Počitelj existe por una razón: vigilar el río Neretva. Este río era, desde la Antigüedad, la gran vía natural que conectaba el interior de Bosnia y Herzegovina con el mar Adriático, una ruta comercial y estratégica de primer orden. En un punto donde el valle se estrecha, sobre un cerro escarpado en la orilla izquierda, se levantó una fortaleza para controlar ese paso: así nació Počitelj, como plaza fuerte antes que como pueblo.
Los orígenes del castillo son medievales. Se documenta ya en la primera mitad del siglo XV —una de las menciones más antiguas data de hacia 1444—, en tiempos del reino de Bosnia, cuando la región formaba parte de los dominios de los señores locales de Hum (Herzegovina). En aquel siglo, la gran amenaza para los reinos cristianos de los Balcanes era el avance del Imperio otomano, y Počitelj se convirtió en una pieza de la defensa de la frontera. Durante un tiempo estuvo guarnecida por tropas del rey de Hungría, Matías Corvino, que trataba de frenar la expansión turca sosteniendo plazas fuertes en la zona.
Aquella fortaleza medieval, adaptada al terreno abrupto sobre el río, es el núcleo original de Počitelj y el germen de todo lo que vino después. Su posición dominante sobre el Neretva explica por qué este lugar fue disputado y fortificado, y por qué acabó convertido en una de las llaves de la región.
El avance otomano acabó imponiéndose. En 1471, las tropas del Imperio otomano conquistaron Počitelj, que quedó integrado en sus dominios. Lejos de abandonarlo, los otomanos comprendieron enseguida el valor estratégico del lugar y lo convirtieron en un importante bastión de su frontera occidental, en la zona que limitaba con los territorios de la república de Venecia y de los Habsburgo. La fortaleza se reforzó y amplió, adaptándola a la artillería y a las nuevas necesidades defensivas.
Durante las décadas y los siglos siguientes, mientras la frontera otomana se mantuvo cercana, Počitelj fue una plaza militar de primera línea, guarnecida y vigilante sobre el Neretva. Pero, como era habitual en el mundo otomano, en torno a la fortaleza no creció solo un cuartel, sino una auténtica kasaba (villa), con su población civil, sus mercados y sus instituciones. El pueblo se islamizó y se pobló de artesanos, comerciantes, soldados y funcionarios.
Así, Počitelj pasó de ser una fortaleza medieval a una villa otomana completa, mezcla de baluarte fronterizo y de comunidad urbana próspera. Esa doble naturaleza —militar y civil— explica la riqueza patrimonial que atesora: no solo murallas y torres, sino también mezquitas, escuelas, baños y casas señoriales, todo escalonado en la ladera sobre el río.
Los siglos XVI y XVII fueron la época dorada de Počitelj. Convertido en una próspera kasaba otomana, el pueblo se dotó de un notable conjunto de monumentos que todavía hoy se conservan, muchos de ellos restaurados. El más emblemático es la mezquita de Hadži-Alija (Hadži-Alijina džamija), construida en 1563, con su cúpula y su esbelto minarete, una elegante muestra de la arquitectura otomana clásica que preside el pueblo. A su lado se alzó la torre del reloj (Sahat-kula), que marcaba las horas de la comunidad.
La villa contó también con una madraza (medresa), la escuela coránica donada por Šišman Ibrahim-paša, un dignatario originario de la zona que llegó a ocupar altos cargos en el Imperio otomano y que financió obras en su tierra natal; con un hamam (baño público), y con elegantes casas señoriales de piedra, como la de la familia Gavrankapetanović, ejemplos de la arquitectura doméstica acomodada de Herzegovina. Todo ello convertía a Počitelj en un centro no solo militar, sino cultural y religioso.
El conjunto se adaptó con maestría al terreno escarpado, escalonando casas, escaleras y monumentos por la ladera en un anfiteatro de piedra dorada que desciende hacia el Neretva. Esa integración entre arquitectura y paisaje, junto a la calidad de los edificios, es lo que hace de Počitelj uno de los conjuntos otomanos más valiosos de Bosnia y Herzegovina.
El destino de Počitelj cambió cuando la frontera otomana se desplazó. A medida que el Imperio perdía terreno en Europa central y sus límites se alejaban de Herzegovina, la villa fue perdiendo su importancia militar: ya no era una plaza fronteriza de primera línea, sino un pueblo alejado de los grandes conflictos. La guarnición se redujo y Počitelj quedó como una tranquila localidad rural, aunque conservando sus monumentos y su población.
En 1878, tras el Congreso de Berlín, Herzegovina pasó a la administración del Imperio austrohúngaro, que gobernó la región hasta 1918. Bajo los austríacos, Počitelj siguió siendo un pueblo pequeño y apartado, sin recuperar el peso que había tenido en la época otomana, pero manteniendo su carácter y su patrimonio. Tras la Primera Guerra Mundial, la localidad se integró en el reino que sería Yugoslavia y, más tarde, en la Yugoslavia socialista de Tito.
Fue precisamente en la época yugoslava cuando Počitelj empezó a ser valorado como un tesoro histórico y artístico. En 1960 se estableció aquí una colonia de artistas, una de las más antiguas del sureste de Europa, que atrajo a pintores y escultores fascinados por la luz y la belleza del pueblo. Se emprendieron trabajos de conservación, y Počitelj comenzó a ganar fama como uno de los conjuntos históricos más singulares del país, un pueblo-monumento suspendido sobre el Neretva.
La guerra de los años 90 golpeó también a Počitelj. Durante el conflicto bosnio-croata, en 1993, el pueblo, de población mayoritariamente bosníaca (musulmana), fue tomado y sus habitantes expulsados; sus monumentos otomanos sufrieron graves daños, incluida la mezquita de Hadži-Alija. Fue una de las muchas heridas patrimoniales y humanas de una guerra que castigó con dureza el legado cultural de Bosnia y Herzegovina. Este texto lo refiere con sobriedad, remitiendo a la bibliografía histórica para el detalle.
Tras la firma de los Acuerdos de Dayton en 1995 y con la llegada de la paz, comenzó la tarea de reparar el daño. Počitelj fue objeto de un importante proyecto de restauración, apoyado por instituciones nacionales e internacionales, que recuperó la mezquita, la torre del reloj, las casas y las murallas, y permitió el regreso de parte de la población. El conjunto fue declarado monumento nacional y figura en la lista indicativa del Patrimonio Mundial de la UNESCO, en reconocimiento a su excepcional valor.
Hoy, Počitelj ha renacido como uno de los destinos más bellos y evocadores del país. Su anfiteatro de piedra dorada, su fortaleza sobre el Neretva, su mezquita restaurada y su ambiente artístico atraen a viajeros de todo el mundo, que suben por sus callejas empinadas y prueban las granadas y los higos de esta cálida Herzegovina. El pueblo que nació para vigilar un río y que fue baluarte de dos imperios es hoy, sobre todo, un lugar donde admirar la belleza y la resiliencia del patrimonio bosnio.