron la salida por Zelengora, pero al hacerlo tuvieron que dejar atrás a tres brigadas y a su hospital central, con más de 2.000 heridos: las tropas alemanas los ejecutaron a casi todos, junto con el personal sanitario desarmado. Pese a las enormes pérdidas —miles de muertos—, el núcleo del ejército partisano y su mando lograron escapar. El fracaso del Eje en destruirlos convirtió la Batalla del Sutjeska en un punto de inflexión: los partisanos sobrevivieron, se reorganizaron y siguieron creciendo hasta liberar el país. Aquel valle quedó consagrado como el 'valle de los héroes'.

El parque, el monumento y la memoria yugoslava

La Batalla del Sutjeska se convirtió en uno de los grandes mitos fundacionales de la Yugoslavia socialista. En 1962, el Estado creó aquí el Parque Nacional Sutjeska —el más antiguo de Bosnia y Herzegovina— con una doble misión: proteger la naturaleza excepcional del lugar, y muy especialmente el bosque de Perućica, y conmemorar la gesta partisana de 1943.

Esa memoria se materializó en uno de los monumentos más impresionantes de la antigua Yugoslavia. En 1971 se inauguró en Tjentište, en el corazón del valle, el gran memorial obra del escultor Miodrag Živković: dos colosales alas de hormigón blanco que se abren hacia el cielo, de más de quince metros, simbolizando la ruptura del cerco. Junto a ellas se levantó una casa conmemorativa (spomen-dom) con frescos que narran la batalla, obra del pintor Krsto Hegedušić, y un osario con los restos de miles de combatientes. El monumento de Tjentište es hoy uno de los 'spomeniks' yugoslavos más célebres y fotografiados, un icono del arte modernista y abstracto que aquel Estado impulsó para conmemorar la lucha antifascista.

Durante la época yugoslava, Sutjeska fue un lugar de peregrinación patriótica: escolares y trabajadores visitaban el monumento y aprendían la historia de la batalla. Incluso se rodó una superproducción, 'La Batalla del Sutjeska' (1973), con Richard Burton en el papel de Tito. El parque unía así naturaleza y memoria en un mismo espacio protegido.

Sutjeska hoy: naturaleza salvaje y memoria compartida

Tras la disolución de Yugoslavia y la guerra de Bosnia (1992-1995), el Parque Nacional Sutjeska quedó dentro de la República Srpska. Los años de la guerra y la posguerra fueron difíciles para la conservación y para el mantenimiento del complejo memorial, que llegó a sufrir cierto abandono, como tantos spomeniks repartidos por la antigua federación. La carga política de la memoria partisana quedó atrapada en las tensiones del nuevo mapa balcánico.

Con el tiempo, sin embargo, Sutjeska ha renacido como uno de los grandes destinos de naturaleza de Bosnia y de los Balcanes. La montaña salvaje, el bosque virgen de Perućica, la ascensión al Maglić y la belleza del lago Trnovačko atraen a un número creciente de montañeros y viajeros de todo el mundo. El parque ha reforzado la protección de Perućica (con acceso solo guiado y cupos), ha mejorado los servicios en Tjentište y forma parte de proyectos transfronterizos de conservación con la vecina Montenegro (el macizo del Durmitor y el cañón del Tara están muy cerca).

El monumento de Tjentište, por su parte, ha sido redescubierto por una nueva generación fascinada por los spomeniks yugoslavos, y sigue siendo un lugar de memoria de la lucha antifascista europea. Visitar Sutjeska hoy es vivir esa doble experiencia: la de la naturaleza más pura y grandiosa —hayas gigantes, cumbres de más de 2.000 metros, lagos glaciares— y la de la historia del siglo XX, condensada en dos alas de hormigón que se abren hacia el cielo en un valle donde, en 1943, se decidió en buena medida el destino de un país. Un parque donde el silencio del bosque primigenio y el eco de una batalla conviven bajo las mismas montañas.

📚 Bibliografía

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