Jahorina es una montaña del sistema de los Dinaridas, el gran arco montañoso que recorre los Balcanes occidentales, y forma parte del anillo de cumbres que rodea el valle de Sarajevo junto a Trebević, Igman y Bjelašnica. Su cima más alta, el Ogorjelica, se eleva a 1.916 metros, y sus laderas, cubiertas de densos bosques de coníferas y de amplios prados de altura, se orientan de forma ideal para retener la nieve durante el largo invierno bosnio.
Durante siglos, esta montaña no fue un destino turístico, sino un territorio de pastores, ganado y leñadores. Las comunidades de los pueblos de alrededor subían en verano con los rebaños a los pastos de altura y bajaban con la llegada del frío, en un modo de vida trashumante común a las montañas balcánicas. El nombre Jahorina se asocia en la tradición local al árbol del arce (en las lenguas eslavas del sur, 'javor'), muy presente en sus bosques, aunque la etimología exacta no es del todo segura.
Esa condición de montaña cercana a una gran ciudad —Sarajevo está a apenas 30 kilómetros— sería, andando el tiempo, la clave de su destino. Cuando en el siglo XX se desarrollaron los deportes de invierno, Jahorina, con su altitud, su nieve fiable y su proximidad a la capital, estaba llamada a convertirse en la montaña blanca de Sarajevo.
El esquí y el montañismo llegaron a Bosnia de la mano de la administración austrohúngara, que tras 1878 introdujo en la región las modas centroeuropeas del deporte y la excursión de montaña. A comienzos del siglo XX se fundaron sociedades alpinas y excursionistas, y las montañas que rodean Sarajevo —Trebević, Bjelašnica, Igman y Jahorina— empezaron a recibir a los primeros aficionados que subían a caminar en verano y a esquiar en invierno.
Durante la época de la Yugoslavia socialista, tras 1945, el turismo de montaña se popularizó y se democratizó. Se construyeron refugios, hoteles sindicales y los primeros remontes, y las cumbres de Sarajevo se llenaron de trabajadores y familias que disfrutaban de las vacaciones organizadas y del deporte al aire libre. Jahorina fue equipándose poco a poco con instalaciones para el esquí, aprovechando su nieve y su cercanía a la ciudad, y se consolidó como uno de los centros de deportes de invierno del país.
Ese desarrollo previo fue el que permitió, décadas después, dar el gran salto: cuando Sarajevo se planteó aspirar a unos Juegos Olímpicos de Invierno, ya contaba con una base de montañas, pistas y tradición esquiadora sobre la que construir. Jahorina no partía de cero: era ya una montaña con historia deportiva.
El gran momento de Jahorina llegó en febrero de 1984, cuando Sarajevo organizó los XIV Juegos Olímpicos de Invierno. Fueron unos Juegos históricos: los primeros celebrados en un país socialista y los primeros en la Europa del Este, un enorme motivo de orgullo para Yugoslavia y para Bosnia. La ciudad se había impuesto en la votación de 1978 a candidatas como Sapporo y Gotemburgo, y durante los años siguientes se volcó en preparar sus montañas y su infraestructura.
Las pruebas se repartieron entre las cumbres del anillo de Sarajevo. Jahorina fue la sede del esquí alpino femenino, con el descenso, el eslalon y el eslalon gigante; la vecina Bjelašnica acogió el esquí alpino masculino; Igman, el salto de esquí, el fondo y la combinada nórdica; y Trebević, el bobsled y el luge, en la pista cuyos restos aún se conservan. En el estadio Zetra y el Koševo de la ciudad se disputaron el patinaje y las ceremonias.
Aquellos Juegos, recordados por su ambiente cálido y por el éxito organizativo, pusieron a Sarajevo y a sus montañas en el mapa mundial del deporte de invierno. La mascota, el lobito Vučko, se hizo popularísima. Para Jahorina supuso la modernización de sus instalaciones y el reconocimiento internacional como estación olímpica, un legado que la montaña sigue reivindicando con orgullo. Nadie podía imaginar entonces que, apenas ocho años más tarde, esas mismas montañas se convertirían en escenario de la guerra.
El contraste entre el esplendor olímpico y lo que vino después es uno de los más dramáticos de la historia reciente. Con la disolución de Yugoslavia y el estallido de la guerra de Bosnia en 1992, las montañas que rodean Sarajevo, escenario de los Juegos apenas ocho años antes, quedaron en la primera línea del asedio de la ciudad. Este texto lo aborda con sobriedad, remitiendo a la bibliografía histórica para el detalle.
Desde las alturas que dominan el valle, las fuerzas que sitiaban Sarajevo mantuvieron la ciudad bajo fuego durante casi cuatro años. Las instalaciones olímpicas sufrieron enormes daños: la pista de bobsled de Trebević, hoy abandonada y cubierta de grafitis, fue utilizada con fines militares; el estadio Zetra ardió; y las estaciones de esquí quedaron devastadas o minadas. Jahorina, situada en una zona que tras la guerra quedaría dentro de la República Srpska, no fue ajena a esos años de destrucción.
Un legado doloroso y persistente de aquel conflicto son las minas antipersona, que durante años sembraron parte del terreno de montaña de Bosnia. El desminado ha avanzado mucho, pero aún hoy se recomienda no salirse de los senderos y pistas señalizados en el campo bosnio. En las zonas turísticas y las pistas activas de Jahorina no existe ese riesgo, pero es una advertencia general válida para el excursionismo por el país.
Tras la firma de los Acuerdos de Dayton en 1995, que pusieron fin a la guerra, las montañas de Sarajevo iniciaron una lenta recuperación. Jahorina, integrada en la República Srpska, fue rehabilitando poco a poco sus pistas y remontes y recuperando visitantes, sobre todo de la propia región y de los países vecinos. Durante años, la estación arrastró instalaciones anticuadas y la sombra del conflicto, pero mantuvo viva su condición de principal centro de esquí del país.
El gran cambio llegó en las últimas dos décadas, con fuertes inversiones del Centro Olímpico Jahorina. Se instalaron góndolas modernas —la Poljice y la Partizan—, nuevos telesillas y sistemas de innivación artificial, y se amplió y modernizó el dominio esquiable. En paralelo, la estación apostó por el verano, sumando un alpine coaster, un parque de aventura, tirolesas y actividades que la convirtieron en un destino de montaña de todo el año, no solo de nieve.
Hoy Jahorina es el mayor y más dinámico centro turístico de montaña de Bosnia y Herzegovina, con precios muy competitivos que atraen a esquiadores de toda la región y a visitantes internacionales que combinan la nieve con la visita a Sarajevo. La montaña que fue pasto de pastores, después escenario olímpico y más tarde línea del frente, ha vuelto a ser un lugar de deporte, ocio y naturaleza: un símbolo, a su manera, de la capacidad de estas tierras de reconstruirse una y otra vez.